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Geoalcali: sin solución para la sal ni los residuos

La empresa que planea abrir una mina de potasa entre Nafarroa y Aragón continúa sin tener resuelto uno de los principales problemas de estas explotaciones, la altísima cantidad de residuos generados que llega a suponer las dos terceras partes de los materiales extraídos
| 20 diciembre, 2016 07.12
Geoalcali: sin solución para la sal ni los residuos
Montaña de sal en el LLobregat, residuos de la explotación de Iberpotash.

En diciembre de 2014 la empresa Geoalcali, filial de la australiana Highfield Resources, presentaba Mina Muga, el primero de una serie de proyectos mineros, compartimentados, previstos a lo largo de 550 kilómetros cuadrados, abarcando un territorio que vendría desde la Sierra del Perdón navarra hasta la Chacetania aragonesa.

Sin ninguna experiencia previa, ni en la potasa, ni el mundo de los fertilizantes, principal mercado de esta sal, la empresa ha sido capaz de embaucar, a políticos y habitantes, de ambos lados de la Muga que separa Aragón de Nafarroa con las supuestas “bondades” económicas de su proyecto.

Sin embargo, lejos de las promesas de puestos de trabajo vertidas por Geoalcali la realidad de una mina de potasa es mucho más compleja, y la generación de residuos supone un problema que todavía no está resuelto.

Montaña de residuos abandonada en los años 80 por Potasas de Navarra.

Montaña de residuos abandonada en los años 80 por Potasas de Navarra.

Cuando la empresa presentó su proyecto, la cantidad de mineral a extraer anualmente en Mina Muga era de 6.307.200 de toneladas, de las que 1.059.610 correspondería al concentrado de potasa, y aproximadamente 1.000.000 de toneladas de sal para deshielo. Una cuenta rápida nos indica que más de 4 millones de toneladas anuales serían inertes, de los que habitualmente quedan almacenados en una gran montaña en este tipo de explotaciones.

El backfilling como no solución

Ante el problema evidente de la alta cantidad de residuos en este tipo de minería, Geoalcali, envuelta en esa estética seudoecologista que rodea a todas sus publicaciones, prometió hacer una mina “residuo cero”, algo que es materialmente imposible y económicamente inviable, asegurando que reintroducirá la mayor parte de estos inertes en las galerías de la mina, gracias al proceso del backfilling.

Preguntada la empresa al respecto del proceso del backfilling sus respuestas se quedan en vaguedades que no clarifican el tipo de productos necesarios, ni el coste de los mismos, quizá conocedores de que el proceso de reintroducción de los inertes encarecería unos precios de producción por tonelada que ya están “maquillados”, tal y como lo aseguran diversas fuentes que han mantenido contacto con Geoalcali.

Es una de estas fuentes, que mantuvo una relación contractual con Geoalcali, la que nos alerta de que el backfilling tiene al menos dos problemas: “un problema de coste y otro de funcionamiento”. Por un lado, no permite la reintroducción de todos los inertes, “entre un 70% y 75% no los puedes devolver a la mina”, un problema al que hay que sumar que los “cementos y aditivos compatibles con la sal son carísimos”.

Para tratar de aclarar este entuerto decidimos consultar a otro tipo de fuentes. El representante de uno de los grupos inversores, que finalmente ha terminado por retirar su apoyo al proyecto de Geoalcali en este mes de diciembre de 2016, nos aseguraba que “en los números de Geoalcali, el proceso de backfilling está y no está”, pues advierte que los 130 dólares australianos que barajaba la empresa como precio de coste de producción de cada tonelada de potasa ya tratada no son ciertos, y el precio real se acercaría a los 200, unas cifras que comenzarían a hacer temblar la rentabilidad de la mina.

Ricardo Pérez, miembro de Equipo Directivo y encargado de Estrategia Corporativa de Geoalcali, nos aseguró que la empresa estaba “gastando mucho dinero, esfuerzo y dedicación en la investigación del backfilling”, pero no respondió a ninguna de las preguntas concretas sobre los precios del cemento y aditivos necesarios, ni el coste por tonelada del proceso de rellenado. Ninguno de estos costes está contemplado en el proyecto presentado hace dos años.

A vueltas con la sal

De los supuestos 6 millones de toneladas que saldrán del subsuelo de Mina Muga, encontrábamos que un millón de toneladas se refería a sal para deshielo que debería venderse fuera del Estado español, pues, según palabras del propio Ricardo Pérez, “no podemos competir” con productoras de sal como las de Remolinos.

En este sentido, Highfield Resources presentaba a bombo y platillo, la firma de un memorándum de entendimiento con la multinacional Cargill, por el que se comprometía a comprar “sal de alta calidad”, procedente de Mina Muga, para usos industriales, eso sí, asegurando que la partes discutirán los pormenores de la operación cuando Mina Muga comience a funcionar, y es que Cargill, nunca ha sido de perder dinero.

Así pues, la firma de este acuerdo, obligaría a Geoalcali a exportar un producto como la sal para deshielo, a mercados tan lejanos como el norteamericano, lo que sin duda encarecerá el supuesto coste de producción, al que habrá que sumar el flete desde el Puerto de Pasaia o el de Bilbo, hasta donde decida Cargill.

En este sentido, uno de los ex-trabajadores de Geoalcali, aseguraba que este memorándum  con Cargill “no se va a materializar”, pues la sal resultante de los procesos en Mina Muga, “no tendrá las características físicas ni químicas” que satisfagan las necesidades de la multinacional norteamericana.

La misma persona aseguraba que el problema de la sal, como el de los inertes, continúa sin resolverse. “El que venga va a hacer una montaña, porque lo hacen todos. Los únicos que no los hacen son los alemanes, porque la tiran al Rhin”, advirtiendo que en las oficinas de Geoalcali “han estado barajando tirarla al mar, metiéndola con una tubería desde el puerto hasta el Cantábrico”, una operación que de realizarse sin haber sido nombrada en el proyecto sería ciertamente alarmante.

Preguntamos a la persona que hizo de intermediaria entre un grupo inversor y Geoalcali, quien nos aseguró que “la sal aquí no sirve para nada”, refiriéndose a su valor en el mercado del Estado español, lo que reforzaría en cierto modo la idea del memorándum con Cargill, si no fuera porque a renglón seguido nos asegura que “la otra cosa que se hace es coger la sal y tirarla al mar”, advirtiendo que es algo legal.

En Geoalcali sin embargo no lo ven viable y no es porque el camuflaje verde de sus colores les contagie un ápice de respeto medioambiental, sino que les preocupa la reacción social. “¿Cómo nos iban a recibir los arrantzales en el Puerto de Bilbao si montamos la sal en una barcaza y la arrojamos al mar a unas millas de las costa?”, se preguntaba Ricardo Pérez al respecto.

Una gran montaña de sal y muchos problemas sin resolver

La realidad de Geoalcali no parece tener mucho que ver con lo que vende de cara al exterior, sobre todo en Ayuntamientos y poblaciones afectadas de una u otra forma por la explotación minera.

Instalaciones abandonadas por Potasas de Subiza.

Instalaciones abandonadas por Potasas de Subiza.

La mina “residuo cero” está lejos de convertirse en una realidad, y son muchas las fuentes que aseguran que la montaña de sal que preveía la empresa en su proyecto, tiene visos de convertirse en una gran montaña debido en cierto modo a una táctica de venta del producto demasiado arriesgada, que deja poco o ningún margen económico para gastos que no sean estrictamente productivos.

De este modo, es más que probable que la empresa, de terminar abriendo Mina Muga, tenga que crear no sólo una gran montaña de residuos como las tiene Iberpotash en el Llobregat, o la tiene todavía Potasas de Navarra en la Sierra del Perdón, pese a haber finalizado la explotación hace más de 25 años, sino que además terminará por regalar la sal, convirtiendo “el valor añadido” del millón de toneladas de sal que se iban a comercializar, más bien en otro problema sin resolver.

20 diciembre, 2016

Autor/Autora

Miembro del Consello d'AraInfo. @maconejos


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