La crisis política desencadenada por el fichaje del presidente del Partido Aragonés (PAR), Alberto Izquierdo, como asesor del presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, dista mucho de haberse cerrado pese a los esfuerzos de la dirección del PP por darla por superada. Tras varios días de tensión creciente, reuniones de urgencia y amenazas de dimisión por parte de cargos públicos, el conflicto continúa proyectando incertidumbre tanto sobre el futuro del PAR como sobre la estabilidad interna del Partido Popular en el sur de nuestro país, y del propio Gobierno de Aragón.
La polémica estalló después de conocerse la contratación de Izquierdo por parte del Ejecutivo aragonés, una decisión que provocó una reacción inmediata entre decenas de alcaldes, concejales y cargos orgánicos del PP turolense, que interpretaron el movimiento como una imposición de la dirección del PP desde Zaragoza y como el inicio de una eventual operación de absorción política del PAR por parte de Azcón. El malestar fue especialmente intenso en el sur, donde numerosos dirigentes populares consideran que las decisiones estratégicas del partido se toman desde Zaragoza sin contar con las estructuras locales.
Ante la magnitud de la contestación interna, Azcón ha mantenido una reunión con representantes del PP de Teruel para tratar de reconducir la situación. El encuentro ha estado marcado por el hermetismo y la ausencia de explicaciones públicas posteriores por parte de la dirección aragonesa del PP. Incluso desde el propio partido se evitó inicialmente confirmar oficialmente la celebración de la reunión.
En el encuentro participaron, entre otros dirigentes, el presidente del PP de Teruel, Joaquín Juste, la alcaldesa de Teruel, Emma Buj, el alcalde de Camarena de la Sierra, Francisco Narro y la secretaria general del PP aragonés, Ana Alós. La dirección popular buscó trasladar un mensaje de calma y cerrar la crisis, aunque numerosas voces internas consideran que el conflicto sigue latente.
Tras la reunión, Azcón se comprometió a no adoptar decisiones “que afecten a la provincia de Teruel” o a sus municipios sin contar previamente con la dirección local del partido. El presidente aragonés mantuvo además su decisión de conservar a Izquierdo como asesor, descartando cualquier rectificación sobre el nombramiento.
El PP cierra filas en falso
La dirección aragonesa del PP ha optado por una estrategia de control del relato y reducción de la exposición pública del conflicto. Diversos dirigentes populares han evitado realizar declaraciones sobre el asunto y desde la organización se ha trasladado la idea de que la crisis está superada. Sin embargo, fuentes internas sostienen que el descontento continúa siendo amplio entre alcaldes y cargos territoriales.
Para buena parte de estos responsables municipales, el nombramiento de Izquierdo no constituye un hecho aislado sino la expresión de un problema más profundo relacionado con la falta de interlocución entre la dirección aragonesa del PP y los territorios. Algunos consideran que el fichaje del dirigente parista ha actuado simplemente como detonante de un malestar acumulado durante los últimos años.
El PAR exhibe sus divisiones
Mientras el PP intenta contener la contestación interna, el PAR atraviesa simultáneamente una crisis de identidad y liderazgo. La contratación de su presidente para el equipo de Azcón ha provocado un fuerte debate dentro de la organización sobre el papel que debe desempeñar el partido tras su desaparición de las Cortes de Aragón en las elecciones aragonesas del pasado 8 de febrero.
Durante los últimos días se han sucedido reuniones extraordinarias de órganos internos y asambleas convocadas con carácter urgente. En estos encuentros han aflorado posiciones claramente diferenciadas respecto a la relación que debe mantener el PAR con el PP y respecto al propio futuro de la formación.
Aunque sectores próximos a Izquierdo defienden que su incorporación al Ejecutivo aragonés puede servir para mantener canales de interlocución institucional y reforzar la presencia municipalista del partido, otros dirigentes consideran que la decisión compromete la independencia política del PAR y acelera un proceso de integración de facto en el Partido Popular.
La situación llega en un momento especialmente delicado para el aragonesismo conservador regionalista. Tras perder su única representación parlamentaria en febrero de 2026, el PAR afronta una profunda reflexión estratégica sobre su continuidad. La organización prevé abordar en septiembre un debate decisivo sobre su futuro, incluyendo distintas opciones organizativas para garantizar su supervivencia política.
Izquierdo ha defendido públicamente que su nombramiento responde a una relación de colaboración personal con Azcón y ha rechazado que exista una operación de absorción política del PAR. El dirigente parista sostiene que la militancia será quien decida el rumbo de la formación y ha insistido en la necesidad de preservar un espacio político propio para el PAR, aunque él esté a sueldo de Azcón.
La dirección del PP insiste en que el conflicto está resuelto y el entorno de Izquierdo defiende la normalidad de la situación. Sin embargo, tanto en las filas populares como en las del PAR persisten las dudas sobre las consecuencias que puede tener una operación que, lejos de apaciguar los ánimos, ha puesto de manifiesto las fracturas internas existentes en ambos partidos y ha abierto interrogantes sobre la configuración futura del mapa político aragonés.

En la DGA de Azcón convivirán “el sicario de Forestalia” con quien quiere eliminar las instituciones aragonesas y las califica de “basura autonomista”
En plena crisis interna del Partido Aragonés (PAR) y en el contexto de la recomposición del espacio político de la derecha aragonesa, las relaciones entre el españolista Vox y la histórica formación regionalista han estado marcadas durante los últimos años por un constante intercambio de reproches, descalificaciones, acusaciones mutuas e insultos.
El enfrentamiento ha trascendido en numerosas ocasiones al debate político para convertirse en una auténtica guerra verbal. Vox ha recurrido frecuentemente a expresiones despectivas para referirse a organismos públicos, entidades subvencionadas o políticas impulsadas por los paristas, mientras desde el entorno del PAR se ha respondido denunciando el carácter centralista y españolista de Vox y su rechazo al modelo autonómico. Las discrepancias sobre la defensa de las competencias propias, la identidad aragonesa o la gestión de la diversidad cultural han alimentado una confrontación que, lejos de disminuir, se ha mantenido como uno de los elementos recurrentes de la derecha política aragonesa durante los últimos años.
Dirigentes del ultraderechista Vox, especialmente Alejandro Nolasco, han insultado reiteradamente al PAR acusándolo de fomentar el “aldeanismo y los chiringuitos identitarios”. Vox mantiene que “las autonomías son una basura” y se jactan de que su objetivo es “reventarlas desde dentro”, una posición que choca frontalmente con la tradición autonomista defendida históricamente por el PAR. Nolasco ha utilizado con frecuencia términos como “chiringuitos”, o “auténticas chorradas de comegambas” para referirse al gasto público o al entramado institucional que el PAR ha defendido en distintas etapas. Nolasco ha llegado incluso al insulto personal y graves acusaciones, calificando a Alberto Izquierdo como “sicario de Forestalia” o responsable de una “agencia cutre de colocación”.
Por su parte, desde el PAR, diversos dirigentes han definido públicamente a Vox como una formación “centralista contraria al autogobierno aragonés”, acusándola de “atacar la autonomía y las instituciones aragonesas”.
Así pues, El Gobierno de Aragón que Jorge Azcón está configurando con base en la coalición trumpista es más parecido al camarote de los hermanos Marx que a un ejecutivo donde las mejores profesionales aragonesas aporten su saber en distintos campos para el desarrollo de nuestro país. Azcón tendrá que gobernar mediando entre el “sicario de Forestalia” y los que quieren destruir su gobierno “reventándolo desde dentro”.





