Azcón desata la ira de cargos públicos de PP y PAR con consecuencias imprevisibles

El fichaje de Izquierdo por Azcón provoca una rebelión interna en el PP y una grave crisis en el PAR. Más de setenta cargos populares se consideran “humillados”, amenazan con dimitir y cuestionan el liderazgo de Azcón, mientras alcaldes paristas exigen la dimisión de Izquierdo.

08 junio, 2026. 12:52
(Archivo, diciembre 2025) Foto: DGA

La incorporación del presidente del Partido Aragonés (PAR), Alberto Izquierdo, al gabinete del presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón (PP), ha desencadenado una de las mayores crisis internas registradas en los últimos años tanto en el Partido Popular como en amplios sectores del aragonesismo regionalista. Lo que comenzó como un nombramiento presentado por el Ejecutivo aragonés como un refuerzo de su estrategia política ha derivado en una rebelión de alcaldes y concejales del PP en el sur del país y amenazas de dimisión en bloque, así como un intenso debate sobre el futuro del PAR tras su salida de las Cortes de Aragón.

La polémica estalló el pasado 3 de junio, cuando el Gobierno de Aragón anunció la cooptación de Izquierdo como asesor del presidente Azcón en una plaza vacante del gabinete de Presidencia. El Ejecutivo justificó la decisión apelando a la experiencia institucional y municipalista del dirigente parista y a su capacidad para reforzar la interlocución territorial de la coalición trumpista PP-Vox en la DGA.

El nombramiento llegaba apenas cuatro meses después de las elecciones aragonesas del 8 de febrero, en las que el PAR perdió la representación parlamentaria que había mantenido de forma ininterrumpida desde 1983 en las Cortes de Aragón. Tras el fracaso electoral, Izquierdo quedó fuera de las Cortes, aunque conservó la alcaldía de Gúdar y la presidencia del PAR.

Un día después de hacerse público el fichaje, el propio Izquierdo defendió la decisión de Azcón en declaraciones radiofónicas. El dirigente parista aseguró que su nueva responsabilidad permitiría mantener una interlocución directa con el Gobierno de Aragón para alcaldes y concejales del PAR del medio rural.

Asimismo, rechazó las interpretaciones que presentaban su incorporación como el preludio de una absorción del PAR por parte del PP. Según explicó, se trataba de una colaboración personal con Azcón basada en la relación política mantenida durante los últimos años y en la necesidad de preservar espacios de influencia institucional para el municipalismo parista tras la pérdida de representación parlamentaria.

Malestar entre alcaldes y cargos territoriales del PAR

Sin embargo, la decisión no tardó en generar contestación dentro del propio Partido Aragonés. Diversos alcaldes y cargos locales comenzaron a expresar su incomodidad por un movimiento que muchos interpretan como una aproximación excesiva al PP y que podría comprometer la autonomía política de la formación.

Alcaldes paristas del sur del país reclamaron explicaciones públicas y una reflexión interna sobre las consecuencias políticas del nombramiento. El debate se ha intensificado especialmente entre quienes consideran que el PAR debe reconstruirse tras el batacazo electoral manteniendo un perfil propio y diferenciado.

Este mismo lunes, el alcalde de Mora de Rubielos, Hugo Arquímedes Ríos, una de las voces más visibles del municipalismo parista turolense, evitó posicionarse frontalmente contra Izquierdo, aunque reconoció públicamente las dudas existentes dentro del partido. “No sé si es lo más acertado”, afirmó, admitiendo que la noticia provocó sorpresa entre numerosos cargos locales y que muchos conocieron la decisión cuando ya era pública. Ríos también defendió que el debate debe abordarse en los órganos internos del partido y reiteró la necesidad de preservar la identidad propia del PAR.

Estalla la rebelión en el PP de Teruel

La contestación más contundente, sin embargo, ha llegado desde las filas del propio Partido Popular. Numerosos alcaldes y concejales populares de Teruel consideran el nombramiento una desautorización política hacia quienes han trabajado durante años para consolidar el proyecto del PP frente al regionalismo parista habitual en numerosos municipios del sur de nuestro país.

Según distintas informaciones publicadas durante los últimos días, más de setenta cargos públicos del PP turolense —entre ellos más de medio centenar de alcaldes y una veintena de concejales— se han sumado a un escrito dirigido a Jorge Azcón (y anticipado por el grupo Heraldo-Henneo) en el que exigen la rectificación del nombramiento y advierten incluso de posibles dimisiones colectivas si se mantiene la decisión. Los firmantes califican la incorporación de Izquierdo como una “humillación” para la militancia popular de Teruel y cuestionan que una persona que ha competido electoralmente contra el PP pase a formar parte del núcleo político más próximo al presidente aragonés.

La magnitud de la protesta ha obligado a Azcón a abrir una ronda de contactos con responsables de su partido para intentar contener la crisis y evitar una escalada del conflicto interno. La dirección en Aragón del PP trata de presentar el nombramiento como una decisión orientada a reforzar la estabilidad institucional y la interlocución territorial, pero el malestar aumenta entre las filas de los populares.

Más allá del puesto concreto que ocupará Izquierdo, la controversia tiene una importante dimensión política. El PAR atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia tras quedar fuera del Parlamento aragonés por primera vez desde la restauración borbónica. La incorporación de su presidente al gabinete de Azcón ha sido interpretada por algunos sectores como una forma de garantizar una salida institucional, y personal, a uno de los principales dirigentes aragonesistas tras el fracaso electoral.

Al mismo tiempo, la operación alimenta las especulaciones sobre el futuro de una formación que durante décadas actuó como fuerza bisagra de la política aragonesa y que ahora afronta un complejo proceso de redefinición estratégica.

De la confrontación electoral a la sumisión institucional

La polémica resulta especialmente significativa si se tiene en cuenta el enfrentamiento mantenido entre PP y PAR durante la campaña de las elecciones aragonesas del pasado 8 de febrero.

Tras la ruptura del anterior ciclo político aragonés por la convocatoria electoral anticipada de Jorge Azcón, el Partido Popular aspiraba a concentrar el voto conservador y derechista para reducir su dependencia del ultraderechista y españolista Vox. En ese escenario, el PAR intentó reivindicar un espacio propio presentándose como una alternativa diferenciada tanto del PP como del resto de fuerzas políticas.

Durante la campaña, dirigentes populares reclamaron abiertamente el voto útil para el PP y cuestionaron la viabilidad electoral de un PAR que llegaba debilitado por años de crisis internas, escisiones y pérdida de representación institucional. Desde las filas paristas, por el contrario, se acusó a los populares de intentar absorber políticamente al partido y de diluir la defensa específica de los intereses aragoneses en una estrategia subordinada a las dinámicas estatales.

Las tensiones fueron especialmente visibles en Teruel, donde PP y PAR han competido históricamente por buena parte del mismo electorado conservador. Muchos de los alcaldes populares que ahora encabezan la protesta fueron precisamente algunos de los protagonistas de aquella confrontación electoral.

El resultado final dejó al PAR fuera de las Cortes de Aragón y consolidó al PP como principal fuerza de la derecha aragonesa, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. Posteriormente, Azcón terminó reeditando un acuerdo de gobierno con Vox para garantizar su investidura y la estabilidad parlamentaria en la coalición trumpista que gobierna en la DGA.

Por ello, la incorporación de Alberto Izquierdo al gabinete presidencial ha sido interpretada por numerosos cargos locales como un giro político inesperado: apenas unos meses después de una campaña marcada por la competencia directa entre ambas formaciones, el líder del PAR pasa a formar parte del equipo de máxima confianza del presidente aragonés. Una decisión que, lejos de cerrar heridas, ha abierto un nuevo frente político tanto en el PP como en el PAR.

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