Ignacio Messina: “Las cajas de resistencia, en apoyo a las huelgas, van a ser protagonistas en el marco de las relaciones laborales aragonesas”

Messina es investigador especializado en relaciones laborales, y en la entrevista destaca que a su juicio “a pesar de la estrategia de los sindicatos ‘de la paz social’ y de las campañas en contra de las patronales y sus medios de comunicación contra el derecho de huelga, esta sigue siendo una de las herramientas fundamentales en la conquista o defensa de derechos laborales para el conjunto de la clase obrera. Para su buen desarrollo son importantísimas las cajas de resistencia”.

02 septiembre, 2024. 07:00
Ignacio Messina: “Las cajas de resistencia, en apoyo a las huelgas, van a ser protagonistas en el marco de las relaciones laborales aragonesas”
Foto: Claudi López Berga

De ojos vivaces y verbo ágil, Ignacio Messina, es investigador especializado en relaciones laborales en la Universidad del País Vasco. Messina, junto con el profesor Jon Las Heras, ha publicado recientemente un artículo titulado "Union Strategies in Conflict: A Comparative Study of Strike Fund Institutionalisation and Infrastructural Resources" en la revista British Journal of Industrial Relations.

En este artículo, los autores realizan un análisis comparativo de diez sindicatos en el Estado español, explorando sus estrategias de renovación y la implementación de sus recursos de poder en contextos de conflicto y huelga. El estudio destaca un notable florecimiento de las cajas de resistencia en el Estado, subrayando su importancia crítica para la articulación de la acción colectiva en la actual y compleja coyuntura.

El artículo se titula estrategias en conflicto, ¿a qué se refiere?

Durante la investigación, exponemos que existen diferentes estrategias sindicales en el Estado español en torno a la renovación sindical y a la forma de entender el conflicto en las relaciones laborales. Identificamos dos estrategias que, aunque no son monolíticas ni homogéneas, se encuentran en tensión permanente y nos ayudan a entender las dinámicas generales de acción sindical en el Estado, así como a identificar diferencias entre los sindicatos.

La primera estrategia, la del diálogo social, en la que podemos incluir a sindicatos como CCOO, UGT o USO, prioriza la participación institucional y la concertación como herramientas de influencia política y acceso a recursos institucionales. Esto se manifiesta en la defensa de acuerdos tripartitos enmarcados dentro de la paz social y en dar prioridad a la negociación colectiva a nivel estatal.

La segunda estrategia, la del sindicalismo de contrapoder, en la que podemos incluir a los sindicatos nacionalistas vascos ELA y LAB, a los gallegos como la CIG, así como a OSTA en Aragón o, a nivel estatal, a CGT y CNT, da centralidad al conflicto en las relaciones laborales. Estos sindicatos, críticos con el diálogo y la paz social, destinan diversos recursos de poder a la organización en los espacios de trabajo y a la dinamización y potenciación de la negociación colectiva. Una de sus principales características es el uso de la huelga y la disposición de herramientas, como las cajas de resistencia, para ser más efectivos en la acción colectiva.

Pero si tenemos en cuenta los datos europeos de las últimas décadas, existe una merma en la utilización de la huelga como herramienta sindical. En este sentido, ¿por qué es importante estudiarlas en la actualidad?

Si bien es cierto que la utilización de la huelga como herramienta de acción sindical ha descendido de forma generalizada, existen honrosas excepciones que evidencian que la huelga puede seguir siendo una de las mejores armas de los sindicatos en la búsqueda de sus objetivos. Una de estas excepciones la encontramos en el País Vasco. La investigación desarrollada por Jon Las Heras y Lluís Rodríguez en el año 2021 muestra que este territorio concentra la mayor cantidad de huelgas que se desarrollan en toda Europa. Esta es una clara evidencia de las estrategias de confrontación de las que hablábamos antes y que son impulsadas por los dos sindicatos con mayor representatividad: ELA y LAB.

Para comprender la dimensión de esto, es importante tener en cuenta que la huelga ha sido objeto de un ataque sistemático por parte de las patronales y sus representantes, algo que no es nuevo pero que se ha profundizado principalmente con el auge del neoliberalismo. La caída en el uso de la huelga se debe entender dentro de este marco. Esta ofensiva se desarrolla de forma multidimensional, ya que afecta los ámbitos legales, culturales, económicos, políticos e incluso tecnológicos. Para tomar dimensión de este problema, podemos reflexionar sobre dos ejemplos.

Primero, la ofensiva cultural sobre la huelga: los medios de comunicación atacan de forma sistemática cualquier acción colectiva con el discurso recurrente de que "en las huelgas perdemos todos y todas" y que estas acciones buscan el beneficio de unos pocos en contraposición del interés general. Este discurso se repite especialmente contra las huelgas en sectores como la educación, la salud y el empleo público.

Segundo, la ofensiva jurídica: la estructura del derecho a la huelga ha sido diezmada sucesivamente durante años. Por un lado, ha habido un aumento en los castigos a las acciones derivadas de la propia huelga, como los piquetes u otras medidas de acción directa. Existen muchos casos, pero podemos pensar en las seis compañeras de la Suiza, quienes injustamente se encuentran afectadas por este marco represivo. Por otro lado, las restricciones en materia de servicios mínimos limitan el ejercicio de la huelga, imponiendo límites del 90-95%.

Con todo esto quiero decir que hacer huelga se ha vuelta más complejo y los sindicatos deben destinar mayores cantidades de recursos organizacionales para que sus acciones sean efectivas. Nuestra investigación muestra como algunos sindicatos han tomado la decisión política de destinar recursos económicos a construir cajas de resistencia, como una herramienta organizacional que permite hacer frente a estas dificultades.

Ignacio Messina: “Las cajas de resistencia, en apoyo a las huelgas, van a ser protagonistas en el marco de las relaciones laborales aragonesas”
Foto: Claudi López Berga

Podrías profundizar en esta línea, ¿Qué son las cajas de resistencia y cómo surgen?

Claro, las cajas de resistencia surgen desde que existe la huelga en sí misma, aunque no con la misma estructura organizativa. Desde el momento en el cual un grupo de personas trabajadoras han realizado una huelga, han tenido que afrontar la dificultad de no percibir ingresos, esto genera la necesidad de poder suplantar esa carencia por el tiempo indefinido que dura la huelga, esto puede manifestarse como una caja, como una olla popular u otras expresiones de solidaridad que dependen mucho del contexto de la huelga.

Estas cajas las definimos como espontaneas, ya que surgen dentro del conflicto y, aunque tienen muchas cosas positivas, como es la socialización del conflicto, la capacidad de apoyar económicamente a las huelguistas y fomentar la solidaridad de clase. También tienen grandes dificultades, como el hecho de no tener fondos previos, la inmediatez de tener que organizar y gestionar una caja de resistencia de forma paralela a la huelga, lo que genera un gasto de energía y supone más trabajo a la organización del conflicto, como también la incertidumbre de no saber si los fondos van a alcanzar para afrontar la huelga.

Durante nuestra investigación nosotros nos dedicamos a investigar las cajas de resistencia institucionales, ósea aquellas que forman parte de la infraestructura organizacional de los sindicatos. Para nosotros las cajas de resistencia son la sistematización de la solidaridad intra-organizacional, ya que las afiliadas contribuyen con su cuota en la constitución de la caja de resistencia y en garantizar la seguridad de los ingresos para las huelguistas. Estas cajas tienen reglamentos internos que las regulan y construyen un marco de certidumbre para su utilización en el mediano plazo permitiendo funcionar no solo como una herramienta que construye marcos de seguridad para la acción colectiva, sino que también afecta a las empresas y gobiernos, ya que les obliga a reconfigurar su repertorio de acciones para gestionar los conflictos laborales.

Me parece muy importante remarcar que el hecho de que un sindicato tenga una caja de resistencia, no lo convierte de forma automática en una organización que ponga en el centro de su estrategia la confrontación y el uso de la huelga. Para sacar verdadero provecho de esta herramienta, debe articularse con una estrategia de contrapoder, ya que, si no, corre el riesgo de convertirse en objeto decorativo, incapaz de dinamizar los conflictos en los espacios de trabajo y de maximizar la negociación colectiva.

En el artículo haces referencia a distintos sindicatos que han impulsado estas cajas en el siglo XXI, ¿Quiénes fueron y cuáles fueron los principales motivos que los llevaron a tomar esta decisión?

En el siglo XXI fueron primero la CIG, ESK, LAB, OSTA y, por último, la CNT en constituir las cajas de resistencia institucionales. Aunque existen matices entre sus motivos, podemos decir que uno de los principales argumentos era la importancia de poner en el centro de su acción sindical a la huelga, entendiendo que el complejo escenario en el cual se desarrollan las relaciones laborales exige a los sindicatos disponer de una herramienta que permita afrontar acciones colectivas a mediano y largo plazo. Para estos sindicatos, las cajas no solo significan una herramienta de apoyo económico, sino que forman parte de sus estrategias de confrontación y disputa en los espacios de trabajo. Esperan que, al apostar organizacionalmente por esta herramienta, se fomente el ejercicio huelguístico y se desarrollen dinámicas de solidaridad en las empresas donde, principalmente, se logren los objetivos expuestos en cada conflictos. En este sentido, fue la efectividad de la acción huelguística de los sindicatos que tenían caja lo que sirvió como un faro para que se propagase esta herramienta organizativa. Es importante destacar que la implementación de las cajas de resistencia fue un proceso de aprendizaje intersindical. Con esto me refiero al asesoramiento que recibieron los sindicatos por parte de aquellos que ya tenían cajas, lo que permitió que se produjera un efecto de solidaridad entre sindicatos. Un proceso que me parece muy interesante e importante en la actualidad y que expresa que todavía existen posibilidades de desarrollar dinámicas de alianzas entre los sindicatos de contrapoder.

Si tenemos en cuenta este proceso de aprendizaje, ¿Qué diferencias existen entre las cajas de resistencia?

Existen diferencias en materia de financiación: no todos los sindicatos destinan los mismos recursos a las cajas. ELA, por ejemplo, es el sindicato que más recursos destina, el 25% de la cuota de afiliación; en contraposición, USO destina el 2,5%. Estas sustanciales diferencias nos ayudan a comprender la centralidad, o no, de la huelga y el uso de las cajas en las estrategias de los distintos sindicatos. A la hora de pagar, la mayoría de las cajas suelen hacerlo en relación al salario mínimo interprofesional, con las excepciones de LAB y ELA, que pagan por encima.

Un punto interesante y que expresa el dinamismo de este tipo de herramientas, fue el cambio que realizó OSTA respecto a los días de pago de su caja. En distintos casos, las cajas suelen activarse al tercer día de huelga, una normativa que expresa una modalidad de huelga más típica del País Vasco, donde desarrollan huelgas indefinidas de extensa duración. Se me ocurre ahora mismo la huelga de Novaltia de tres años y ocho meses. Pensando en las características excepcionales del territorio donde desarrolla su actividad, OSTA redujo este requisito para que, no solo una mayor cantidad de huelguistas puedan hacer uso de la caja de resistencia, sino también poder impulsar la acción colectiva organizada.

Reflexionando en clave aragonesa, ¿Cómo piensas que van a afectar la puesta en marcha de las cajas de resistencia por parte de sindicatos del territorio, al marco de relaciones laborales aragonés?

Es una pregunta compleja, creo que la apuesta por un sindicalismo combativo, que da centralidad a la huelga y destina recursos para que sea efectiva, entra, irremediablemente, en choque con las estrategias del diálogo social de CCOO y UGT. En este sentido, podemos entender que las cajas de resistencia, que expresan otra forma de hacer sindicalismo, en el corto o mediano plazo, van a ser protagonistas en el marco de las relaciones laborales aragonesas. Su articulación dinamizará conflictos y potenciará la negociación colectiva, como se ha visto en otros territorios, lo que construye un marco propicio para la acción sindical y la organización en los espacios de trabajo.

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