En memoria del cura Pérez

Un 14 de febrero de hace veintiséis años fallecía el cura Pérez en Colombia. "No puedo vivir la fe en mi pueblo, sin compartir el destino de los explotados hasta las últimas consecuencias", dijo.

14 febrero, 2024. 11:22
Cura Pérez en la guerrilla | Foto: Yolanda Liesa y Francisco Palacios

Gregorio Manuel Pérez Martínez, más conocido como "el cura Pérez" o "Poliarco" en una etapa muy concreta de su vida, nació el 9 de mayo de 1943 en Alfamén, comarca de Carinyena, siendo el mayor de dos hijos de una familia de agricultores. Son múltiples los testimonios que nos hablan de una persona extremadamente sensibilizada con la miseria durante la infancia en su pueblo natal, donde se le sigue recordando con mucho cariño. Al inicio de su adolescencia ingresó al Seminario Menor de Alcorisa, en el que recibió enseñanza básica para pasar posteriormente al Seminario Mayor de Zaragoza, en el que cursaría estudios de teología y filosofía.

Dichos estudios en ocasiones excedían el currículo nacionalcatolicista de la Iglesia franquista, lo que le permitiría aproximarse al materialismo filosófico y acercarse al marxismo. En este periodo como seminarista cabe destacar los vínculos que fue estableciendo a lo largo de los años con la JOC –Juventud Obrera Cristiana– en Zaragoza y con el grupo de los Fils de la Charité en Francia, formado por "curas obreros" con los que Manuel acabaría compartiendo largas temporadas trabajando durante sus vacaciones y que se tornarían esenciales en su proceso de toma de conciencia de clase.

De este modo, junto a sus compañeros seminaristas José Antonio Jiménez y Domingo Laín, provenientes de Ariño y Paniza respectivamente, deciden enfocar su ministerio presbiterial hacia las misiones como forma de entrega total a las personas más empobrecidas. Asimismo, es preciso conocer el papel que supondría en la vida de estos tres jóvenes la figura de Camilo Torres, sacerdote colombiano que se vincularía al recién constituido ELN –Ejército de Liberación Nacional– en 1965, de quien mañana, 15 de febrero, se cumplen cincuenta y ocho años de su asesinato a manos del Ejército de Colombia en Patio Cemento. Quizá su cita más icónica sea: «lo que me hace fundamentalmente sacerdote es hacer que mis hermanos se amen entre sí en una forma eficaz, y yo creo que la eficacia del amor no se logra sino con la revolución», pronunciada al verse obligado a abandonar el sacerdocio poco antes de ingresar en la guerrilla.

Así pues, Manuel, José Antonio y Domingo se formarán como misioneros en el Seminario Hispanoamericano de Madrid, siendo finalmente ordenados sacerdotes por el Papa Pablo VI, pontífice cercano a posiciones cristianas de liberación, impulsor del Concilio Vaticano II, quien llegó a defender en sus encíclicas el derecho a la insurrección armada de los pueblos oprimidos. Movidos por el testimonio de Camilo, su principal objetivo como misioneros será Colombia, destino que Domingo consiguió. No obstante, Manuel y José Antonio serán destinados a República Dominicana, país del que serían expulsados al poco tiempo dada su integración e implicación en los barrios obreros. Es entonces cuando aprovechan para reunirse junto con Domingo en Colombia donde, una vez más, se integran plenamente en la vida y las luchas de la clase obrera. Tanto es así y tanta es la relevancia que comienzan a adquirir en las demandas revolucionarias del proletariado local, que acabarán siendo nuevamente expulsados y repatriados, esta vez los tres.

Poco después, tras visitar Aragón por última vez, deciden regresar a Colombia, pero esta vez desde la clandestinidad y con diferentes medios, aunque mismos fines. Han tomado la firme decisión de seguir los pasos de Camilo vinculándose al ELN. Manuel sostendría posteriormente que la lucha armada nunca fue su intención, sino la respuesta pragmática a unas condiciones materiales de pobreza extrema inimaginable desde su entorno directo. Al poco de ingresar en la guerrilla dirá: "Porque no puedo vivir la fe en mi pueblo, sin compartir el destino de los explotados hasta las últimas consecuencias".

José Antonio fallecería a causa de un golpe de calor y Domingo, que comenzaba a ascender posiciones en la estructura orgánica guerrillera, sería asesinado por el Ejército de Colombia del mismo modo que Camilo.

Manuel, por su parte, destacó desde muy pronto en la organización, lo que le llevaría a acabar siendo Comandante en Jefe del ELN, tras superarse los debates internos producidos acerca de la participación cristiana en una organización de corte marxista-leninista confeso. La actividad armada del ELN bajo la dirección de Manuel tendría como consecuencia su excomunión, hecho que Manuel vivió con sumo dolor. No obstante, esto no supuso que dejase de sentirse profundamente cristiano y sacerdote para siempre. En una entrevista mantenía con claridad conspicua: "Yo creo que el cristianismo es una motivación para el compromiso revolucionario. Si yo no hubiera tenido la motivación que tuve, ¿sería cristiano? Tal vez no, tal vez sí. Pero hoy esa motivación para mí es fundamental y es una motivación que se ha enriquecido mucho y que se ha ido transformando con lo que ha sido mi vida. Porque yo he llegado a la convicción profunda de que es en esta historia donde se tiene que dar la liberación, en esta historia se debe dar la salvación, en esta historia, es aquí donde debe darse una respuesta. Lo que a mí me habían echado para el otro mundo lo he traído a este mundo y a esta historia. Y es ahí donde yo vivo plenamente mi fe y mi compromiso. Yo sigo manteniendo mi motivación de fe. El cristianismo es una motivación, no es la ciencia para la revolución. La ciencia para la revolución es el marxismo".

Pasó el resto de sus días en la clandestinidad desde las montañas de Colombia al frente del ELN, llegando a recuperar a la organización de una de sus mayores crisis, implantando un programa de formación marxista-leninista en toda la guerrilla y trabajando los cuidados desde la base. Asimismo a nivel personal tendría una pareja y una hija, con quienes las condiciones de la guerrilla le impedirían poder mantener una relación familiar. También recibió en una ocasión la visita de su hermano menor, tras la llegada a su familia de varias noticias falsas informando de su abatimiento en combate. Finalmente, el 14 de febrero de 1998 fallecería enfermo de hepatitis. El 6 de abril de ese mismo año se le despidió de manera oficial desde el Comando Central bajo la dirección de Nicolás Rodríguez "Gabino".

Veintiséis años después de su muerte su recuerdo imborrable continúa presente en la memoria elena, la tierra aragonesa que le vio nacer y toda la militancia internacionalista.

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