Agua, tierra y aire contaminados: los 54 'puntos negros' de Aragón

El país acumula once focos emisores de polución atmosférica por ozono, partículas en suspensión y productos químicos, algunos cancerígenos, que se suman a los 18 tramos de río con las aguas deterioradas y a las 23 áreas con tierras contaminadas para generar un inquietante mapa estrechamente relacionado con algunas actividades productivas y que afecta a la totalidad del territorio

Las emisiones de contaminantes a la atmósfera resultan preocupantes en las tres capitales aragonesas y otros ocho municipios. Imagen: USFWS / Pixnio (CCO).

Ni aguas claras, ni aire limpio ni tierra cuidada: los once ‘puntos negros’ de la contaminación atmosférica que recoge Ecologistas en Acción en su Informe sobre la Calidad del Aire ponen sobre la mesa la gravedad de los efectos perjudiciales que algunas actividades productivas están provocando en el medio ambiente y se añaden a los 18 focos de preocupación que la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) ha ido detectando en la malla fluvial del territorio y a los miles de kilómetros cuadrados que suman las 23 zonas declaradas vulnerables a los nitratos (ahora en proceso de revisión) y a otras como los vertederos de lindano de Bailín y Sardas para dar lugar a un inquietante panorama de 54 zonas calientes que afectan a la totalidad del territorio.

Todos esos puntos mantienen algunas constantes: tienen su origen en actividades productivas, ya sean industriales, de producción de energía o agropecuarias, y en el caso de la capital se suman los efectos del intenso tráfico rodado, cuya particularidad es que sus consecuencias no solo se sufren en sus calles y casas sino que se expanden al territorio que la circunda, con el valle del Ebro como corredor.

Las últimas aportaciones a este mapa de las contaminaciones de Aragón, elaborado por Ecologistas en Acción y que se centra en la vertiente atmosférica, incluye algunas llamadas de atención sobre la intensidad de la polución de este tipo en la ciudad de Zaragoza.

“En Aragón los contaminantes que más incidencia tuvieron en 2020 fueron el ozono troposférico y las partículas PM10 [de hasta diez micras] y PM2,5, aunque en mucha menor medida que en años anteriores por la reducción general de la movilidad y la actividad económica derivada de los dos estados de alarma”, señala el informe, que recoge cómo, por esa misma causa, que redujo notablemente el tráfico rodado, y a pesar de “las elevadas temperaturas” veraniegas en todo el valle del Ebro “disminuyeron significativamente” las concentraciones de ozono al hacerlo también las emisiones de NO2 de los automóviles, que son su principal precursor.

Así, el número de ocasiones en las que las estaciones de la red de control superaron los valores de alerta se redujeron “en un 86% respecto al promedio del periodo 2012-2019” para situarse en los registros más bajos de la última década. Esa norma, sin embargo, tuvo dos excepciones: ”la aglomeración de Zaragoza” y, en menor medida, la ciudad de Teruel, lo que apunta a la existencia de un nivel de contaminación estructural elevado en, al menos, la primera de ellas.

La lista de puntos negros en la contaminación atmosférica en Aragón

Zaragoza: Durante el primer estado de alarma, el de los confinamientos del 14 de mayo al 21 de junio, el dióxido de nitrógeno (NO2) alcanzó concentraciones del 40% de las que se dieron en el periodo 2012-2019, lo que revela la existencia de unos elevados niveles de polución estructural. Exporta ozono troposférico a todo el valle del Ebro por su intenso tráfico rodado. La estación de Cogullada supera el objetivo legal para la protección de la salud en el trienio 2018-2020, “más laxo que la recomendación de la OMS”, al haber registrado excesos una media de 26 días al año. La presencia de micropartículas de 2,5 micras superó la recomendable en el paseo Renovales mientras en la de Jaime Ferrán, en Cogullada, se registraban excesos de PM 10.

Monzón: El año pasado se produjo un pico de 0,36 nanogramos por metro cúbico de aire de un hidrocarburo policíclico aromático (HAP) potencialmente carcinógeno como el benzopireno, inferior al mínimo ilegal, que es de un nanogramo, pero superior al 0,12 que recomienda no superar la OMS (Organización Mundial de la Salud). La presencia de PM 2,5, las partículas sólidas de menos de 2,5 micras de tamaño, en su atmósfera resultan similares a los de Madrid, según un estudio del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas); el año pasado se superaron en varias ocasiones los niveles que recomienda la OMS.

Alagón: datos negativos en PM 10.

Alcañiz: la concentración de PM 2,5 en su aire supera en ocasiones el que la OMS considera asumible.

Caspe: la estación de la Central Térmica de Ciclo Combinado Global 3 fue la única de Aragón que registró aumentos del ozono frente a las medias de los años anteriores. Ocurrió 65 días, uno de cada seis.

Bujaraloz: Incumple el objetivo legal establecido para la protección de la vegetación durante el quinquenio 2016-2020.

Castelnou: Se da la misma situación que en Bujaraloz.

Uesca: el año pasado superó los niveles de ozono troposférico 52 días.

La Cerollera: el año pasado superó los niveles de ozono troposférico 73 días. También incumple el objetivo legal establecido para la protección de la vegetación durante el quinquenio 2016-2020.

Teruel: el año pasado superó los niveles de ozono troposférico 72 días. También incumple el objetivo legal establecido para la protección de la vegetación durante el quinquenio 2016-2020.

Torrelisa: el año pasado superó los niveles de ozono troposférico 58 días.

Andorra: sale de la lista de emisores de ozono troposférico con el cierre de la central, cuyos niveles superan los admisibles el 90% de los días. La clausura también ha hecho desplomarse los registros de CO2 y de azufre.

La inacción del Gobierno de Aragón con el ozono

Tampoco es que la contaminación por ozono troposférico, entre cuyos efectos se incluyen el agravamiento de las patologías respiratorias graves y la alteración de los ciclos vegetales, preocupe mucho a los responsables de la seguridad ambiental pese a su intensidad.

“La totalidad de los cultivos, montes y espacios naturales de Aragón, con la excepción de la ciudad de Zaragoza, siguieron expuestos a niveles de ozono que dañan la vegetación” a lo largo del año pasado, ya que quince de las 24 estaciones que lo miden marcaron registros “por encima del objetivo a largo plazo”, señala el informe.

Sin embargo, añade, “hasta la fecha, el Gobierno de Aragón no ha aprobado ningún plan de mejora de la calidad del aire referido a las superaciones de los valores objetivo de ozono para la protección de la salud y/o de la vegetación”, lo que equivale a acumular “más de una década de incumplimiento de la legislación ambiental en esta materia”.

El realidad, lo que hace la DGA es pasarle la patata al Gobierno central y a la UE, aunque el Tribunal Supremo ya ha dejado claro con una condena a la Junta de Castilla y León que la competencia es autonómica. El Gobierno aragonés tiene claro que “es cierto que en caso de superación de valores objetivo las Comunidades Autónomas deben poner en marcha planes de mejora de la calidad del aire”, señala en una reciente respuesta a la petición que en ese sentido le formuló la organización ecologista, en la cual, no obstante, añadía que “la complejidad del problema del ozono, así como su ámbito territorial, indican que es adecuada una actuación conjunta”.

Venía a refrendar así la postura que había manifestado tres años antes, cuando aseguraba que para afrontar los problemas que genera el ozono troposférico “no bastaría con medidas locales sino que deberían ser planificadas a nivel europeo y regional en sentido amplio”, por lo que reclamaba “la necesidad de elaborar un Plan Nacional específico para el Ozono, del que esperamos muy sinceramente que se inicien los trabajos lo antes posible”.

Esa visión, que no deja de ser contraria al principio de actuar en el ámbito local para afrontar los desafíos globales, se traduce en una patente inacción. Y así van pasando los años.

PP y Cs desmantelan en plan de ZeC para Zaragoza

El Ayuntamiento de Zaragoza, por su parte, dispone desde 2019 de una Estrategia de Cambio Climático, Calidad del Aire y Salud, que se marca como objetivo reducir la concentración de NO2 en un 60% en 2030 con respecto a los niveles de 2005, para lo que incluye un listado de cuarenta acciones.

Ese plan, que incluye un Protocolo de Actuación ante Episodios de Alta Contaminación por NO2 con medidas informativas y restricciones al tráfico, procede de la etapa de Zaragoza en Común. Sin embargo, el actual equipo de gobierno PP-Cs sustentado por Vox “drásticamente, cuando no eliminó, las partidas del presupuesto 2020 asignadas a implementarlas”.

El trabajo de la legislatura de ZeC situó a la capital aragonesa como una de las escasas ciudades españolas grandes y medianas que disponen de ese tipo de protocolos, algo que solo se da en las cuatro más pobladas (Madrid, Barcelona, València y Sevilla) y en otras cinco de menor tamaño como Oviedo, León, Murcia y Valladolid.

Tampoco anda fino el ayuntamiento de la capital en lo referente a la transparencia y el acceso a la información sobre la calidad del aire por parte de los ciudadanos.

La web del consistorio, indica el informe, “no permite la consulta ni descarga ágil y sencilla de datos ni históricos ni en tiempo real” y “mantiene sus limitaciones en el acceso a la información” mientras “sufre una avería informática persistente”.

Por su parte, la web del Gobierno de Aragón “sólo ofrece datos histórios del último año y no publica ningún dato de cuatro estaciones de las centrales térmicas de Andorra y de Caspe”.

Las lagunas de la normativa aragonesa

De este panorama se deduce que el margen de mejora en control de la calidad del aire y en transparencia informativa resulta desmesurado para las dos principales administraciones públicas con sede en la comunidad y competencias ambientales propias, algo que no se reduce únicamente al ozono.

La evaluación de la presencia en el aire de los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y de los metales pesados, como el arsénico, el cadmio, el níquel y el plomo, solo se efectúa en dos estaciones, la de Monzón y la de El Picarral (Zaragoza), aunque se trata de algo obligatorio y a pasar de que, “con la incertidumbre propia de la escasa cobertura espacial y temporal de las mediciones”, este contaminante podría haber afectado a la totalidad del territorio con la excepción de su capital.

El documento de Ecologistas en Acción reseña la ausencia de datos sobre la presencia de benzopireno en la ciudad de Zaragoza, donde, por otro lado, sólo una de las ocho estaciones existentes, la situada en el paseo de Renovales, toma muestras de la presencia de partículas PM2,5, “las más peligrosas para la salud”.

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