Alacranes teledirigidos

‘Alacrán enamorado’ es un film imprescindible para entender los engranajes y los imaginarios colectivos de este movimiento y a través de él desgranamos cómo funciona la ultraderecha y el fascismo a día de hoy

Fotograma de la película 'Alacrán enamorado' alacranes
Fotograma de la película 'Alacrán enamorado'

El bueno de Quique Peinado no se cansa de repetirnos que canalicemos la rabia para arriba. Dice que cuando veamos “que lo injusto nos calienta las venas, le demos una vuelta antes de volcar el enfado contra el eslabón débil”. A simple vista parece una tarea fácil, pero no lo es tanto cuando gran parte de las ideas de la ultraderecha están normalizadas en la sociedad.

Lo vemos con sentencias judiciales que piden prisión por manifestarse en contra de Vox , cuando se encarcelan raperos, cuando jueces tachan de “terrorismo” una pelea de bar en Altsasu o cuando marcan la agenda mediática con temas supuestamente ya superados: el aborto, el negar la violencia de género, la defensa férrea de la familia “tradicional”, etc.

Tras el ascenso del ya ilegalizado partido Amanecer Dorado en Grecia, las calles se convirtieron en un territorio hostil para gran parte de la población. Una mañana de invierno del 2013, cuando el pakistaní Shezhad Lukman se dirigía al trabajo en bicicleta, dos miembros de Amanecer Dorado armados con cuchillos lo detuvieron y lo asesinaron brutalmente.

Ese mismo año asesinaron también al rapero antifascista Pavlos Fyssas. Pegar palizas o acosar a inmigrantes, homosexuales o izquierdistas estaba a la orden del día. El dueño pakistaní de una peluquería contó cómo estaba en la diana de los nazis: “Tú eres el motivo de los problemas de Grecia. Tienes siete días para cerrar la tienda o te la quemamos, y a ti también.”

Esta organización criminal respondía al prototipo de nazismo tradicional que muestra la película ‘Alacrán enamorado’, un film imprescindible para entender los engranajes y los imaginarios colectivos de este movimiento. Parece ser que los alacranes y los boneheads comparten el salir a cazar a sus presas cuando cae el sol.

Sin embargo, estos últimos no cazan insectos, sino inmigrantes, mendigos y cualquiera que sea visto como un disidente de sus ideas. No obstante, considerar que el movimiento ultraderechista se reduce a los ‘boneheads’ sería un análisis profundamente reduccionista y alejado de la realidad, ya que la fuente de producción ideológica de estos postulados sobrepasa a los cachorros neonazis e incluso a sus lideres políticos.

Los verdaderos alacranes de nuestro tiempo dirigen potentes empresas, entidades supranacionales y tienen una importancia decisiva en las escaletas que se leen en los grandes medios de comunicación, haciendo pasar por “sentido común” lo que siempre ha sido homofobia, islamofobia u odio de clase. Eso sí, al mismo tiempo que pueden abrir ventanas mediáticas para que Vox ponga en el punto de mira a los “menas”, también son flexibles y capaces de asumir posturas críticas a quien propine, por ejemplo, una paliza a un mal llamado “mena”.

Adoptando así la estrategia de tirar la piedra y esconder la mano. Por eso, los que dirigen realmente el cotarro más que alacranes son geckos de Madagascar, un animal capaz de mimetizarse con el medio en que vive, convirtiéndose en un auténtico maestro del camuflaje. A este respecto, conviene recordar a Paolo Passolini: “El fascismo basaba su poder en la iglesia y el ejercito: no son nada comparados con la televisión”.

Como veníamos anunciando, no todas las organizaciones ultraderechistas reproducen ese patrón de matones y asesinos de calle con esvásticas y cabezas rapadas de Amanecer Dorado.

En Dinamarca, por ejemplo, desde una estética más normalizada, el Partido Popular Danés (DDP) llegó a convertirse en segundo partido más importante incorporando enfoques contrarios a la Unión Europea o a la inmigración a la vez que apostaba por la defensa del Estado del Bienestar (estrategia también adoptada por el Frente Nacional en Francia).

Más recientemente, el partido Nueva Derecha (ND) le ha quitado gran parte del electorado uniendo, al igual que Vox en el Estado español, la xenofobia con las posturas neoliberales y tachando al DDP de que son demasiados blandos con la inmigración (algo que nos recuerda al termino “derechita cobarde” que usaba Vox para criticar al PP). Como vemos, las estrategias de las organizaciones que configuran la nueva internacional ultraderechista pueden ser tan variadas como las setas en el monte.

Una ultraderecha experta en propagar bulos en redes y consciente de la guerra por la hegemonía cultural que están librando. Y es que, tras la era Trump, caracterizada por las fakes news, las afirmaciones ya no son verdaderas o falsas, sino “hechos alternativos”.

Por lo que el supremacismo blanco, el negacionismo climático y del COVID-19, o tachar al papa Francisco de “comunista” son simplemente “opiniones alternativas”. En España uno de los máximos representantes en legitimar estos “hechos alternativos” es Iker Jiménez. Desde su programa Horizonte se ha invitado a quienes defienden teorías de la conspiración de todo tipo, como, por ejemplo, que hay un plan oculto para sustituir a la población nativa europea. También se ha invitado a youtubers machistas como Roma Gallardo o a miembros fundamentalistas como Javier Villamor, ex miembro de Hogar Social Madrid y portavoz de Hazte Oír. Facilitando así que teorías marginales o deslegitimadas puedan blanquearse y tener una apariencia de respetabilidad.

La batalla cultural de la ultraderecha es tan fuerte que para un grueso de la población votar a los que siempre fueron marionetas del poder como Jair Bolsonaro, Santiago Abascal o Donald Trump es visto como un acto revolucionario. Lo rebelde para cierta gente no es escuchar a grupos como Public Enemy, Kaos Urbano o Atorrak, sino a pseudoraperos conspiranoicos y homófobos como Santaflow o el estadounidense Keany West, famoso por sus afirmaciones racistas y antisemitas, llegando incluso a decir que le “gusta” Hitler.

Las declaraciones de Keany West tuvieron tal repercusión que incluso Adidas tuvo que romper su contrato de colaboración para no ver afectada su imagen. No obstante, quizás para Espejo Público estos pseudoraperos (digo “pseudo” porque el rap si no es antifascista no es rap) sean unos “constitucionalistas” de toda la vida…

El asalto al Capitolio por parte de los trumpistas, la caída de Pedro Castillo en Perú o el reciente intento de golpe de Estado en Brasil ponen de manifiesto el poder de una ultraderecha inspirada por las formas de actuar de la derecha alternativa (conocida como alt-rigth en EEUU): una corriente ideológica que se popularizó con la victoria de Trump y que defiende tesis tales como que unas fuerzas multiculturales a través de la justicia social y la corrección política pretenden socavar la supuesta civilización blanca. Los grupos identificados con esta corriente ultraderechista practican el ‘low fare’, niegan el Holocausto, defienden el supremacismo blanco (por ejemplo, Keany West promocionó una camiseta con el lema ‘White lives matter’ en contraposición al ‘Blacks Lives Matter’), el machismo, el clasismo, el racismo, la homofobia, el anticomunismo y son profundamente antidemócratas.

“Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”, decía Malcom X con razón. Y es que, esta legitimación de los nuevos nazis no sería posible sin la ayuda de sus brazos mediáticos a la hora de disputar el relato.

Uno de sus tentáculos más importante lo compone el digital BreitBart News, medio trumpista con sede en Los Ángeles, California, y con oficinas en Texas, Londres y Jerusalén, y que hasta el 2017 estuvo dirigido Steve Bannon, el conocido estratega político, ideólogo de Donald Trump y asesor de la ultraderecha en medio mundo (incluido Vox).

Pero en el Estado español tampoco nos quedamos cortos en cuanto a tabloides y medios funcionales a la ultraderecha: 13TV, esRadio, OKdiario, La Gaceta de la Iberosfera, Periodista Digital, Mediterráneo Digital o The Objective son algunos de ellos.

De todas formas, y sin querer quitar importancia, el problema no es tanto que los medios basura propaguen basura, como que los medios no vistos como de extrema derecha para gran parte de la gente compren o compartan en cierta medida su esquema ideológico.

Lo hace Antena 3 llamando “constitucionalistas” a la ultraderecha o promocionando a los matones nazis de Desokupa, a la vez que manipula sobre los “terribles” okupas. Lo hace Joaquín Prat en Cuatro cuando dice que “han ganado las fuerzas moderadas” tras la victoria de Ayuso. Lo hace el telediario de Tele 5 llamando “grupo de vecinos” a los nazis de Som Identitaris a la vez que tacha de “radicales” a los antifascistas. Y también lo hace La Sexta abriendo las ventanas mediáticas a Eduardo Inda.

Cuenta Marc Bray que para muchos revolucionarios “mientras el capitalismo alimente la lucha de clases, el fascismo estará oculto al fondo de la sala y será la solución autoritaria al descontento social”.

Y es que, la ultraderecha es como el payaso de 'IT', cuando piensas que está vencida vuelve a aparecer con diferentes rostros y apariencias, pero manteniendo algo común: la exaltación de los valores chovinistas, la criminalización hacia los de abajo (llamados “feminazis”, “menas”, “lobby LGTBI”…) y la complicidad con los de arriba. Y al igual que los ‘squadristi’ fascistas de Benito Mussolini, siguen obsesionados con limpiar la nación de la terrible “plaga” roja.

Es cierto que es un poco exagerado el reducir el fascismo por completo a ser el plan B del capitalismo en crisis o a una maniobra de este cuando está amenazado. Ahora bien, lo que no es una exageración es señalar como dice Mark Brey que “ese elemento de la ecuación jugó un papel importante, a veces decisivo, en su desarrollo”.

La historia ya nos ha demostrado que los contextos de crisis capitalistas son favorables para que la ultraderecha crezca como la espuma, y quitarles importancia simplemente porque no llevan un uniforme de las SS es o no tiene el rostro de principio del siglo XX es sencillamente practicar el negacionismo histórico y legitimar a los que Marc Bray llama “nazis de corbata”.

Recordemos que, tras la derrota del nazismo y el fascismo, gran parte de la población veía con rechazo a quienes defendían esos postulados, lo cual hizo que cambiaran de ropaje y moldearan sus discursos, por lo que muchas de las organizaciones que en el siglo XX serían abiertamente fascistas, hoy han tenido que alejarse de esa simbología e incluso renegar de ella.

Por ejemplo, Melisa, la ex líder del Hogar Social Madrid, tenia puesta una muñequera en el tobillo para tapar una esvástica. Al filtrarse las imágenes de su tatuaje, el rapero de izquierdas, Dia Sexto, le dedicó una hermosa canción: “Haber Sime Muero”.

Sin embargo, de forma recurrente e incluso desde la academia se sostiene que “el antifascismo no tiene razón de ser tras la derrota de Hitler y Mussolini”, o que es equiparable al fascismo argumentando que son “extremos comparables”. Planteamientos totalmente viciados e interesados en que una parte se difumine con la otra y así se termine legitimando.

Es como cuando te dicen que “todos los políticos son iguales” o que “todos son unos corruptos”, poniendo en el mismo saco a José Maria Aznar o Felipe González con Julio Anguita o José Antonio Labordeta. Hacer tabula rasa y equiparar el racismo con el antirracismo, los postulados machistas con los feministas, o las tesis sobre la pureza y la unidad de la nación con quienes defienden la diversidad cultural, son dispositivos que operan como colaboracionistas del neofascismo.

Hoy, como en la primera mitad del siglo XX, no podemos asumir como sociedad que el racismo, la xenofobia o el machismo sean vistas como “opiniones particulares” y “respetables”.

No podemos equiparar a los antifascistas que defienden los Derechos Humanos con quienes van en su contra. Jamás puede ser equiparable el derecho al aborto con quienes desde posiciones fundamentalistas abogan por “escuchar el latido del feto”.

Tampoco es equiparable quienes luchan por una legislación inclusiva con quienes al grito de “fuera maricas de nuestros barrios” siembran el terror por Chueca al más puro estilo camisas negras.

Debemos tener además algo muy presente: nunca con el uso de la razón se ha logrado parar a los nazis ni a los fascistas. Por eso, como dice Carlos Bardem, “como individuos o sociedad tenemos que ser superiores moralmente a los que solo construyen discursos de odio y justifican agresiones a homosexuales, maltrato y crímenes de mujeres, racismo, exclusión de inmigrantes".

Por eso, si “no eres superior moralmente a una basura, ¿Qué eres? Otra basura".

Captura del video de la carga policial que hubo en Zaragoza el 17/01/2019 | Fuente RTVE.es
Captura del video de la carga policial que hubo en Zaragoza el 17/01/2019 | Fuente RTVE.es

Para avanzar hay que mirar con ojos críticos por el retrovisor de la historia y proyectarse en un futuro utópico. De lo contrario, estaremos condenados a un pragmatismo reaccionario visto como necesario e inevitable.

Si el antifascismo pierde su hilo histórico habrá perdido su razón de ser y, por lo tanto, la de tantas lágrimas, muertos, sangre derramada… Por luchar por una sociedad mejor e impedir que la bestia fascista pudiera avanzar. Si se pierde o cae en el olvido ese hilo histórico es muy probable que incluso nos parezca divertido ver a Abascal divertirse en El Hormiguero.

Los antifascistas llevan décadas jugándose la cara y dejándose literalmente las vidas en el camino para que ahora determinados medios al servicio de bancos y fondos de inversión presenten como “ideas respetables” lo que siempre estuvo en la trinchera de la oscuridad y la involución social. No podemos olvidar las palabras de Durruti: “Al fascismo no se le discute, se le destruye”.

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