Roubaix

Grande y eterna. El trazado, el recorrido, por encima del ciclista, sea Tadej, Eddy o quien quiera desafiar al penúltimo sinsentido del ciclismo de antaño, el que nunca muere

02 mayo, 2025. 10:46
Trazado de la Paris - Roubaix.

El domingo 13 de abril se disputó una nueva edición de la París-Roubaix, la número 125. Este año, perezoso, terminé viéndola por internet. Pogacar se me empieza a atragantar un poco. Cada uno es como es, y por eso retomo el magistral libro "Monumentos", que estuve leyendo el año pasado con la idea de aprender, disfrutar e inspirarme. Y escribir, sobre el denominado Infierno del Norte.

Un exceso de foco mediático sobre una carrera, un recorrido, que no necesita mucha presentación para el buen aficionado al deporte de las dos ruedas. Culto y respeto para la reina de las clásicas, desde 1896. Hace un tiempo ya me aproximé a estos Monumentos del ciclismo, pero necesitaba tiempo, lecturas e inspiración. Vamos con la Paris-Roubaix.

Las carreras a larga distancia comienzan a proliferar a finales del XIX, un fervor auspiciado por el maravilloso invento de los hermanos Michelin: el neumático intercambiable que permitía recorrer kilómetros y kilómetros sin riesgos. Una prueba que se llenará de anécdotas, como la participación de Marshall Comandante Taylor en la primera Roubaix, la segunda persona de color (afroamericana) en conseguir un título mundial en una competición deportiva.

En la Roubaix se registró el primer dopaje certificado en la historia del ciclismo. El protagonista fue Arthur Linton, que en 1897 se impone, llegando a meta en un estado lamentable, al borde del colapso, tras caídas, fallos mecánicos, cansancio y varios despistes en ruta. Le dieron estricnina para empujar imposibles. Falleció en julio de ese mismo año.

La Pascale, así denominada por celebrarse el domingo de Pascua, de Resurrección, una fecha que fue oscilando por los vaivenes competitivos. Historias de trenes, barreras y pasos a nivel, de luchas incansables por domar el Infierno del Norte.

Paris - Roubaix | @UCI_cycling

Una carrera que nos cuenta la vieja historia del ciclismo, como la prohibición británica de competir en pruebas que no se realizasen en velódromos o circuitos cerrados, una decisión que nos parece una estupidez clasista, ya que la bicicleta en libertad era un elemento fundamental para la movilidad de la clase trabajadora. A principios de los años cincuenta la Roubaix tuvo su época dorada, ya que todos los campeones de la época ansiaban llegar victoriosos al velódromo de Roubaix, fueran Coppi, Van Steenbergen o Bobet. Una clásica peleada y en peligro, por su peculiar recorrido, ya que el pavé fue engullido por la modernidad del asfalto y la mejora de las condiciones de la red vial. En los años sesenta hubo recorridos con apenas un diez por ciento de adoquinado. Las autoridades locales se negaban a maltratar a su electorado con aquella locura de traqueteo sinsentido.

Y llegó Arenberg en 1968, gracias al ciclista y minero Jean Stablinski, conocedor de esa zona, por trabajo, recomendando la famosa pista de pavés de unos dos kilómetros y medio, húmeda, oscura, hipnotizante en sí. Trinchera y bosque, obsesión etérea, fugaz. Mi experiencia personal hace dos décadas largas me lleva al paso por ese bosque, sin entender exactamente ese traqueteo y a esos locos ciclistas, luchando por sobrevivir. Me enamoré de estas pulsión prohibida, única, en un mundo que solo miraba y admiraba a los que ganaban el Tour o la Vuelta.

Los duelos eternos los dejamos para otras escrituras. Aquí nos quedamos con disfrutar del traqueteo hipnótico de las calzadas empedradas, de pedrusqueros, como Gilbert Duclos-Lassalle, compitiendo en 1992 con unas horquillas de suspensión de bicicleta de montaña, de mitos como Johan Museeuw o Tom Boonen. O del más grande, o eso dicen y escriben, de Roger de Vlaeminck, El Gitano, que hacía entrenamientos de 400 kilómetros diarios para preparar clásicas como esta; contra peor, mejor. Así es la Roubaix. Grande y eterna. El trazado, el recorrido, por encima del ciclista, sea Tadej, Eddy o quien quiera desafiar al penúltimo sinsentido del ciclismo de antaño, el que nunca muere.

Firma

Noticias relacionadas

· PUBLICIDAD ·
· PUBLICIDAD ·
· PUBLICIDAD ·
· CANAL TELEGRAM ARAINFO ·
· CANAL WHATSAPP ARAINFO ·