Altavoz

¿Quién dijo turismofobia? ¡Diga turismofilia!

La agenda mediática nos ha terminado por acuñar el concepto de “turismofobia” hasta el punto que incluso en los lugares más recónditos, los menos explorados por los y las audaces viajeras venidas de los más diversos confines, las tertulias giran en torno al tema del turismo. Y es que hay unos locos y locas por...
| 9 agosto, 2017 07.08

La agenda mediática nos ha terminado por acuñar el concepto de “turismofobia” hasta el punto que incluso en los lugares más recónditos, los menos explorados por los y las audaces viajeras venidas de los más diversos confines, las tertulias giran en torno al tema del turismo. Y es que hay unos locos y locas por ahí lanzando confeti a nuestros sonrosados visitantes en los veladores de Barcelona y haciendo pintadas en autobuses en contra del turismo.

Pero, ¿quién es esa gente? ¿Quién puede estar en contra de las decenas de miles de amables viajeros? Parece mentira. En realidad nadie sabe que es lo que pasa por las cabezas de quien con tanta vehemencia se enfrenta al turista y a las multinacionales que gestionan el sector más próspero de la economía estatal.

Pero la turismofobia no solo está en las calles. Algunos llegan a ejercerla desde las instituciones. Parece incomprensible que alguien quiera regular el número de hoteles en Barcelona, en una ciudad que rozó los 20 millones de pernoctaciones en 2016 y que ha visto multiplicadas sus plazas hoteleras por dos en apenas diez años, alcanzando las 76.000 plazas a finales del pasado año, en las que pernoctaron aproximadamente 7,5 millones de turistas. Dividan la cifra de 20 millones de pernoctaciones entre las noches que tiene un año y descubrirán que, de media, casi 55.000 turistas duermen por noche en hoteles de una ciudad de 1.600.000 habitantes. Una nimiedad.

Pero el turismo ha cambiado mucho. Ahora nuestros amados visitantes también se alojan en casas que les son alquiladas por ejemplares start ups como Airbnb. Tan solo en Barcelona hay 8.762 viviendas completas – además de otras tantas habitaciones simples- ofertadas por este portal de alojamiento, que se vio obligado a retirar más de 1.000 de su web por no cumplir las ordenanzas municipales los apartamentos que se ofrecían. Toda una desgracia para los turismófilos.

A estas ofertas, más o menos regladas, se le suma la avispada iniciativa de emprendedores y emprendedoras que alquilan de forma particular sus viviendas para turistas. Casi siempre sorteando la ley, que ya se sabe es un engorro y demasiado papeleo. Sin duda, todo un acierto para quienes aman el turismo por encima de todas las cosas. Qué más dará que por el camino algunas familias deban abandonar sus viviendas por que al emprendedor de turno le sale mucho más rentable una familia de turistas, tres meses al año, que la pesada carga de una familia trabajadora que paga regularmente el alquiler desde hace uno o dos lustros. Y ¿a quién le importa si esa familia tiene hijos escolarizados en el barrio, o una vida construida en torno a esa vivienda? Siempre es bueno cambiar de aires. Además, habría que investigar quien les dijo a estas familias obreras que podían vivir en el centro de las ciudades, cuando su sitio siempre fue la periferia.

Al maravilloso fenómeno de quienes llegan por tierra y aire a Barcelona hay que sumar la llegada por mar. El 11 de septiembre de 2016 Barcelona pudo presenciar el maravilloso espectáculo de ver salir de su puerto a 31.000 pasajeros de diferentes cruceros en el plazo de 6 horas. Ríanse ustedes de cualquier otro desembarco histórico. Exactamente el doble de habitantes de los que tiene el Barrio Gótico, terminaba por atravesar sus calles en apenas unas horas para copar aceras, calzadas, bancos, bares, restaurantes y tiendas sin que sus vecinos pudieran hacer otra cosa que vanagloriarse desde sus ventanas de tan espectacular río humano. ¿Quién puede quejarse de algo así?

Pero el turismo no solo nos trae las espectaculares imágenes de unas Ramblas imposibles de vadear para el vecindario. Es sin duda la empresa que más empleo genera, en torno al 11% ciento, en el conjunto del Estado español. ¡Y qué empleo oiga! Solo hay que ver a las camareras de piso que disfrutan de un sector en auge en el que nunca les faltarán camas revueltas, cobrando 2 euros la hora, un sueldo que no les alcanzará para vivir cerca de su centro de trabajo, pero sin duda lo hará en la periferia de la periferia. O a los y las empleadas de bares y restaurantes contratadas por 12 horas semanales, para terminar haciendo cerca de 60, y es que… ¿A quién no le gusta un poco de dinerillo en negro? ¿Eh?

La verdad es que si lo analizas no hay más que ventajas en esto del turismo sin regulación, algo que ha sabido ver secretario de la Agència Valenciana del Turisme, Francesc Colomer, que aseguraba este martes, sobre el fenómeno de la “turismofobia”, que él es partidario de la “turismofilia” porque el turismo es “la respuesta y la solución”. Pues claro que sí campeón.

9 agosto, 2017

Autor/Autora

Miembro del Consello d'AraInfo. @maconejos


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