Carta de un profesor descontento

Como docentes del IES Jerónimo Zurita queremos manifestar nuestro profundo desacuerdo respecto del modo como la administración educativa ha gestionado la actual crisis que ha puesto de manifiesto, una vez más, las debilidades de nuestro sistema educativo. Si hay una palabra que define lo que como profesionales de la enseñanza hemos vivido estos últimos meses es la palabra “improvisación”. Improvisación respecto a las medidas e instrucciones planteadas, desde el principio confusas y contradictorias, que más que ayudar han dificultado el desarrollo de nuestra labor y la han entorpecido además sobrecargándonos con un peso burocrático mayor al ya acostumbrado. Improvisación que …

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Foto: Agence Olloweb.

Como docentes del IES Jerónimo Zurita queremos manifestar nuestro profundo desacuerdo respecto del modo como la administración educativa ha gestionado la actual crisis que ha puesto de manifiesto, una vez más, las debilidades de nuestro sistema educativo. Si hay una palabra que define lo que como profesionales de la enseñanza hemos vivido estos últimos meses es la palabra “improvisación”.

Improvisación respecto a las medidas e instrucciones planteadas, desde el principio confusas y contradictorias, que más que ayudar han dificultado el desarrollo de nuestra labor y la han entorpecido además sobrecargándonos con un peso burocrático mayor al ya acostumbrado. Improvisación que vuelve a repetirse ahora que, previendo la posibilidad de una nueva oleada vírica, las únicas medidas propuestas por los dirigentes de las instituciones educativas son las de volver a una normalidad cuando la situación es de anormalidad, con ratios de hasta 30 alumnos, sin dotar a los centros de los recursos necesarios para mantener las medidas protectoras de distanciamiento social aconsejadas por las autoridades sanitarias y, de nuevo, sin un plan formativo prestablecido que prepare al profesorado para una enseñanza a distancia.

Pero la sensación más dolorosa que queremos compartir, y que con ocasión de la pandemia se ha avivado, es que las autoridades educativas no están contando con nosotros en cuestiones muy relevantes que afectan a nuestra labor diaria: no se nos ha consultado nada acerca de nuestra disponibilidad de medios informáticos para trabajar, se ha supuesto que somos nosotros quienes debemos asumir los gastos de ordenador o línea wifi, ni siquiera se nos ha preguntado acerca de los conocimientos que tenemos para ejercer una enseñanza a distancia ni para esa reorganización del currículo y su tratamiento interdisciplinar que durante el confinamiento se nos ha pedido.

Cuando el 14 de marzo se decretó el estado de alarma y las consiguientes medidas de confinamiento, tuvimos que improvisar soluciones, según la disponibilidad y habilidades de Equipos directivos y docentes, para seguir a distancia con nuestra tarea educadora. Como sabemos, lamentablemente, la palabra improvisación no es nueva en la gestión política de la educación en nuestra comunidad y hemos tenido que emplearnos a fondo para responder a esta situación de excepcionalidad siguiendo unas instrucciones de la Administración caracterizadas por la imprecisión y la incoherencia.

Estas indicaciones alcanzaron su punto culminante de inconsistencia cuando, pensando que hacíamos una gran labor con nuestros alumnos, preparando materiales y buscando soluciones para seguir enseñando, las instrucciones del 29 de abril impusieron la promoción de curso como norma, lo que provocó una disminución del interés de los alumnos -pues desde este momento se sintieron aprobados- y, paradójicamente, el interés de aquellos que, sin haber establecido nunca contacto en línea, vieron entonces el resquicio para sacar el curso. Y no entramos en casuísticas particulares como no sustituir las plazas administrativas o arbitrar soluciones para bajas en los Equipos directivos.

Y, a pesar de todo, ahí hemos estado, no solo enseñando conocimientos, sino animando y sosteniendo emocionalmente a un alumnado adolescente “confinado”, en muchos casos en condiciones muy duras y desventajosas. Porque el caso es que la brecha digital no se resuelve dotando de ordenadores a las familias, pues lo que subyace es una brecha social más profunda de desigualdad y carencias. En definitiva, la sensación es que a todos, profesores y Equipos directivos, se nos ha ninguneado e instrumentalizado para ocultar, hipócritamente, una vez más, la falta de consideración y respeto hacia nuestra labor como profesionales de la enseñanza.

Ahora que se trata de diseñar la “vuelta a la normalidad”, ya no hay coartadas para la improvisación y, partiendo de la experiencia vivida, habría que adoptar las medidas que nos permitan paliar las carencias detectadas y organizar la vuelta a las aulas con todas las garantías sanitarias y de continuidad presencial, como se está haciendo en otras Comunidades Autónomas.

La Administración educativa ha focalizado su línea de acción de cara al próximo curso en “el plan de contingencia”, enumerando los distintos escenarios posibles de rebrote de virus en los centros, en lugar de centrar las medidas en la organización de la prevención. Consideramos que la disminución de la ratio y la contratación de profesorado son las medidas más urgentes para evitar el contagio y la propagación del virus.

La falta de concreción de los actuales planteamientos puede poner en riesgo grave e inminente a profesorado y alumnado. Debe haber claridad en las propuestas, protocolos y atenciones en relación con la adaptación que se debe hacer a la nueva normalidad, estableciendo desde el principio criterios de evaluación, promoción y titulación que aseguren la continuidad en el aprendizaje del alumno y se mantengan estables en cualquier circunstancia. Pensamos por tanto que el cumplimiento de la normativa estatal y la inversión necesaria en medidas de protección, reorganización y dotación de espacios y profesorado necesario deben ser los dos pilares sobre los que se asiente este nuevo periodo.

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