El ataque de Rusia a Ucrania ya es un hecho tras semanas de tensiones, rumores, mentiras y acusaciones mutuas entre el Kremlin y Occidente. Un paso más en un conflicto enquistado, que se inició en 2014 con la guerra en el Donbass y la anexión de Crimea. "He tomado la decisión de iniciar una operación militar especial", ha dicho el presidente ruso Vladimir Putin en una declaración televisada poco antes de las 4.00, hora en Aragón, de este jueves.
La noticia llegaba apenas 48 horas después del reconocimiento de Moscú a la independencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, cuyos dirigentes solicitaron este miércoles "la ayuda de Rusia" para "repeler la agresión de Kiev".
La justificación de Putin: "Proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años". "Para ello -ha añadido el mandatario ruso-, nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Y también para llevar ante la justicia a quienes han cometido numerosos y sangrientos crímenes contra la población civil, incluidos los ciudadanos de la Federación de Rusia".
Dicho y hecho. Aunque las informaciones que llegan siguen siendo muy confusas, fuerzas rusas han atacado con armas de alta precisión objetivos ucranianos por todo el país: un total de 74 infraestructuras militares, baterías antiaéreas y bases aéreas. El Ministerio ruso de Defensa asegura que no están atacando ciudades ucranianas. "No hay ninguna amenaza a la población pacífica, ni a instalaciones civiles", señalan en un comunicado.
Los ataques aéreos se han producido "a lo largo de la línea de separación de fuerzas en el Donbass", en Mariúpol y Kramatorsk -considerada la base militar ucraniana en la región de Donetsk-, ha informado el Ejército ruso, pero también en la capital -Kiev-, en Ivano-Frankivsk, Jmelnitsky, Chernígov, Járkov, Odessa -la base más importante de la flota ucraniana del mar Negro-, Nikolaev y Jerson -región limítrofe con la península de Crimea, donde han entrado tropas rusas-. Las tropas rusas también han tomado "el control completo" del área de la central nuclear de Chernóbil, al norte de Ucrania, según un comunicado del Ministerio de Defensa de Rusia.
Moscú también ha ordenado el cierre del espacio aéreo sobre toda la frontera con Ucrania hasta el próximo 18 de mayo. Desde el Kremlin señalan que la operación durará "cuanto sea necesario" y que Putin será el que tome la decisión. También niegan que el objetivo sea ocupar Ucrania.
Por su parte, el Gobierno ucraniano ha denunciado una "invasión a gran escala", ha decretado la ley marcial y ha llamado a la población a "defender el país". "Esta es una guerra de agresión. Ucrania se defenderá y ganará. El mundo puede y debe detener a Putin. El momento de actuar es ahora", ha afirmado el ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, en un mensaje en Twitter.
Fuentes de Kiev hablan de decenas de víctimas mortales, mientras miles de civiles se apresuran a salir del país. También aseguran de la existencia de combates en varios puntos de Ucrania con fuerzas terrestres rusas, información que no ha sido confirmada por fuentes independientes. El presidente de Ucrania, Volodomir Zelensky, ha anunciado que rompe todas las relaciones diplomáticas con Rusia y ha ordenado "causar las mayores pérdidas posibles al invasor".
El presidente de la República Popular de Donetsk, Denis Pushilin, ha mostrado su esperanza de que "el movimiento de liberación" emprendido por Rusia sea "bastante rápido". "Puedo decir que terminará pronto", ha señalado, según recoge Naiz.
Washington ha condenado el ataque que ha calificado de "no provocado e injustificado" y ha anunciado que se reunirá con los aliados de la OTAN para "asegurar una respuesta fuerte" que amenaza con aislar a Rusia y "de unidad que disuada cualquier agresión contra la Alianza". El presidente de EEUU, Joe Biden, ha asegurado que Putin "ha escogido una guerra premeditada que traerá una pérdida catastrófica de vida y sufrimiento humano". "El mundo hará que Rusia rinda cuentas", ha zanjado para reiterar que su país no va a intervenir militarmente en Ucrania, aunque sí que ha anunciado "el despliegue de más fuerzas en Alemania" y "reforzar las tropas de la OTAN en las fronteras orientales de la Alianza", además de "proporcionar suministros adicionales para disminuir el dolor en Ucrania".
"Se trata de una grave violación del Derecho Internacional y una grave amenaza para la seguridad euroatlántica. Estamos con el pueblo de Ucrania en este terrible momento. Haremos todo lo necesario para proteger y defender a todos los aliados", ha afirmado el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. El próximo viernes, la OTAN celebrará una cumbre extraordinaria para analizar la operación militar rusa en Ucrania.
Por su parte, la Unión Europea ha pedido a Rusia que detenga su ataque y retire sus tropas. "Vivimos los momentos más oscuros desde la Segunda Guerra Mundial", ha dicho la UE en un comunicado. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha vuelto a amenazar con "sanciones masivas" contra la economía rusa. Unas sanciones que ya se iniciaron esta semana "limitando el acceso financiero de Rusia a nuestros mercados financieros y de capitales", según dijo el alto representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha apostado por la mano dura, solo apoyado por un PP en horas bajas con un Pablo Casado en sus últimos días al frente, afirmando que "la UE y los aliados queremos demostrar al gobierno de Putin que las violaciones sobre el derecho internacional y la integración territorial no deben quedar impunes". "Queremos garantizar la paz y si queremos que sea efectiva debemos de detener las agresiones del gobierno de Putin", ha añadido para anunciar que el Consejo Europeo "dará una respuesta coordinada". Mientras tanto, su socio de gobierno, Unidas Podemos, reclamaba una solución diplomática de la mano de la ONU.
Hace ahora un mes, diversos sindicatos de clase, entre ellos los aragoneses CUT, OSTA y SOA, advertían de que "de nuevo los intereses económicos y geopolíticos de las grandes potencias amenazan y/o condicionan la vida en Ucrania, un país que no ha dejado de estar en guerra desde el golpe pro-occidental del 2014 conocido como Euromaidan", una respuesta violenta de "grupos de derecha y ultraderecha al acercamiento hacia Rusia del entonces presidente ucraniano Yanukovich". Estos sindicatos pedían entonces "una desescalada bélica y el fin del imperialismo de la OTAN" con un mensaje claro: "¡No a la guerra, sí a la vida!".




