Cada año al comienzo del verano se empieza a escuchar la frase “este año va a ser fatal”. Estamos hablando de incendios, y efectivamente parece que cada año es más peligroso que el anterior y la cantidad de incendios se va multiplicando.
No llueve.
El monte no se cuida.
No hay inversión suficiente en prevención y extinción.
Los ritmos de la sociedad han cambiado.
Prima la explotación capitalista del terreno forestal.
Y el cambio climático pisa fuerte.
Cada vez hace más calor, el monte parece que ya solo importa si hay que poner, por ejemplo, placas solares. Las dinámicas capitalistas y el modo de vida han cambiado en tanto que bajo este sistema no son rentables las tareas de agricultura y ganadería que contribuyen a una mejor sostenibilidad del monte. En este contexto, se hacen muy necesarias las labores que puedan llevar a cabo contra los incendios los operativos institucionales que existen. Sin embargo la precariedad de la infraestructura hace de esto una tarea complicada, en Aragón especialmente.

La vigilancia en puestos fijos se hace desde torres que se enclavan en puntos altos del terreno forestal y ejercen la importante función avisar de los incendios antes de que una columna de humo se torne un gran incendio complicado. Además, por la orografia del terreno, muchos de estos incendios no serían detectables a tiempo de otra manera. Es una labor solitaria y tediosa pero necesaria. Estos puntos de vigilancia se encuentran en muchas ocasiones en terrenos de difícil acceso por pistas forestales que te destrozan el coche a las dos semanas de campaña, suelen ser instalaciones muy antiguas, cuartitos minúsculos con muy poco o ningún mobiliario, sin un lugar donde ir al baño, sin electricidad, a veces peligrosos y con amianto, sin mapas ni materiales y en condiciones climáticas adversas. Entre eso, que no se ponen facilidades desde la empresa o las instituciones y la nefasta gestión de las bolsas de empleo, cada vez es más complicado cubrir esos puestos.
Con las cuadrillas de prevención y extinción pasa lo mismo. Cada comienzo de turno se escucha por la emisora “Romeo (cualquier número), con tres componentes por falta de personal”, “Romeo (cualquier otro número) con cuatro componentes por la vacante sin cubrir”. En Aragón, estas cuadrillas son las encargadas de actuar y apagar los incendios que se producen en nuestros pueblos, y no se las reconoce como Bomberos Forestales, no vaya a ser que tengan que tener por ello mejores condiciones laborales. Los horarios que llevan ahora no serían ni medio legales, con cinco días seguidos de guardias localizables de 24 horas y trabajando durante el turno con maquinaria o en bases en nefastas condiciones.
Los presupuestos destinados a combatir incendios dependen en cada legislatura de lo que quiera hacer con ellos el gobierno de turno, y si en ese gobierno hay partidos que, por ejemplo, son abiertamente negacionistas del cambio climático, primarán antes las macroindustrias, los centros de datos o los festejos taurinos; no importa si el polvorín que es el pino, arde.
Quizá como sociedad en general deberíamos replantearnos qué esta pasando. Y mientras tanto cada año el monte estará mas seco y más olvidado, si es que los incendios y la nefasta capacidad de actuación ante ellos, dejan algo.





