En recuerdo de Pablo Serrano: “Ni muerto dejarás de incomodar al orden establecido”

El pasado 16 de agosto falleció el militante anarquista insurreccionista y las muestras de condolencia se han sucedido por todo Aragón

20 agosto, 2026. 13:03

Algunas de sus compañeras narraban como el pasado 16 de agosto amaneció “con un hueco irrespirable en el pecho. Nos ha dejado el compañero Pablo Serrano. Y no, no es una despedida al uso, porque Pablo no era un hombre al uso. Fue militante Anarquista Insurreccionista de los que entienden la rebelión no como una teoría de salón, sino como un latido diario, como el gesto que quema las normas y construye afectos en la grieta del sistema. Perteneció a la Asociación Anarquista las nuestras las Libres, donde su voz no era la más alta, pero sí la más certera, donde su presencia no buscaba protagonismo, sino empuje colectivo, apoyo mutuo y la chispa que enciende conciencias”.

Desde el más profundo respeto “alzamos la mirada para afirmar lo que ya todos susurran en los rincones de la asamblea: se fue un imprescindible. Imprescindible no por su obra escrita ni por su oratoria, sino por su manera de estar. Pablo era de los que llegan antes para preparar la logística y se quedan después para recoger los pedazos. De los que ponen el cuerpo en la primera línea y el hombro para cargar al caído. Nos enseñó que la insurrección es cotidiana: está en la okupación que defendemos, en la huelga que sostenemos, en el pan que compartimos y en la sonrisa que regalamos incluso cuando el combate arrecia”.

Sus compañeros recuerdan que “su libertad no era individualista, sino entramada. Por eso era de los nuestros, de los libres que saben que nadie se salva solo y que la única autonomía posible es la que se teje entre iguales. Su partida deja una trinchera vacía, pero también una estela de rebeldía que nos obliga a seguir. No lloramos su muerte desde el derrotismo, la convertimos en pólvora. Porque Pablo sigue presente en cada gesto de desobediencia, en cada negativa a doblar la rodilla, en cada semilla de futuro que plantamos sobre las ruinas del presente. Descansa, hermano. O mejor, revuélvete en la tierra, porque sabemos que ni muerto dejarás de incomodar al orden establecido. Que la tierra le sea leve”.

Otro de sus compañeros, Chabier Nogueras, expresaba el duelo afirmando que: “Murió. Hijo de días grises, de humo y sangre, y de aquellos otros azules, días de patio y patio, hacia delante y hacia atrás, a la sombra de los muros de una cárcel en Torrero. Allá, en la sombra de nuestro pasado, queda la imagen de un reencuentro, casi diez años después de que cayeras preso. Una eternidad sin vernos. Fuimos tan jóvenes y obstinados como el viento frío que entraba bajo las puertas de acero que nos separaban”.

“No te aplacó la furia de todo un Estado, ni la indolencia o la parálisis de la que tanto te quejabas. Así que sobreviviste a lo peor, ¿quién sabe si también al recuerdo de aquello que te mandó a prisión? Nunca te juzgamos, ni lo haremos ahora, ya lo hicieron otros, ya lo harías tú mismo. Compartimos tus motivos, sí, aunque no el método, ojalá tuviéramos la oportunidad de encontrar la forma idónea de conseguir cambiar el mundo de una vez sin sufrimiento, con tu misma sonrisa y generosidad”, subrayaba Nogueras.

“No es fácil contar esto, no es fácil despedirse, agradecer todo el tiempo que nos cuidaste a muchos entre aquellas cuatro paredes de silencio y violencia derramada. Has muerto sin despedirnos. Ya no hablaremos de libros, de esperanza anarquista ni de nada de nada. Quizá volvamos a vernos, otro reencuentro, en una galaxia lejana de ceniza y de utopía, sonreírse de nuevo, estrecharse la mano, un abrazo nuevo de respeto. Hasta siempre Pablo Serrano”, concluía.

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