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El derecho a la defensa

“Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad”, esta sencilla frase encierra (sobre todo) el reconocimiento del derecho a ser oído antes de ser culpado. Gran logro jurídico que establece la inocencia de las personas en tanto y cuanto no quede probada su culpabilidad. Ahora bien, llegados a este punto nos podríamos...
| 26 septiembre, 2016 07.09
El derecho a la defensa
Protesta en Iruñea contra las agresiones sexistas. Foto: @AhotsaInfo

“Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad”, esta sencilla frase encierra (sobre todo) el reconocimiento del derecho a ser oído antes de ser culpado. Gran logro jurídico que establece la inocencia de las personas en tanto y cuanto no quede probada su culpabilidad.

Ahora bien, llegados a este punto nos podríamos preguntar ¿Son validas todas las técnicas de defensa para desarticular la acusación? Pues hombre, me van ustedes a permitir que me posicione: NO, TODO no debería ser válido en la defensa de un presunto culpable.

En este momento parte de mis lectores se moverán inquietos en la silla que soporta sus posaderas ¡Que barbaridad! Dirán sin encomendarse a dios ni al diablo, ¿Cómo no va a poder un defensor usar cualquier procedimiento para demostrar la inocencia de su defendido? Y yo reitero: Pues NO.

No es lícito; ni ética ni social ni moral ni jurídicamente, someter a una víctima a la recreación  de su dolor por el uso de técnicas “abogadiles” irrespetuosas con la parte que es el centro del drama ¡Tendría que ser la victima el primer sujeto de protección!

Las defensas de “Los Prendas” -presuntos violadores de una mujer durante las pasadas fiestas pamplonesas- rozan el insulto a la inteligencia y lo lamentable es que está permitido.

Se encuentra muy cerca de la estulticia procesal basar la defensa  en el consentimiento y la aceptación cuando las pruebas establecen la violencia grupal de la que fue objeto la joven. Para más inri estas pruebas han sido proporcionadas  por los acusados al alardear de su hazaña con sus colegas. No estaría de más repensar si -este tipo de artimañas de la defensa- deberían ser causa de inmediata inhabilitación para el ejercicio de cualquier papel en el sistema judicial.

Resulta indecoroso que María tenga que escuchar que sus agresores eran unos  guapos ligones a los que no les hacía falta forzar a nadie para satisfacer sus deseos sexuales. Es del todo punto reprobable que María sea sometida a un interrogatorio para verse forzada a dejar constancia de su negativa a ser poseída en cadena por cinco orangutanes.

Las mofas, risas, improperios y comentarios grabados por “El Prenda” y sus secuaces son tan asquerosos que plantear la aceptación de los mismos por parte de la violada roza el calificativo de ensoñación de una mente enferma.

Tampoco tardarán en llegar las preguntas más soeces, ¿Gozabas mientras eras sucesivamente penetrada? ¿Dijiste NO alto y claro? ¿Gemías de dolor o de gusto?, o la madre de todas las preguntas que los jueces saltimbanquis no se resisten a hacer ¿Cerraste las piernas con fuerza para que no te metieran su “miembro viril”? (No dicen su nombre porque son muy finos).

Alucinada tú contestarás como buenamente puedas, quizás entre sollozos, tal vez roja de ira, con ganas de vomitar y de mandar a la mierda a los letrados y a su señoría que permite tal tipo de preguntas, pero aguantarás y dirás:

No señor, tenía las piernas abiertas por dos cafres mientras otro me penetraba, no gozaba nada.

Uno de los simios me tapaba la boca y me ahogaba apretando mi garganta, casi no podía respirar. Me tiraban del pelo para inmovilizarme al tiempo que pedían su turno como en la pescadería.

Estaba muy asustada y eran cinco bestias sujetándome, no podía resistirme. Me era imposible cerrar las piernas.

Aquí en una sociedad moralmente sana se produciría un tumulto en la sala que desbordaría a los encargados de seguridad y la multitud enardecida arrastraría por las togas a los preguntantes mientras les pateaba el culo hasta que cerraran con fuerza las piernas, quizás a los enfurecidos les diera por llenar de brea y plumas al presidente del tribunal por colaborar con una infamia y ser un cobarde consentidor de semejante simulacro de justicia.

Pero no sueñes, no pasará nada, te someterán a una segunda violación, a la de las preguntas que una porquería de sistema judicial permite realizar a los defensores de una subespecie animal denominada ciudadanos con derechos procesales. Sin embargo los derechos de los acusados no tendrían que estar por encima del respeto que mereces tú como agredida.

Para cuando llegue la sentencia que intente reparar el daño que te han ocasionado habrá un daño que será irreparable: El dolor gratuito que te ha sido proporcionado por las preguntas dirigidas a obligarte a justificar tu condición de mujer, porque no te engañes, lo que se juzga es tu condición de pecadora femenina, por ser mujer eres un saco de perversión irresistible para el macho en celo. Si eres mujer ya eres culpable porque eres portadora de la tentación indecente con la que algunos jueces intentan justificar que te violenten.

26 septiembre, 2016

Autor/Autora

José Antonio Luque, es socio de MHUEL (@MHUEL_), analista social y colaborador de AraInfo.


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