Extrarradios culmina en Almudévar su segunda edición reivindicando las "nuevas ruralidades" desde las artes escénicas

El festival cierra su segunda edición entre Ayerbe y Almudévar con más público, más diversidad y más profundidad, reivindicando las nuevas ruralidades desde la creación contemporánea. Música, teatro, danza y cine han dialogado en torno a la vida en los pueblos como espacio de memoria, experimentación y futuro.

10 noviembre, 2025. 09:51
Foto: Extrarradios

Extrarradios ha celebrado su segunda edición en dos fines de semana consecutivos: del 31 de octubre al 2 de noviembre en Ayerbe y del 7 al 9 de noviembre en Almudévar. Toda la programación ha girado en torno a las "nuevas ruralidades", un eje que "invita a repensar qué significa hoy habitar, crear y producir cultura desde el medio rural en clave contemporánea".

Capacidad para promover cultura desde los pueblos para todos los públicos. Las sensaciones tras esta segunda edición del Festival Extrarradios son muy buenas. El alcalde de Ayerbe, Antonio Biescas, presente en la última jornada en Almudévar, ha valorado de manera “muy positiva este proyecto compartido entre los dos pueblos, entre Ayerbe y Almudévar, trayendo lo mejor de la cultura vanguardista y contemporánea al mundo rural, poniendo en valor esa ruralidad y esas nuevas formas de vivir en los pueblos”, ha afirmado Biescas, quien ha hecho hincapié en la capacidad de  los pueblos para “hacer proyectos culturales muy interesantes”. “No tenemos que envidiar nada a los núcleos urbanos,y creo que este festival lo ha demostrado con creces”, concluyó.

Por su parte, la alcaldesa de Almudévar, Sofía Avellanas, mostró su satisfacción por cómo ha transcurrido “esta segunda edición de Extrarradios, donde se ha demostrado el éxito de este tipo de actividades en el medio rural. Un festival que ha demostrado que no está determinado solo a una franja de edad de público, sino que es un festival multidisciplinar para todos los públicos y para todos los gustos. Por ejemplo, ayer, en la sesión Orgullo Rural y Eclosión Sonora II, hubo gran cantidad de público, y buena parte era público joven, que hoy en día es difícil de atraer”.

El concejal de Cultura de Almudévar, Fernando Martínez, destacó el salto cualitativo: “El año pasado ya hubo mucha calidad, pero esta edición ha ido claramente a más: más asistencia, más diversidad y más profundidad. Las propuestas nos hablan de dónde venimos y hacia dónde vamos”. Para él, Extrarradios confirma una línea: la cultura como proyecto transversal y no sectorial.

Finalmente, el programador del festival, Luis Lles, resumió la edición señalando que se han cumplido los tres objetivos fundamentales: convocar público, generar satisfacción y desarrollar plenamente el tema central. “Ha habido una respuesta magnífica. Lo importante no es solo que venga gente, sino que salga contenta. Y así ha sido”, señaló. Lles subrayó la coherencia temática del conjunto: “Quien haya venido a varios espectáculos se lleva una idea bastante clara de lo que hoy significa vivir y crear en lo rural: desde lo íntimo a lo expansivo; de la memoria a la experimentación”. Recalcó asimismo la convivencia de lenguajes —música, teatro, danza, cine, coloquios— y el interés de propuestas vinculadas a la memoria de los pueblos de colonización o a la música de raíz contemporánea (El Nido, Dulzaro, Sanguijuelas del Guadiana). “No queríamos un lema decorativo. Queríamos programar desde él. Y lo hemos hecho”.

‘La raposa’ y ‘Orgullo Rural’ clausuran la programación

‘Orgullo rural’ de Elia y Uxia | Foto: Extrarradios

El protagonista de este domingo, último día de Extrarradios, ha sido el teatro. Por la mañana, el Centro Cultural de Almudévar se llenó para disfrutar del clásico “La fábula de la raposa”, uno de los montajes emblemáticos de Los Titiriteros de Binéfar, que volvió a desplegar su estética característica: títeres artesanales y música en directo, sosteniendo un lenguaje escénico que conecta con el público desde lo esencial. En escena actuaron Paco Paricio y su hija Marta; en la parte técnica estuvo Pilar Amorós, compañera de títeres y de vida de Paco, que ha realizado más de mil funciones de esta obra. Su papel original fue continuado por dos actores más hasta que Marta tomó el relevo como intérprete.

“Hoy he estrenado un títere nuevo —el lagarto—”, explicó Paco Paricio al finalizar. “Lo mejor es ver a las niñas y los niños venir luego a saludar a los títeres, como si fueran reales. Esa verdad solo existe cuando las cosas pasan delante de ti. En el cine no te despides de los personajes; aquí sí. Eso crea otro tipo de vínculo”. La cercanía se amplificó en Almudévar, Paricio reconoció que en Aragón interactúa más con el público. “Aquí hablo más. Escucho más. Detecto cómo reaccionan ante los abuelos, ante la naturaleza… Hoy estaban muy dentro”. Además, tomó una decisión simbólica que reforzó esa verdad escénica: no utilizar la nariz del abuelo, elemento habitual en este montaje. “Normalmente me la pongo, pero hoy no. Ya soy abuelo —y estaba mi nieta aquí—. No hacía falta. Había verdad suficiente”.

“La fábula de la raposa”, presentada por todo el mundo, mantiene su núcleo ético intacto: una apuesta clara por la vida frente a la violencia. La obra ha adquirido con el tiempo lecturas muy potentes en lugares diversos, especialmente en torno a la escena en la que el abuelo arroja la escopeta. Paricio explicó que, para él, ese momento es una apuesta por la vida, y que siempre observa con atención qué eligen las niñas y los niños ante esa situación: si piden que dispare o que tire el arma. Cuando veo que los críos piden que se tire la escopeta, sé que vamos bien”, señaló. En este punto, Pilar Amorós añadió que, en ocasiones, también se oye a algún niño exclamar “¡Mátala, mátala!” (refiriéndose a la raposa).

Ya por la tarde, se representó la obra ‘Orgullo rural’ de Elia y Uxia, compañía procedente de Castilla y León formada por la narradora oral y actriz Elia Tralará y la música Uxia López. Una propuesta, han explicado tras la representación, que nació de la necesidad de reivindicar y poner en valor la vida en los pueblos,”frente a una época en la que lo urbano se asociaba con el progreso y la modernidad, mientras lo rural se percibía con cierto complejo o inferioridad”. A través de sus propias experiencias, las creadoras reflexionan sobre la importancia de reconocer las raíces rurales como parte esencial de la identidad personal y colectiva.

En sus ocho años de trayectoria, “Orgullo rural” ha superado las 200 representaciones en escenarios muy diversos, desde grandes teatros urbanos hasta plazas de pequeños pueblos. El éxito del proyecto las ha llevado a desarrollar nuevas propuestas, como Cuentos y cantos de lavanderas, centrada en la memoria del trabajo femenino. Finalmente, subrayan el mensaje principal de “Orgullo rural”: “Defender la vida en los pueblos con condiciones dignas, garantizando oportunidades laborales, servicios y un entorno vital que permita a quienes lo deseen seguir viviendo en ellos”, han concluido.

500 personas en la velada musical en la Coliseum

La jornada del sábado sirvió para cerrar el programa musical de Extrarradios con una noche diversa en la discoteca Coliseum, espacio que volvió a demostrar su idoneidad para propuestas sin etiquetas. Casi 500 personas se dieron cita en esta última velada. Cuatro propuestas muy diferentes exploraron, a su manera, lo que significa hoy habitar lo rural: experimentación sonora, mezcla popular, palabra migrante y tradición intervenida.

La noche abrió con Trucs, dúo de Pau que convierte los cencerros del ganado en el corazón de su propuesta. Sus piezas, largas y casi rituales, progresan como organismos vivos: avanzan, mutan y despliegan paisajes impredecibles en continuo movimiento. Presentaron su primer álbum, "Trucs", combinando percusión, arco y electrónica en un viaje sonoro que osciló entre lo pastoril y lo experimental.

El gran reclamo de la noche fueron Sanguijuelas del Guadiana, responsables de atraer a la mayoría del público. Proceden de Casas de Don Pedro, en la Siberia extremeña, un pueblo con una población muy similar a la de Ayerbe, la otra sede de Extrarradios: una conexión territorial que mucho público sintió inmediata. Con apenas un disco publicado, "Revolá", ya acumulan más de un centenar de conciertos, y se nota: lo suyo es un directo pulido, seguro y contagioso. Su mezcla sin pudor de rock, flamenco, rumba o electrónica encendió la sala desde el primer tema. Entre saltos, palmas y coros, lograron lo imposible: que, por un rato, que  500 personas en Huesca se sintieran extremeñas. “Me da igual”, “Septiembre”, “Revolá”,  “100 amapolas” o “Llevadme a mi Extremadura” fueron coreados sin reservas. Demostraron frescura, juventud y una energía que arrasa.

La rapera sudafricana Yugen Blakrok firmó una actuación magnética. Afincada recientemente en una masía de un pequeño pueblo de Tarragona, encarna de forma literal las nuevas ruralidades. Entre hip hop y spoken word, acompañada de guitarra y electrónica, mantuvo al público en vilo con un repertorio que viajó de la oscuridad a la poesía narrativa. “Hold ground”, “Being here” o “Picture box” destacaron por su flow sinuoso y su presencia escénica. Cerró reivindicando la importancia de festivales que apuestan por la diversidad real.

El cierre fue para Isla Kume, proyecto aragonés que revisita el legado musical ibérico desde una óptica contemporánea. Tradición, clásica, electrónica y pop se mezclan en un sonido propio y expansivo. Presentaron su álbum debut, "Más de mil motivos", e invitaron al público a sumarse desde el inicio con temas como “Atrapá” o “Cantarán”. También estrenaron “El corro”, una pieza que apunta directamente a la crisis de vivienda con un lema tan directo como irónico: “que suba el perreo y que baje el alquiler”. Hubo flamenco chill, panderos y un cierre vibrante que dejó la sala en plena efervescencia.

Yugen Blakrok | Foto: Extrarradios

Dos formas de volver al territorio

Antes de la música, la tarde del sábado se centró en dos miradas muy distintas sobre la ruralidad. Por un lado, "Elrow. Orígenes (1870–2025)", presentado por Juan Arnau en diálogo con el programador del festival, Luis Lles: un recorrido editorial por 155 años de historia familiar que conecta Fraga con la cultura del ocio global contemporáneo. Una ruralidad expansiva, que mira hacia afuera, hija de una saga que ha hecho de la fiesta —Florida 135, Monegros Desert Festival, Elrow— su forma de habitar el mundo.

En contraste, el ilustrador y guionista David Sancho compartió el proceso detrás de "Barbecho", novela gráfica premiada (XVII Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac–Salamandra Graphic) que indaga en los relatos familiares de Pancrudo (Teruel). Una ruralidad íntima, crepuscular, atravesada por la despoblación, donde el regreso a casa se vuelve reflexión, memoria y legado. Ambos trabajos dialogaron sobre herencias, formas de contar, y la necesidad de conservar —o reinventar— aquello que nos sostiene.

Habitar la nada

La jornada vespertina del sábado continuó con la proyección de "Habitar la nada", de Eduardo de la Cruz y Amalia Sesma, centrado en los pueblos de colonización. El proyecto —que ha llevado dos años de trabajo, entrevistas y documentación— sigue la pista de familias que abandonaron sus pueblos de montaña en los años 60 y 70 para rehacer su vida en los nuevos asentamientos creados por el Instituto Nacional de Colonización.

El documental recorre los 32 pueblos de colonización en Aragón, entre Zaragoza, Uesca y Teruel, poniendo el foco no en la arquitectura ni la historia institucional, sino en las vidas concretas de quienes los habitaron. Porque —como explican sus autores— “la memoria viaja con la gente; lo que cambia es el escenario”.

Casa Solano

El festival Extrarradios inauguró su segundo fin de semana en Almudévar el viernes con una combinación de fotografía y música metal, junto al análisis de la creación cultural altoaragonesa en el medio rural. Una inauguración que tuvo lugar en la Casa de la Cultura del municipio donde se exhibe la exposición “Casa Solano”, de la fotógrafa grausina Esther Naval. Una muestra que trata “de la forma más íntima de dar testimonio a unas personas que se dedican a una profesión que hace tiempo está condenada a desaparecer”, como es la ganadería, ha explicado Naval durante la presentación de la muestra.

En 33 fotografías, Naval muestra su propia vuelta a sus orígenes, a partir de una casa, la familiar, Casa Solano, pero también de los campos y senderos que la rodean y que marcaron la infancia de la fotógrafa, quien de la mano de su padre fue descubriendo nuevos caminos que la permitieron reconocerse, ha relatado ella misma. Esta exposición, ha afirmado la fotógrafa, “es un mosaico de pensamientos, una retina temblorosa, unos caminos transitados con un tiempo lento, y con paisajes que han cambiado con nosotros. Encontraréis esfuerzo, dedicación y trabajo día a día, el de ellos, los protagonistas”, su familia.

Tras la inauguración de la exposición, comenzó la actuación de la banda local Humanity, grupo de fast metal con influencias del thrash y nu metal que congregó a cerca de 150 personas en el escenario abierto de la plaza de Almudévar.

Un territorio fértil para la creación

Foto: Extrarradios

Dentro de la inauguración del viernes, se celebró también la mesa redonda “Experiencias culturales en el medio rural altoaragonés”, un encuentro que visibilizó distintos proyectos culturales consolidados en el Alto Aragón. En la sesión, moderada por Luis Lles, participaron representantes de iniciativas culturales que trabajan desde el territorio altoaragonés, aportando perspectivas complementarias sobre creación contemporánea, tejido comunitario y sostenibilidad cultural.

Pablo Pérez Terré presentó la trayectoria de la muestra artística rural Esto es lo que hay, que supera ya las dos décadas de recorrido. Destacó la intervención “Mar de Huesca” en el embalse de La Sotonera (colonia de Tormos, Alcalá de Gurrea), un proyecto comunitario que invitaba a la población local a reconectar con el embalse.

Desde la Muestra de Cine de Ascaso —la más pequeña del mundo—, Miguel Cordero subrayó el carácter singular del proyecto: un festival de autor centrado en películas con amplio reconocimiento pero escasa presencia en circuitos comerciales. Señaló además la necesidad de profesionalizar al voluntariado cultural para garantizar la continuidad de iniciativas rurales.

Toche Menal, de Casa Chuglar de Berdún, explicó cómo el proyecto ha creado fuertes vínculos con la población mayor a raíz de un festival celebrado desde Casa Chuglar. Uno de los principales retos es ahora ampliar la participación de las generaciones más jóvenes. Subrayó la buena acogida vecinal y defendió con firmeza que la cultura contribuye a fijar población.

Por su parte, Pilar Amorós, de la Casa de los Títeres de Abizanda, relató el origen del proyecto, marcado por el hallazgo de Casa Simona y por un pueblo que, aunque con parte de sus habitantes residiendo en Balbastro o Uesca, mantienen sus casas en el pueblo. En 2004 celebraron la primera función junto a todos los vecinos. La motivación para construir un teatro propio surgió tras años de gira con Los Titiriteros de Binéfar, tomando como referencia pequeños teatros visitados en distintos lugares del mundo.

Jesús Arbués ha presentado el Corral de García, un proyecto que empezó como iniciativa personal en el ámbito de las artes escénicas en Santa Eulalia de Gállego. El dramaturgo ha afirmado que “todavía se sigue sorprendiendo cada vez que se llena el teatro”. Un público, en su mayoría local, que muestra su interés en cada propuesta artística que se programa en este espacio.

Luis Casaús, del Corral de Comedias de Robres, explicó que se trata de un proyecto que aspira a ser un lugar de referencia para las artes escénicas en el norte peninsular. Después de más de un año después de su inauguración, trabajan en un próximo viaje a Buenos Aires (Argentina) con “Celestina, el bululú”, el próximo marzo. Y en el término más próximo, están trabajando en un proyecto intergeneracional en el que participan abuelos y nietos.

Elena Pérez (Festival Lo Mon Contemporáneo de Echo) abundó en cómo el legado de Pedro Tramullas y el Simposium fue clave para el nacimiento de Lo Mon Contemporáneo. La cultura tan arraigada, la lengua, el folclore, las costumbres y tradiciones como el descenso de navatas y la madera, se convierten en elementos clave para los artistas, así como que el territorio de frontera pone en valor y es favorable a la creación cultural.

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