1920-2020: La Zaragoza insurreccional, despedida del especial Centenario Libertario

Hace 100 años Zaragoza fue protagonista de un terrible escenario de luchas sociales en un contexto de crisis económica derivada del final de la I Guerra Mundial. Durante 12 meses gran parte de la ciudadanía participó en huelgas laborales, políticas e incluso por la carestía de los productos básicos. Otra parte, más minoritaria, se declinó por la acción directa provocando varios atentados mortales e incluso un intento de sublevar un cuartel militar. La situación provocó una crisis política sin precedentes con la destitución de varios concejales y la huida del Gobernador Civil. La respuesta de las autoridades para intentar frenar las luchas sociales era la vieja fórmula de siempre: violencia, detenciones, censura, cierre de sindicatos…

‘Crónica al alba’, de Ramón J. Sender; ‘Sindicalismo y conflictividad social en Zaragoza 1916-1923’, de Laura Vicente; y Diario de una ciudad libertaria. Zaragoza 1871-1936’, de Enrike García Francés. Foto: @arainfonoticias

Durante estos 12 meses de 2020 hemos recordado en AraInfo el año más importante en la historia de las luchas sociales de Zaragoza: 1920. Año con 27 muertes, huelgas generales, huelgas sectoriales, protestas por la carestía de la vida, bombas y atentados mortales, todo ello con la consecuente crisis política que conllevó la destitución de los concejales del Ayuntamiento, la huida del Gobernador Civil y una represión brutal por parte de las autoridades que llegaban a usar como brazo de la represión a grupos armados como el Somatén o Acción Ciudadana.

Hace unos días debatía con un amigo sobre el sentido de los artículos del Centenario Libertario. Me preguntaba y me hacía referencia a la objetividad de los artículos y al sentido y objetivo de los mismos. Difícil tratar de debatir o tratar de explicar a una persona que no es ni apasionada de la Historia ni coincide políticamente con las ideas libertarias. Aun así traté, de formación profesional, de explicarle sobre las dos cuestiones que me lanzaba.

Lo primero era recordarle que la Historia es objetiva, hay unos datos y unos acontecimientos y cualquier historiador que se precie trata de utilizar todas las herramientas para rescatar hechos históricos del olvido. Otra cosa bien distinta es el relato histórico, y aquí la objetividad del narrador o investigador es más difícil de mantener, máxime cuando todo lo relacionado con la memoria histórica, aún más si es libertaria, ha sido manipulada o silenciada durante décadas.

Lo segundo era situar y entender el contexto histórico que nada tiene que ver con el actual. En 1920 nos hallábamos inmersos en el periodo de la conocida como “crisis de la Restauración”. A la crisis política había que sumar la crisis económica derivada del final de la I Guerra Mundial (1914-1918) que golpeaba con dureza a la ciudadanía.

Frente a estas crisis, los sindicatos, en especial la CNT, luchaban por lograr mejoras sociales y económicas para la clase trabajadora. El triunfo de la “huelga de la Canadiense” fue el punto de inflexión para el Gobierno y la patronal. Ante este triunfo de la central anarcosindicalista, el logro de las 35 horas laborales, Gobierno y patronos pusieron en marcha una maquinaria de represión brutal. Maquinaria que incluía desde la censura y cierre de sindicatos al cierre de empresas, look out, y despido de trabajadores y trabajadoras sindicadas e incluso a la creación de auténticos grupos paramilitares que en poco más de cuatro años asesinaron a casi 500 sindicalistas, la mayoría en Catalunya, pero también en Zaragoza y otras ciudades. Los anarquistas respondieron con la misma violencia a través de los llamados grupos de acción, aunque cuantitativamente estaban muy lejos de las cifras de la violencia estatal no dejaban de tener su repercusión y su importancia cualitativa.

El tan manido dicho “la Historia la escriben los vencedores” no deja de ser cierto de tanto repetirlo y más en el Estado español donde la dictadura y la posterior transición trataron de borrar una parte muy importante y significativa de nuestra Historia. El mundo libertario fue doblemente vencido: por los fascistas y también por el resto de fuerzas que componían el llamado bando republicano… Y la izquierda una vez llegada la Transición. La historia y la importancia del movimiento anarquista han sido silenciadas durante décadas. Y estas dos evidencias daban respuesta a la segunda cuestión de mi amigo.

La serie de artículos del Centenario Libertario tratan de romper ese silencio. La práctica totalidad de las historias narradas durante estos 12 meses son del desconocimiento absoluto de la casi totalidad de zaragozanos y zaragozanas. Exceptuando los dos acontecimientos ensalzados y recordados por la prensa y sociedad conservadora de la ciudad; el intento de sublevación del Cuartel del Carmen y el atentado contra los esquiroles de la huelga de gasistas, del resto de sucesos prácticamente ni se tiene conocimiento ni aparecen en casi ningún libro de Historia. Ramón J. Sender inmortalizó en su Crónica al alba los acontecimientos de la sublevación del Cuartel del Carmen y más recientemente el trabajo de Laura Vicente, Sindicalismo y conflictividad social en Zaragoza 1916-1923, y por el abajo firmante Diario de una ciudad libertaria. Zaragoza 1871-1936.

No se puede entender la historia de lo ocurrido en Zaragoza durante 1920 sin mirar en el resto del Estado: el trienio bolchevique en Andalucía que comprendía de 1918 a 1920 o el pistolerismo en Barcelona entre 1917 y 1923. Estos dos acontecimientos no sólo están estudiados, analizados y publicitados sino que incluso se citan en los manuales de Historia en los centros educativos. No así lo ocurrido en las calles de Zaragoza, oculto bajo un manto de silencio y desconocimiento.

Durante estos 12 meses hemos echado la mirada 100 años atrás para intentar comprender las luchas y sueños de parte de la ciudadanía de Zaragoza. Para rememorar los nombres de las 27 víctimas de aquel año insurreccional; la mayoría sepultadas para el manto de los vencidos. Y para sorprendernos de la virulencia y la determinación de una ciudadanía y una clase obrera que se enfrentaba y luchaba en el convencimiento de lograr un mundo mejor. Con el prisma actual nos sorprende la ingenuidad de Ángel Chueca y su puñado de soldados que intentaron hacerse con el Cuartel del Carmen para sublevar a toda la ciudad o la virulencia de unos grupos de acción que acabaron con la vida de varios esquiroles y un empresario; miembros alguno de ellos del Somatén, de la Federación Patronal otros. Nada que ver con las huelgas de hoy aquellas huelgas insurreccionales que incluían bombas, sabotajes y atentados. Y tampoco nada que ver la violencia estatal que se llevó por delante la vida de jóvenes sindicalistas, obreros, militares sublevados…

Nada queda en la memoria de Zaragoza de aquel 1920 exceptuando los memoriales y calles a las víctimas de la huelga de los gasistas. Desde AraInfo hemos intentado rescatar del olvido acontecimientos, nombres y sueños en la serie de artículos del especial Centenario Libertario.

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