Buen Pastor, Expo… Viviendas o el algo hay qué hacer

El Buen Pastor, antiguo reformatorio de Zaragoza, y los llamados cacahuetes de la Expo 2008, que albergaron varios pabellones internacionales durante el evento, tienen varias cosas en común. Cuando te acercas te topas con vallas que impiden el paso. Son edificios en un cierto estado de deterioro, todo el mundo parece haberse olvidado de ellos, salvo algunas aguerridas organizaciones vecinales y en ambos se ha lanzado la idea de construir vivienda pública para alquiler social. Hasta las fechas en que se cerraron están próximas: el Buen Pastor en 2007 y los cacahuetes a finales de 2008.

Expo
Recinto de la Expo 2008 en la actualidad. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Hay que entenderlo, estamos en un Estado donde todo pasa por el ladrillo. Y como de edificios sin uso parece que andan sobradas todas las instituciones la DGA se saca de la chistera una nueva promoción de vivienda. Claro, en terrenos que ahora mismo no valen gran cosa, y en eso copian al ayuntamiento zaragozano, porque en los que se puede pegar un pelotazo de los buenos (como los solares de la antigua Alumalsa en San José) se deja a la vivienda privada.

Por supuesto que es necesaria más vivienda social de titularidad pública de alquiler asequible, dado que la cantidad de éstas en Aragón es ridícula. La mayoría están concentradas en Zaragoza capital y, más en concreto, las 2496 gestionadas por Zaragoza Vivienda, parte de ellas como recurso de emergencia para familias precarias. En principio hay 136 más pendientes de incorporación. La cantidad se queda muy corta en un panorama de precios desbocados.

Pero la propuesta hecha es un caso típico de para el pueblo pero sin el pueblo en el que pesan más los intereses políticos que los de la ciudadanía, empezando por el enfrentamiento entre la administración autonómica de Lambán y la local de Azcón. También la sospecha de que detrás de la idea hay una clara intención de justificar gasto de fondos europeos.

Pero la promesa de Lambán tiene muchas variables que van más allá de la ocurrencia. Para empezar su viabilidad.

Es cierto que los edificios de la Expo languidecen desde hace años. El evento terminó y se salvó la papeleta de los tres meses de gloria y 30 años de deuda colocando instituciones en los edificios sobrantes pero sigue habiendo mucho espacio muerto y a la DGA el asunto de qué hacer con tanto edificio le quema en las manos y en los presupuestos. El recinto post Expo sigue generando gastos aún sin hacer nada en él y no parece que haya perspectiva de uso para muchas de sus instalaciones.

Pero la zona, para empezar, no tiene claro su aprovechamiento para vivienda. La idea se desechó de principio, aunque era una posibilidad cierta, por lo que el propio diseño de la post Expo se concibió como recinto empresarial. Además la venta de suelos se hizo supeditada a este fin, por lo que los antiguos propietarios del terreno podrían ver el filón de ejercer derecho de retracto y pedir mucho más dinero por las parcelas.

Tampoco técnicamente parece fácil el asunto porque habría que readaptar instalaciones como la central de energía del recinto, acomodar accesos y reedificar unos edificios que ahora mismo solo son un cascarón de hormigón. Aún así hay que aclarar que no es tan mala alternativa en una zona que queda desierta en el momento en que cierran las oficinas y que no parece tener de momento otra posibilidad para ocuparse.

Respecto al Buen Pastor, es un gran edificio más zona arbolada de 37.000 metros cuadrados que ha experimentado un acelerado deterioro desde que dejó de estar vigilado en 2012. Ha sido vandalizado, han desaparecido desde la instalación eléctrica o sanitaria hasta varias puertas, y las que no están destrozadas.

El antiguo reformatorio tiene hace años varias peticiones por parte de la plataforma vecinal creada en el barrio de Valdefierro para que se reconvierta en una residencia de mayores de titularidad pública. El argumento es sencillo: en Zaragoza lo que sobran son viviendas vacías. Según el padrón municipal son 50.000, aunque la cifra sería menor. En cambio faltan instalaciones sociales públicas y una de las faltas más acuciantes es la de residencias de ancianos.

Así pues es tiempo de más reflexión y menos promesas. De no volver al “vamos a hacer viviendas porque algo hay que hacer”. También, ya de paso, es tiempo de acordarse de otros edificios abandonados por la misma DGA y en proceso de deterioro como el antiguo Inocencio Jiménez en Oliver o el geriátrico San Jorge en Delicias.

De momento la cosa no ha pasado de ocurrencia, según parece. Pero un poco más de seriedad en un tema tan delicado como la vivienda no estaría de más.

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