El Boletín Oficial de Aragón publicó el pasado 18 de julio la resolución de la Dirección General de Energía y Minas por la que se tramita la solicitud del permiso de investigación “Maestrazgo” para el almacenamiento geológico de dióxido de carbono (CO₂). Se trata de un proyecto impulsado por una empresa privada, la compañía energética estadounidense Nexwell Power, que prevé capturar gases generados por la quema de combustibles fósiles, transportarlos por gaseoducto o camiones a una planta de inyección, y enterrarlos en formaciones subterráneas a altísima presión. Las zonas afectadas, en una extensión de 13.534 hectáreas, estarían en los términos municipales de Villarluengo, Tronchón, Mirambel, Cantavieja y Cañada de Benatanduz, todos ellos en la comarca del Maestrazgo.
Desde el Colectivo Sollavientos denuncian que este tipo de proyectos se basan en un “tecno-optimismo injustificado” y una lógica puramente económica que no tiene en cuenta los riesgos reales: las capas del subsuelo no siempre son estancas, pueden presentar fisuras o sufrir movimientos estructurales que provoquen fugas del gas. No hay garantía científica de que el CO₂ quede atrapado para siempre, y mucho menos sin consecuencias para el entorno, advierten.
No es la primera vez que se plantea algo así en la comarca. A finales del siglo pasado ya se barajó la opción de capturar emisiones de la central térmica de Andorra para su almacenamiento en Ejulve o Villarluengo. Aquella propuesta fue descartada por su elevado coste y la falta de fiabilidad. Años después, el cierre definitivo de la central acabó por enterrar el proyecto. Pero el patrón se repite: promesas de desarrollo y riqueza que nunca se materializan, y que sirven de coartada para seguir explotando territorios despoblados.
“Podrán aportar economía a las arcas municipales, pero no revertir la despoblación”
Sollavientos recuerda que el Maestrazgo cuenta con valores naturales excepcionales, reiteradamente reconocidos en estudios científicos e informes de impacto ambiental. “Estas iniciativas no se plantean en espacios como la sierra de Madrid. Se plantean aquí porque piensan que nadie se va a oponer”, denuncian. Para el colectivo, se trata de una estrategia habitual: presentar estos proyectos como oportunidades económicas cuando en realidad obedecen a los intereses de empresas que buscan “zonas sin trabas ni rechazo social” para experimentar.
Aunque el proyecto aún se encuentra en fase inicial, desde Sollavientos ya lo consideran perjudicial para el territorio, y lo vinculan con la desordenada expansión de macroparques eólicos en la zona: “Podrán aportar economía a las arcas municipales, pero no revertir la despoblación”. Frente a estos modelos extractivistas, apuestan por proyectos endógenos, sostenibles y respetuosos con el paisaje, y llaman a la ciudadanía a movilizarse en defensa del territorio.
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