Con los niños no se juega: decepción del programa de familias acogedoras del IASS

Hace ya más de tres años decidimos participar en el programa de familias acogedoras del Gobierno de Aragón–programa mediante el cual una familia se hace cargo de atender en su casa a niños y niñas cuya tutela es temporalmente de la administración- después de reflexionar sobre la oportunidad, con calma, desde la llegada de nuestra hija biológica tres años antes. Una vez en el programa, en el que institucionalmente y desde la base publicitaria parece todo son facilidades, empezamos a encontrar las primeras incompatibilidades, como por ejemplo esperar un año para desarrollar un curso "imprescindible" para ser familia acogedora, incapacidad …

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Foto: Michal Parzuchowski.

Hace ya más de tres años decidimos participar en el programa de familias acogedoras del Gobierno de Aragón–programa mediante el cual una familia se hace cargo de atender en su casa a niños y niñas cuya tutela es temporalmente de la administración- después de reflexionar sobre la oportunidad, con calma, desde la llegada de nuestra hija biológica tres años antes.

Una vez en el programa, en el que institucionalmente y desde la base publicitaria parece todo son facilidades, empezamos a encontrar las primeras incompatibilidades, como por ejemplo esperar un año para desarrollar un curso "imprescindible" para ser familia acogedora, incapacidad laboral –por permisos- para asumir los compromisos que derivan del programa, ausencia de recursos en territorio rural, etc.

Ya en el curso –en Zaragoza, claro- de formación nos encontramos un discurso amparado, a nuestro entender, en planteamientos académicos que dejaban fuera necesidades emocionales, relacionales, jurídicas, socioeconómicas y escolares tanto de los niños y niñas como de las familias biológicas, principales –ambos- damnificados del proceso, siempre según nuestro parecer. Alguna afirmación de los ponentes repetida cíclicamente: no tiene relación la situación socioeconómica de las familias con los problemas de retirada de tutela de las mismas; otra: la relación de familias acogedoras con las familias biológicas no debe de existir como norma durante el proceso... Desde nuestra experiencia profesional entendemos que ambas afirmaciones son falsas –y otras- y parten de hipótesis difícilmente demostrables, así como no mejoran la crianza de los pequeños y su acompañamiento emocional; pero, insistimos, es nuestra opinión.

Ante todo el aparato publicitario positivista del programa que nos ocupa en DGA a través de la Gerencia del IASS, sus direcciones provinciales y medios de comunicación, nosotros comenzamos a encontrar dificultades que nos incapacitaban en muchos de los supuestos para hacer una intervención socioeducativa seria: discursos cerrados de los trabajadores sociales y psicólogos evitando la carga de responsabilidad ética en sus competencias, negativa de las direcciones provinciales y de la propia Gerencia a negociar los permisos laborales y la ausencia de recursos necesarios dentro su ámbito competencial, planteamientos pedagógicos lejos de nuestras experiencias y propuestas, etc.

Añadir además, que cualquier crítica a la intervención por parte de los servicios sociales no era bien recibida, tal y como a posteriori nos confirmaron otros compañeros del programa, teniendo consecuencias directas para la participación y acompañamiento -o no- de los niños.

Por el camino, hemos leído mucho sobre el tema y nos hemos informado con otras familias acogedoras, organizaciones del ámbito de la intervención social, psicólogos, abogados y jueces amigos, asociaciones de defensa de los niños y niñas tuteladas y sus familias... encontrando situaciones similares –algunas muy graves- y el ánimo iba decayendo. Los cuidados -tan de moda- y la vida de los niños y niñas no estaban ni están por delante.

A la hora de preguntar a DGA el número de tutelados actuales, edades, número de familias acogedoras... y siempre teniendo en cuenta el marco jurídico y ético de la protección de datos, continuamos viendo que el oscurantismo es total y no parece tener como objetivo la protección de menores y familias, si no la estabilidad de un sistema funcionarial de tutela demasiado protegido ya y con grandes carencias.

Transcurridos casi dos años desde nuestra declaración de idoneidad -en cuya resolución se reconoce tenemos un perfil profesional- y de tres años del inicio del proceso, no tenemos ninguna notificación de Gerencia ni de la Dirección Provincial de Huesca; en definitiva, no existe una relación humana ni profesional con el servicio y sentimos que no existe la confianza y reciprocidad con los técnicos y políticos del programa, confianza que entendemos necesaria en una intervención de esta envergadura.

Habiéndonos informado y reflexionado mucho por la importancia y responsabilidad de la tarea, hemos decidido abandonar el programa. Creemos que la relación con el IASS, su Gerencia y sus direcciones provinciales no resultará positiva para mejorar la situación vital de las personas que tendríamos a cargo, por lo que buscaremos vías más accesibles para mejorar con una visión integral y, en lo que humildemente podamos, las condiciones de la infancia y sus familias, objetivo éste muy lejos de las prioridades de las administraciones públicas tal y como pudimos comprobar en este proceso, en el que la institución tiene una responsabilidad ineludible ahora más que nunca.

Simplemente queríamos que la sociedad aragonesa conociera nuestra experiencia. Muchas gracias.

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