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Uerba, un río maltratado

Los problemas en torno al Uerba persisten y el más grave se aprecia a simple vista: el río cada vez tiene menos agua. De hecho buena parte del año lleva menos de la mitad de lo que se considera caudal ecológico que garantiza su sostenibilidad.
| 9 enero, 2018 07.01
Uerba, un río maltratado
Pantano de las Torcas.

El o la Huerva/Uerba. Un río con varios nombres y dos géneros que recorre parte del Aragón más despoblado y desemboca en Zaragoza capital. Un afluente del Ebro que permite conocer mucho de la realidad aragonesa concentrada en 128 kms. de recorrido desde la sierra de Cucalón.

Un río pequeño, que aporta al Ebro 67 hm3 anuales, pero que es conocido por discurrir por un largo tramo urbano por Zaragoza capital. Un afluente que nos habla de despoblación, de usos del agua y, por desgracia, de contaminación de las aguas.

De hecho entre las noticias que más recientemente nos han hablado del Uerba es un informe de la Confederación Hidrográfica del Ebro en que se sitúa entre los tres con mayor contaminación en su tramo final. En dicho informe se denuncia que hay presencia de hidrocarburos y de diversos metales pesados que, además, han pasado a la fauna y en varias especies de peces se encuentran restos de plomo y cromo.

El problema no es nuevo. Río Huerva, más sucio vas que la mierda cantaba la Bullonera hace unos cuantos años en sus coplillas del bimilenario.

Al Huerva se arrojaron durante años toneladas de residuos líquidos sin depurar, desde aguas negras a vertidos industriales. También se realizaron extracciones de gravas sin control, que producen erosión severa y pérdida de la capa vegetal, y proliferaron los vertederos ilegales.

La situación ha mejorado considerablemente, pero varios problemas en su cuenca se han quedado.

El detectado recientemente apunta a vertidos industriales sin control, pues se han encontrado metales asociados a labores de cromado y residuos de combustible parcialmente quemado como benzopireno. También hay contaminación orgánica de usos residenciales. En ambos casos es difícil establecer el punto de procedencia de los vertidos, aunque todo apunta al área industrial del entorno de Cuarte. Toda esa zona se ha poblado muy densamente en los últimos años, así que también es probable que se produzcan vertidos esporádicos sin depurar de algunas de las miles de nuevas viviendas.

Aguas arriba, otro problema no menor procede de la contaminación agrícola y afecta a los acuíferos que alimentan el cauce directamente. De hecho en la misma cuenca hay varias poblaciones que, puntualmente, no pueden consumir agua de boca por estar contaminada por nitritos y nitratos. Las captaciones irregulares de agua, la proliferación de granjas y la agricultura intensiva arrojan cantidades de sustancias que el Medio Ambiente es incapaz de asimilar.

Enlazando con la actividad agrícola también habría que citar el uso que se da al agua del río. Aunque el abuso de las extracciones de agua irregulares no es ni de lejos comparable al de ríos como el Jalón o el Jiloca, siguen existiendo pozos ilegales.

Por otro lado existen dos embalses, Mezalocha y las Torcas. El primero es un pequeño embalse construido en el s XVIII y plenamente integrado en el paisaje y el segundo es la típica obra hidráulica franquista, recrecido en 1973. Son obras de escaso impacto pero que reflejan la histórica carencia hídrica de un río con fuertes estiajes y que se seca completamente en grandes tramos meses enteros.

Hay que tener en cuenta que el Uerba no tiene ningún afluente y que sus aportes de aguas subterráneas son muy escasos. En los últimos años, con un descenso de precipitaciones, la situación se ha agravado y el nivel del río en la estación cercana a la desembocadura ha llegado a ser de 10cms de profundidad y se registraba un caudal tan inapreciable que la estación marcaba 0m/s.

La situación de falta de caudal va asociada a la pérdida de fauna y ha habido episodios críticos como en 2011 cuando se tuvieron que trasladar bancos de peces desde el pantano de Mezalocha por el riesgo de muerte por falta de oxígeno y el consiguiente deterioro ambiental.

Aún así, en el año 2000 se planteó un nuevo recrecimiento de las Torcas y, en paralelo, uno de esos proyectos irracionales que caracterizan a esta tierra: una toma de aguas en forma de trasvase a varios pueblos, pese a disponer ya de acuíferos y hasta del mismo río con un coste de más de 3 millones.

Esta pérdida de agua amenaza el entorno de un río que, al mismo tiempo, nos permite disfrutar de paisajes naturales preciosos, de lugares singulares como el entorno de Cerveruela, pueblo que circunda el cauce, las hoces del río o la presencia de fauna silvestre, desde cangrejo autóctono a nutrias.

También encontramos paisajes urbanizados, como el parque de Muel, entornos rurales singulares y varios puentes medievales.

Pero el medio rural que encontramos en las riberas nos ofrece una precisa fotografía de uno de los males que aquejan a Aragón: la despoblación.

Conocemos el río sobre todo por su paso por Zaragoza, pero hasta llegar a Muel atraviesa 15 poblaciones que en total suman menos de 2000 habitantes reales.

Es fácil recorrer toda la cuenca en bicicleta, por ejemplo, desde la angosta carretera que conecta el nacimiento en Fonfría con Ferreruela. En invierno es casi una hazaña por las bajas temperaturas, pero no es una hazaña menor cruzarse con algún habitante. Si bien en los aspectos ambientales el río va mejorando, el asunto de la despoblación parece no tener remedio y la demografía de todo el cauce superior va en retroceso.

El transporte público depende de un ferrocarril de puntualidad incierta y muchos pueblos no disponen tan siquiera de bus diario.

Por suerte las cosas cambian, aunque lentamente. El Uerba ya no es una sopa de contaminación, aunque muchos tramos en Zaragoza y en su entorno, en localidades como Cadrete o Cuarte, siguen estando deteriorados.

Hay programas de recuperación de riberas y reforestación y en los tramos urbanos se han creado parques y estabilizado la erosión de las márgenes.

Pero otros problemas persisten y el más grave se aprecia a simple vista: el río cada vez tiene menos agua. De hecho buena parte del año lleva menos de la mitad de lo que se considera caudal ecológico que garantiza su sostenibilidad.

La imagen del río en estos días de lluvias puede ser engañosa. Los ríos hay que vivirlos y, un primer paso, es conocerlos.

Buena idea es acercarse al Uerba, conocerlo en su totalidad si es posible y hacerlo un poco nuestro. A lo mejor nos sirve esa frase de conocerlo es quererlo.

9 enero, 2018

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


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