Altavoz

Trasvases entre cuencas. Errores repetidos

Los últimos meses han sido de polémica y movilizaciones en la cuenca del Tajo por la situación de emergencia del río, que ha visto en los últimos años reducirse su caudal hasta una situación crítica
| 28 mayo, 2017 07.05
Trasvases entre cuencas. Errores repetidos
Foto: Escarlati (CC-by-sa)

En la cuenca del Segura ya se da por hecho que este año no se podrá aprovechar más que una mínima parte del agua del Tajo, mediante el trasvase Tajo-Segura, tras años en que se ha acumulado un preocupante descenso de los caudales al tiempo que se sigue usando agua hasta exprimir el límite incluso por debajo del caudal ecológico.

La obra de este trasvase pretendía garantizar hasta 650 Hm3 anuales mediante la que fue una de las mayores obras de ingeniería del Estado español que conectó los embalses de cabecera en el Tajo con el de Talave en el Segura a través de un canal de casi 300km y cuya primera fase se concluyó en 1979, aunque empezó a entrar en servicio hace ahora 35 años.

Desde su inicio la cantidad de agua propuesta se reveló imposible. El trasvase ha ido muriendo a temporadas y ha sido resucitado, la última vez con un pacto de 2013 entre el ministro Arias-Cañete y varios gobiernos territoriales.

Desde entonces los encontronazos entre territorios han sido constantes y los embalses de Entrepeñas y Buendía están bajo mínimos y con una calidad ecológica lamentable. Aun así se autorizó trasvasar en mayo de este año 7,5Hm3.

En la práctica el río Tajo ha sido esquilmado y, dado el bajo nivel de agua, los contaminantes se han concentrado convirtiendo el cauce en una verdadera cloaca en algunos tramos. La reivindicación de las gentes del Tajo es simple y desesperada: salvar el río, recuperar el caudal mínimo ecológico y revitalizarlo, dado que en grandes zonas ya no queda fauna. De hecho una de las denuncias incide en que se ha llegado a usar en el trasvase la mitad del agua total que circula por el río.

¿Qué ha pasado aquí? Un mal que se repite y que han denunciado en repetidas ocasiones numerosos expertos en gestión del agua con respecto a muchas obras hidráulicas: planes irracionales y obsoletos.

Porque muchas obras que ahora vemos corresponden a planes casi centenarios. El trasvase del Tajo es una idea de 1902 que empieza a tomar cuerpo en 1932. Puede que en su momento tuviera sentido, con la tercera parte de población actual en la zona, asumiendo sistemas de regadíos altamente ineficaces y sin agricultura mecanizada ni turismo. Ahora está claro que no. El trasvase ha caducado y es a todas luces inviable e indeseable.

Por otro lado es una situación que se retroalimenta y se generan demasiadas expectativas antes de disponer del agua. Como se da por hecho que va a haber agua se planean más regadíos y otros usos dando por hecho el recurso, como si fuera constante e inagotable. Usos casi ilimitados para un bien limitado basados en criterios económicos pero no científicos.

¿Y esto qué nos importa en Aragón? Bastante, pues con el problema cada vez más acuciante y con unas exigencias de agua desproporcionadas para una zona semiárida se vuelve a escuchar hablar del trasvase del Ebro.

Un río Ebro que en pleno mayo de este año está a niveles de fuerte estiaje, con un caudal medio de 35 metros cúbicos por segundo, casi seis veces menos de lo normal.

No olvidemos que el trasvase del Ebro se llegó a aprobar en 2001 con un presupuesto inicial de más de 4000 millones de euros. Incluso se colocó una primera piedra en 2004 en Almería, durante el gobierno de Aznar, aunque finalmente se dio carpetazo al tema.

Pero por muy absurda que parezca esta obra faraónica las condiciones para ejecutarla podrían darse. Con un gran pantano de cabecera (¿Qué otra cosa será Yesa recrecido?) y una buena dosis de insensatez seguro que no faltarían constructoras dispuestas a llevarse la ingente cantidad de dinero que supondría la obra.

Porque los trasvases entre cuencas, aun sabiendo de que implican altas pérdidas de agua en el transporte y que son dañinos desde el punto de vista ambiental, se siguen haciendo. De hecho en el mismo Aragón se va a ejecutar el pantano de Mularroya que no es en puridad un trasvase entre cuencas, pero sí un sistema de bombeo entre los ríos Grío y Jalón. Ya ha surgido la duda de si estará garantizado el suministro de agua a los pueblos aguas abajo de este último río al detraer una importante parte del caudal.

También se están produciendo roces entre Aragón y Catalunya por plan fluvial de cuencas internas catalán  ante eventuales trasferencias de agua intercuencas. El tema es delicado y muy politizado desde hace tiempo.

Existen alternativas a los trasvases, que no sólo pasan por las desaladoras, por otro lado varias de ellas ya construidas e incluso subvencionadas desde la UE. Para empezar habría que replantear si unos planes agrícolas que se diseñaron hace décadas y que están produciendo una concentración de tierras en muy pocas manos son deseables.

Leer el Pacto del Agua de 1992 en Aragón demuestra hasta qué punto se ha legislado sobre quimeras en vez de sobre argumentos científicos y no digamos ya ambientales. De hecho de dicho pacto se han ido cayendo obras por propia lógica, otras por inviables y las que siguen adelante son muy cuestionadas cuando no puro despilfarro como el ya citado recrecimiento de Yesa o una tropelía como Biscarrués.

Volviendo al trasvase Tajo-Segura toda la agricultura levantina está sustentada en unos presupuestos de agua totalmente irreales a fecha de hoy, planteada como si la zona fuera una fértil vega cuando es un terreno semiárido. Nuevos trasvases no harían más que acrecentar el problema pues se insistiría en el modelo. Eso sin tener en cuenta el gasto para agua de boca.

Porque los problemas se acumulan. En la península ibérica se está produciendo un fenómeno de desplazamiento progresivo de la población hacia el arco mediterráneo que, además, recibe cada año más de 60 millones de turistas. Mucha gente y poca agua frente a un interior cada vez más despoblado y envejecido donde hay algo de agua pero no habitantes.

Porque la industria turística deja dinero, pero también un impacto ambiental muy grande y un gasto de agua que incluye piscinas privadas, campos de golf y cubrir las necesidades humanas de beber y bañarse de millones de población flotante.

Otra solución provisional e inmediata, ya que está hecha la conducción, son pequeñas aportaciones puntuales para situaciones reales de emergencia, priorizando el consumo humano. Sería justo reconocer que la cosa no da más de sí y que los 400Hm3 de media que se han ido aportando son una cantidad inviable.

Y dejar de subvencionar este tipo de proyectos. Ya sea de forma encubierta o directamente se aporta dinero público que rebaja el coste real del agua, algo común a muchas otras obras hidráulicas, especialmente embalses.

Para concluir insistir en lo evidente. Reconocer que los ríos peninsulares son estacionales y no podemos depender de un caudal imprevisible. Que no se pueden ejecutar obras faraónicas que caducan en tres décadas y que producen un daño ecológico que multiplica por mucho su rentabilidad. Y que tampoco se puede supeditar a razones políticas algo que depende de cosas tan básicas como el sentido común.

28 mayo, 2017

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


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