La tarde de este miércoles el salón de actos de la Facultad de Economía de Zaragoza se llenó hasta el último asiento para escuchar a Antonio Turiel, científico del CSIC, divulgador y una de las voces más escuchadas sobre energía y crisis ecosocial. El ambiente caluroso y cargado obligaba al público a abanicarse en abanicos improvisados, una escena que el propio Turiel recogió con ironía para subrayar que ese calor excesivo fuera de temporada es ya un síntoma más de la crisis climática. Lo hizo con su conocida frase: "todo normal y bien", lanzada con ese tono entre el sarcasmo y la advertencia que ya se ha convertido en seña de identidad de sus intervenciones.
Breve conversación con AraInfo
Antes de que arrancara su ponencia, AraInfo tuvo la oportunidad de charlar brevemente con el científico. En la conversación de siete minutos, en formato de entrevista, le planteamos preguntas sobre el combate de las ideas negacionistas o cómo explicar la teoría del decrecimiento a los sectores populares ya empobrecidos. También quisimos conocer su opinión respecto al despliegue de las macrorenovables en Aragón.
"Cuando se habla de decrecimiento no se está hablando de que personas individuales tengan que decrecer su consumo, se está hablando de que como sociedad se disminuya el derroche", ha defendido Turiel. Y en este mismo sentido ha relatado que "la teoría del decrecimiento propone enfrentar de forma democrática y planificada, discutida entre todos. Justamente para garantizar un bienestar para la mayoría de la población". Y para apuntalar esta estrategia para enfrentar la compleja situación actual ha señalado que "hay estudios que revelan que podríamos mantener el nivel de vida actual, o mejorarlo, consumiendo sólo el 10% de la energía y materiales que consumimos en la actualidad, simplemente porque la inmensa mayoría se derrocha para que alguien gane mucho dinero".
Respecto a la irrupción desordenada de los grandes parques eólicos y fotovoltaicos en Aragón el científico ha trasladado no estar "muy de acuerdo" con este "despliegue especulativo y desmesurado sin ninguna proporción lógica". "Lo que habría que hacer es sentarse a planificar. En Aragón ya hay demasiados parques, ya hay un exceso", ha recalcado.
"Estamos socavando las bases que sostienen la vida humana"
Turiel abrió su conferencia recordando los nueve límites planetarios definidos por Rockström y Steffen, un marco científico que identifica las fronteras ecológicas que no deberíamos rebasar si queremos mantener la estabilidad del sistema Tierra. La lista es sobradamente conocida en círculos académicos, pero no por ello menos alarmante: cambio climático, integridad de la biosfera, ciclo del nitrógeno y fósforo, uso de agua dulce, cambio en el uso del suelo, acidificación de los océanos, contaminación química, agotamiento del ozono estratosférico y aerosoles atmosféricos. "La mayoría ya los hemos superado", advirtió, "y eso implica que estamos socavando las bases que sostienen la vida humana en el planeta".
A partir de ahí, el científico del CSIC centró su intervención en el reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que reconoce las tasas de declive del petróleo y del gas, un informe que ha suscitado un fuerte debate internacional y que él mismo comentó en su blog The Oil Crash. El diagnóstico es contundente: los yacimientos actuales se agotan a un ritmo acelerado, con caídas naturales de producción del 5% al 9 % anual. Para compensar este declive habría que hacer inversiones millonarias en mantenimiento y modernización de los campos actuales, al tiempo que apenas podemos contar con nuevos yacimientos.

Turiel insistió en que la narrativa dominante de los últimos años, la del "pico de demanda" no se sostiene. El problema no es que vayamos a consumir menos petróleo porque decidamos voluntariamente hacerlo, sino porque no podremos extraerlo al ritmo que necesita la economía global. "El petróleo barato y abundante se acabó. Lo que queda es más caro, más difícil de extraer y con menor retorno energético", señaló. La conclusión es clara y preocupante: "si no ponemos mucho dinero, no habrá petróleo ni gas". Turiel recordó dos importantes claves: apenas consumimos el 20% de la energía en forma de electricidad (es difícil electricar muchos sectores) así como el hecho de que las renovables apenas suponen el 10% de la energía primaria consumida en el mundo. La transición verde simplemente no es tal.
El público, entre expectante y preocupado, escuchó cómo Turiel detallaba las implicaciones de este escenario. Una caída acelerada de la producción supondría una concentración mayor del suministro en unos pocos países con yacimientos gigantes de declive lento —como Arabia Saudí o Irán— y dejaría a regiones como Europa en una posición de vulnerabilidad extrema.
Pero incluso con inversiones multimillonarias, la paradoja es evidente: destinar recursos crecientes a mantener los combustibles fósiles contradice frontalmente los compromisos climáticos, cada vez más desdibujados en el panorama político europeo. Invertir más en petróleo y gas alarga la dependencia y retrasa la transición, al tiempo que agrava las emisiones en un momento en que la ciencia reclama reducciones rápidas y profundas. Empecinarnos en mantener el nivel de consumo energético al que estamos acostumbrados se vuelve cada vez más difícil. Turiel propuso abundantes ejemplos de cómo podríamos reducir hasta un 90% nuestro consumo energético sin perder calidad de vida. "habrá que compartir la lavadora entre otras muchas cosas y cambiar el chip, eso sí" evocando sin nombrarlo un horizonte político aún tabú: el decrecimiento deseado de la esfera material y enérgetica de nuestras economías.
La charla concluyó con un mensaje claro y directo: "el crecimiento ilimitado ha terminado". Frente a esa constatación, Turiel apeló a la necesidad urgente de preparar alternativas resilientes y comunitarias, de reorganizar nuestras economías y formas de vida para adaptarnos a un planeta que ya ha marcado sus límites. Entre el calor sofocante y los abanicos en movimiento, la sensación que quedó flotando fue que la crisis energética y climática ya no es un debate académico sobre el futuro lejano, sino que la actualidad ya nos presenta crudamente los problemas referidos por el investigador.




