Alejandro Luaces es coordinador del proyecto intergeneracional de Aprendizaje-Servicio (ApS) "Gracias a la vida". Aunque reside temporalmente en Lyon, donde trabaja a través de la música con las personas mayores emigradas, así como en los establecimientos residenciales (EHPAD), participó en el último Observatorio Aragonés de Soledad.
Preocupado por el avance de la salud del “yo” en las organizaciones sociales, nos charró sobre la dinámica creada en estos tres últimos años, en los que ha integrado el proyecto en centros educativos, con centros residenciales y asociaciones de personas mayores permeables a la reflexión política honesta desde el paradigma de la salud comunitaria. Es músico popular y cantor, maestro y profesor de enseñanza secundaria y de conservatorio. Conocedor del medio rural aragonés e inquieto por la capacidad de la música para construir comunidad y transformar los espacios, investiga y trabaja sobre el marco de la salud mental y en cuestiones de envejecimiento saludable, desde la visión salubrista y de clase, de las personas mayores.
Alejandro, cuéntanos en qué consiste este trabajo intergeneracional y el marco en el que intuimos quieres contextualizar el proyecto
Igual que otros muchos proyectos y redes de trabajo comunitario lo están haciendo ya en Aragón, intentamos sumar en la recuperación del tejido social cuasi natural que existía hace unos pocos años y que está en grave retroceso, así como sensibilizar a la sociedad sobre la influencia que los determinantes socioeconómicos y los cambios culturales tienen en la salud de los mayores, o en la educación de niños y niñas. Necesitamos colaborar en la creación de un marco intergeneracional, relacional y emocional, que vaya más allá de la necropolítica lucrativa. Queremos abrir los centros educativos, residenciales o los hogares, a los pueblos y los barrios, con actividades intergeneracionales de todo tipo, en un proyecto común y ordenado que venga para quedarse. Está enmarcado en la metodología Aprendizaje-Servicio (ApS), con los mayores de nuestros pueblos y ciudades, lejos del edadismo y de la infantilización que nos describe Teresa Moure en su último libro. Visibilizamos el sufrimiento o a aquellas empresas y fondos de inversión que se lucran del mismo, precarizando también a sus trabajadores y trabajadoras, vaciando además el patrimonio de nuestros vecinos y vecinas mayores. Proponemos reflexiones, debates y dinámicas curriculares y relacionales en las escuelas e institutos públicos, frente a malestares comunes e intergeneracionales.
El ApS es simplemente una excusa por lo que dices, ¿no?
Es una herramienta metodológica circunstancial. Alguna de las redes de cooperación creadas alrededor del ApS, son una excusa para introducir en las aulas el discurso del endeudamiento vinculado al emprendimiento empresarial, la privatización de servicios, el discurso financiero o patronal, o para integrar los centros educativos privados católicos en la sociedad, consiguiendo así nuevos clientes. Estamos muy lejos de esta dinámica que se puede desarrollar con esta misma metodología y es importante explicitarlo. En lo educativo, vivimos en una etapa en la que todo vale en nombre de ese nuevo mesías que son la metodología y la innovación, resultado de la ausencia de intencionalidad política de los claustros.
Sin ir más lejos, en su último encuentro estatal, era el representante de DKV Seguros quien entregaba los premios de proyectos de promoción de la salud. Los y las mayores con los que yo trabajo no serían admitidos en DKV ni podrían pagárselo. Entendemos que algunos profesionales valoran excesivamente la metodología, en la misma medida que otras disciplinas en diferentes contextos -la neuropsicología, el nutricionismo o la musicoterapia académica mayoritaria con clara ascendencia clínica-, manteniendo así su compatibilidad corporativista con el discurso médico o educativo predominante, y evidenciando la necesidad de implementar una dinámica proventiva y preventiva en nuestros pueblos y en nuestros barrios o escuelas.
¿Es para vosotros entonces la innovación un eje de la intervención?
Cuando uno entra como “usuario” o cliente en un centro residencial, pierde una parte importante de la capacidad para decidir las cuestiones cotidianas de su vida: a qué hora entra y sale, come, recibe visitas, intimidad... También cuando el grado de dependencia se incrementa de manera exponencial. En este marco, poco importa si nosotros somos innovadores o no. Este trabajo nos permite mejorar el grado de bienestar de los mayores y también nos hace a nosotros y nosotras ser mejores personas.
Esto es transformador en sí mismo. No creemos que nuestro proyecto sea innovador ni compartimos la necesidad de la etiqueta o del debate. Pensamos que la innovación es un objetivo estético, una relación fraudulenta de la estructura económica introducida en el sistema educativo o en la educación social, generadora además de un artificio discursivo ante la búsqueda del placer corporativista. Ponemos el foco y la intención en buscar y trabajar con las personas que se mantienen al margen de los recursos educativos, culturales y de la atención sociosanitaria. No tenemos interés en una lectura rentista en lo metodológico.
¿Cuál es el marco en el que se mueve el proyecto “Gracias a la vida”?
La salud y la educación se ganan y se pierden por las políticas extrasanitarias o extraeducativas, de regulación de la cotidianidad productiva, urbanística, laboral, cultural, nutricional, comercial o barrial… y de los contextos políticos internacionales. Queremos estar ahí, cuidándonos y creando una estructura humana y generosa, sólida y de ternura política, ternura sin la que ninguna persona podría vivir. Trabajar con y como escuelas promotoras de salud, más en barrios y pueblos donde los determinantes sociales son claves en la construcción de un estilo de vida que no nos favorece.
Debemos complejizar el debate y construir conscientemente el discurso. No es lo mismo la vejez de una persona con pensión mínima que la de un funcionario con formación académica y pensión máxima, la de las personas migrantes que la del trabajador local. La educación y medicina “alternativas” privadas quieren ofrecernos, entre otras, recetas nutrigenómicas investigadas con dinero público, pero ya sabemos que nuestro código postal es más importante para la salud que nuestro código genético. La calle y el barrio, ante semejantes usurpaciones del derecho a la educación y a la salud por parte de los mercaderes del “yo”. Un sistema educativo o sanitario para pobres será pobre. Si los ricos y los pobres no están juntos en un mismo sistema educativo, sanitario, residencial y asistencial, no vamos a tener nunca una igualdad y equidad reales.
¿Tenéis alguna prioridad de intervención o de reflexión que penséis no está siendo abordada por la sociedad?
Una prioridad es desenmascarar el modelo biomédico y hospitalario o la creciente tendencia gerencial en la gestión de los centros educativos. Es importante también escapar a la polarización generacional en la convivencia y desenmascarar la violencia simbólica que ejercen los mercaderes de la gestión sanitaria –terapeutas, coaches, nutricionistas, etc- privada, queriendo elevarse desde una perspectiva de poder, en el software del discurso de salud. Esto supone un riesgo para los mayores y para todas las personas de abajo de generaciones venideras. Incorporémoslos, si es que nos son válidos, a la sanidad y educación públicas, únicas que son democráticas en el acceso.
Los proyectos comunitarios democráticos nos permiten trascender al ego y al profesional, sobrepasarlo, ya que se crea un escenario diferente. Queremos prescribir comunidad desde los centros educativos, tal y como hacen ya en algunos centros de salud en Zaragoza. Descentralizar la toma de decisiones en los establecimientos residenciales y de día, es una clave para aumentar la calidad de vida, existiendo ya asociaciones de familiares y residentes que lo solicitan. Hasta ahora, los criterios responden más a cuestiones de organización laboral y optimización económica de los recursos asignados, que a una atención humanista.
Que sean las personas mayores quienes nos digan lo que necesitan y los chavales quienes lo puedan acompañar. Trabajemos con botas y no con batas, las preferimos. Por último, debemos cantar, porque nuestras generaciones son las que menos han cantado y la música es la más social de todas las artes. Eso sí, cantamos únicamente porque tenemos las canciones y las ilusión, pero no las soluciones.
El nuevo informe de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales publicado hace unas semanas, nos dice que en Aragón se ha dado una bajada de 10 puntos en el presupuesto en servicios sociales, educativos y sanitarios desde 2010 ¿Qué nos puedes decir del mismo?
Los estudios siguen, pero el cambio significativo abordando el estatus quo político-económico no llega. Se perdieron y se siguen perdiendo una gran cantidad de recursos en mediciones, evaluaciones, puesta en práctica de herramientas revisionistas… amparados en la visión socialdemócrata nórdica, que nos conducen a escenarios idénticos y a la marginalidad de propuestas transformadoras.
Nos faltaría saber también -y esto será difícil que nos llegue- qué presupuesto del analizado, se dedica únicamente a gestionar la pobreza y no a dotar directamente de recursos a las personas. Más allá de eso, es un dato más, que nos ratifica que lo que nos cuenta la socialdemocracia es rigurosamente falso. Se crea el OAS, se desarrolla una Ley y una Dirección General del Mayor, se habla de Atención Integral (AICP)… pero se reduce el presupuesto en partidas fundamentales para mitigar el sufrimiento. El análisis incluye legislaturas del PP y del PSOE, obviamente la problemática tiene un marco superior al partidista. Tenemos en la Comunidad de Madrid el laboratorio ejemplar que seguirán las demás.
Entendemos, por lo que dices, que el marco político es clave
Los campos de la salud comunitaria y la educación popular, son ampliamente conflictivos y esto no se pude obviar. Es necesario abordar con profesionales conscientes y concientes los conflictos/negocio en los cuidados, por ejemplo. “La idea del fin posible de la ideología es una idea ideológica por excelencia”, con esta frase de Althusser podemos presentar nuestro modelo. Sin dogmatismos ni sectarismos, porque el humanismo y la convivencia nos sorprenden, en positivo, desbordando lo ideológico.
Venimos experimentando que el sistema educativo reproduce también desigualdad, pero los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRP) se están quedando, a excepción de alguna honrosa excepción, para hacer talleres metodológicos con asepsia política, al servicio del capitalismo y de su desarrollo neoliberal, obviando toda la herencia transformadora de movimientos ya históricos como el aragonés Aula Libre.
La medicalización y psiquiatrización –de la soledad también- de los problemas sociales y educativos son una constante histórica. Los diagnósticos de TDAH o las adaptaciones curriculares son un ejemplo claro en la escuela. Sin ir más lejos, el informe de SOS Racismo Madrid (“Aprendiendo racismo”) de hace unos meses, reconoce abiertamente que los libros de texto analizados son mantenedores del discurso racista, supremacista blanco y eurocéntrico, lo que influye notablemente en la búsqueda de la equidad educativa y en salud.
¿Son el sentido de clase y los determinismos importantes para abordar el trabajo con las personas mayores?
La Universidad, los espacios de ciencia, las instituciones o los colegios profesionales… no son los únicos depositantes del saber. La calle tiene mucho que decir, tal y como nos desarrolla Juan de la Cruz en su libro “Barrionalismo”. El “saber profesional” tiene que confrontarse por definición con el saber laico y ahí, el sentido de pertenencia o de clase y la cultura, con todos los matices y conflictos internos, cobra un valor especial. Esta enseñanza -vivida- de mis padres y de mi barrio, es clave para el trabajo con las personas mayores en todos los lugares en los que he vivido, también ahora en Francia. La falta de consciencia sobre el lugar que ocupamos en esa estructura, nos deja sin horizonte y condenados a los determinantes una vez más.
¿Se han tenido que ajustar las expectativas también con el tejido militante y profesional del ramo?
La postmodernidad está entrando con su discurso en las organizaciones hasta la cocina. Es una constante histórica, pero seguimos teniendo compañeros y compañeras del mundo artístico que piensan o quieren pensar que, únicamente desde el escenario o la creación, participarán de una transformación social digna de ser llamada así. Nos encantan Víctor Jara, J. A. Labordeta o Maria Dolores Pradera, pero dudo que, únicamente cantando sus temas, consigamos cambiar el modelo residencial o asistencial por mucha voluntad y cariño que pongamos al trabajo artístico.
Queremos llegar a la vejez antes que la postmodernidad de alternatividad privada, porque la vejez, como vivencia común, no tiene abolengo aún para aquellos que escogen estos atajos. Stuart Jeffries en su libro “Todo a todas horas, en todas partes” nos da alguna clave. Es importante, porque los planes de pensiones y las estrategias de cohousing -interesantes y democráticas propuestas también existen- elitistas ya van apareciendo en los contextos militantes.
Nos dicen ahora que el cambio vendrá únicamente desde la santa innovación o desde la escuela alternativa como decíamos; o, ampliando más, desde el mindfulness, el coaching, la educación emocional, el coworking o el teambulding (que sustituye al sindicalismo), desde el budismo a través del yoga y su interpretación discursiva narcotizante, etc. Un cóctel difícil de definir y acotar. Todo ello como “alternativa” a un modelo productivo y a unos hábitos de vida que nos están enfermando y precarizando la salud emocional en la niñez y la vejez.
¿Crees que las políticas sociales con las personas mayores están en una línea más cercana al bienestar de las personas de edad desde hace unos meses?
El trabajo y la educación social institucionales están secuestrados por la búsqueda de financiación y la obediencia al capitalismo, ratificando cada día más la desigualdad y la inequidad. Están cada día más lejos de las necesidades reales de los mayores y de los pequeños.
Hace unas semanas, Ana Patricia Botín comentaba en la radio pública que la lucha contra la pobreza debe realizarse desde y con los servicios sociales (no desde los cambios estructurales en la dinámica productiva y especulativa, ni en la defensa de los servicios públicos o los derechos fundamentales para todos, el reparto de la riqueza...). Como miembro de la estructura de servicios sociales no institucionalizados, como vecino, me da mucho que pensar esta acusación directa de colaboracionismo del matriarcado financiero liberal hacia los compañeros y compañeras de los servicios sociales de las CCAA y Comarcas o Mancomunidades.
Si una persona con gran responsabilidad en las consolidación de las bolsas de pobreza en el mundo -con su calidad humana, ética y política- se siente cómoda ante los servicios sociales, es que algo no funciona como debiera, ¿no?
¿Entiendes entonces que los servicios sociales institucionales son parte del problema?
Los silencios tienen consecuencias muy graves en la cotidianidad de las personas, tal y como denuncia el Chusticia d’Aragón en un informe sobre residencias de 2020. Las políticas, ahora que el debate sobre la salud mental y comunitaria se hace mínimamente latente, están en el control del malestar y no en el abordaje de los problemas estructurales -condiciones económicas, de vivienda, sus barrios, relaciones personales y condiciones laborales, hábitos derivados, etc- de la gente que más sufre.
Son una herramienta más de gestión de la pobreza crónica de las personas mayores. Debiera existir una reflexión personal y gremial más amplia, más honesta, con este colectivo. En este proyecto hemos intentado tener claro cuál es el punto de partida y los límites que tenemos, que no ha sido poco. Las personas que sufren ya tienen “caja negra” suficiente en su vejez para poder valorar qué es lo que les está anulando, pero también aquello que les proporciona una vida plena. La censura y el control de las redes de información institucionales, es una de las herramientas usadas para deslegitimar e imponer el discurso y el control.
¿Por qué se habla ahora tanto de la soledad no deseada desde las instituciones?
A día de hoy, es fundamental ya desinflar la gran burbuja de malestar existente, creemos que es una manera de quitarle presión social y política: gatopardismo. La soledad es un problema social y de salud pública hace tiempo, pero hemos tenido y tenemos ya marco jurídico suficiente para visibilizar y proteger a los mayores.
Es cuestión de voluntad política, no de conceptos sonoros. No vamos a encontrar la institución o administración ideal, un espacio de trabajo en el que la intersectorialidad sea un engranaje perfecto. Eso no existe, pero tanto el gobierno del estado, como los gobiernos autonómicos o locales, tienen clara la situación con decenas de informes, observatorios, indicadores… No están dispuestos a hacer cambios que desmantelen sus propias redes clientelares y económicas, las que hay creadas alrededor de los mayores y de la estructura asistencial en general. Este cambio condicionaría, de manera radical, el sistema productivo que sostiene todo el engranaje representativo, productivo y financiero. La regulación laboral es clave para acabar o no con la soledad no deseada.
¿Son entonces las instituciones ministeriales y el gobierno aragonés conscientes de esta situación y de la necesidad de cambios?
Hace unos meses, pudimos ver cómo la ex ministra Carolina Darias y el organigrama autonómico y provincial anterior del PSOE, homenajeaban al coordinador del centro de salud de uno de los pueblos donde viví cinco años. Sin entrar en la oportunidad o no de ese acto, este centro de salud pertenece a una estructura sanitaria totalmente desmantelada desde la perspectiva comunitaria -la educativa y los servicios sociales estaban igual- y tremendamente corporativista, no permitiendo ninguna intromisión en su modelo de salud, educativo o de intervención social.
La presencia de la ministra, pretendía presuntamente valorizar la figura del médico rural en el marco de una campaña más amplia. El objetivo real era más amplio también: asentar los clientelismos de este partido en la comarca. Como triste consecuencia y con el beneplácito de una minoría -mínima- política de la población, consolidar también un modelo sociosanitario muy deficiente. Con esto quiero decir, siempre desde lo vivido en la cotidianidad, que consolidar redes clientelares es más importante y rentable para el modelo representativo que la mejora real de los sistemas de salud y educativos para las personas que allí viven. Así lo entendemos y lo hemos vivido, teniendo además mucha importancia por el grave impacto que tienen esas redes en nuestros lugares.
Existe en Aragón un Observatorio de la Soledad que depende directamente del Chusticia d’Aragón y que acaba de reunirse, ¿cuáles son tus sensaciones?
Acabamos de participar en una reunión el pasado 27 de septiembre y estuvimos también reunidos con Andrés Esteban y Javier Hernández a finales del año pasado. Formaremos parte del mismo si todo va bien en el proceso de validación.
La soledad es un factor de riesgo comparable a la obesidad, al sedentarismo o al tabaquismo, según un informe de la propia OMS de 2021 y afecta a día de hoy, según las estadísticas, al menos al 25% de las personas mayores. Los estudios u observatorios son necesarios, pero no una prioridad ante nuestra urgencia serena, ya que se reiteran sobre lo que ya sabíamos. Los cambios en los hábitos de vida son de una urgencia muy superior, también las políticas redistributivas.
No podemos conformarnos con pequeños cambios en las políticas sanitarias, asistenciales o educativas. Queremos ser eficientes e inminentes, pero sin gastar recursos en banalidades o excentricidades funcionariales como prioridad.
Las personas y los movimientos sociales que estamos en la calle sabemos cuál es la situación de vida de las personas mayores, conocemos sus determinantes sociales de salud, así como el trato que reciben del paternalismo institucional, católico y financiero, manteniendo así toda la red de puestos de trabajo, subvenciones y clientelismos empresariales.
Sabemos que el abandono es mayor en estratos socioeconómicos donde los recursos y la información no llegan, teniendo por ejemplo, a miles de personas encerradas en las casas por cuestiones arquitectónicas o derivadas de un modelo de sociedad que prioriza las relaciones mercantiles y laborales a las humanas. Conozco muchos casos de personas mayores que tienen muchos recursos educativos o sociales y muchos más de personas que no tienen ninguno. No es una cuestión casual o territorial.
¿Puedes desarrollarnos un poco más la reflexión sobre el modelo de vejez que planteabas?
La mayor parte de los relatos sobre la vejez, los que nos encontramos con complicidades amplias en el marco institucional como contención del desarrollo o cuestionamiento de otros, se refieren a la vejez en general y esto debe ser rebatido. Existen unos condicionantes socioeconómicos y culturales que crean diferentes categorías de personas mayores, de envejecimientos y de modelos asistenciales o residenciales.
Creemos que hay tantas vejeces como personas, pero estamos obligados a empujar y posibilitar espacios y condiciones de vida donde la dignidad sea el mínimo común múltiplo, donde esas condiciones de vida permitan desarrollarse a cada persona al máximo, teniendo en cuenta su cultura, su historia de vida. Simone de Beauvoir, en su libro “La vejez”, lo explica de manera brillante.
Conoces bien la situación rural de Aragón después de haber vivido y trabajado en varias comarcas de nuestro país: en Teruel, en la Ribera del Jiloca, Sobrarbe, Somontano, Cinca Meya, Cuencas Mineras, etc ¿Es igual la realidad de los y las mayores en el medio rural que en la ciudad?
Obviamente el vaciamiento y las carencias existen en el rural aragonés y son fruto de dinámicas que ahora no tenemos espacio para abordar. De extractivismo entre otras, pero también de graves dificultades de convivencia o de poderes locales totalitarios que no dejan hacer.
El discurso presuntamente identitario que se envía desde el medio rural por parte de minorías -mínimas, pero con demasiada presencia por la rotundidad de los silencios de personas de gran valor- tiene un claro componente excluyente e impide desarrollar proyectos que estén fuera de los paternalismos antropológicos, institucionales o de apellido. Todo ello vivido y contrastado en decenas de foros, casos y en diferentes territorios y comunidades autónomas. Cuando tratamos de abordar una propuesta democrática y transformadora, de igual a igual, se evidencia.
Recursos faltan en todos lados, también allí, pero el discurso del medio rural como el gran abandonado es ya de dudosa credibilidad. Existen muchísimas personas mayores en la ciudad y en aquellos “lugares en los que nunca pasa nada” -como los llama el escritor Sergio Andrés en su libro- abandonadas. El riesgo de salud para las personas de edad, provocado por la falta de recursos sociosanitarios y culturales, es un riesgo social universal tal y como estamos viendo ahora en Francia o Suiza, construido y amparado por nuestro modelo de sociedad y de cultura capitalista. Por tanto, el cuestionamiento de esta situación tiene que ser global y comunitario, con especificidades de intervención local, pero no reiterándonos en esa única dicotomía rural-urbana. Es, sin duda, un señuelo.
¿No tenemos condicionantes superiores que nos incapacitan para abordar estos temas de los que venimos hablando? ¿Qué pueden dejarlo en un discurso vacío?
La OMC, el FMI, la UE o la OMT integran, con cinismo institucional, un templo referencial y ambulante de mercaderes para el robo de la niñez y la vejez. Lo global nunca va desligado de lo local, el internacionalismo lo tenemos apartado y condicionaría muy en positivo las políticas sociales de los estados.
De ahí la necesidad de consolidar organizaciones con una mirada amplia. Vemos también las amenazas constantes que nos envían la CEOE o CEPYME. Lo importante es arremangarse y empezar a trabajar desde lo cotidiano sin perder el horizonte internacionalista, desde las relaciones interpersonales e intersindicales honestas. Nuestros abuelos y abuelas ya lo hacían y lo siguen haciendo, son una vez más referentes y nosotros y nosotras deudores.



