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El final del petróleo, transición o colapso

El siglo XXI trae consigo el final del recurso energético dominante en los últimos años. Hablamos con Marcos Aurell y Antonio Aretxabala sobre el futuro cercano que le resta al petróleo y sobre las posibles alternativas energéticas que traerán obligadamente un cambio de paradigma social y económico.
| 13 febrero, 2018 07.02
El final del petróleo, transición o colapso

La segunda sesión del Geoforo por Una Nueva Cultura de la Tierra trató de mostrar la realidad en torno a un recurso energético que ha sido motor económico mundial en los últimos 150 años, el petróleo. El oro negro ha sido fundamental para la generación de las sociedades modernas tal y como las conocemos. Pero ha sido también el causante de guerras y sufrimientos con el único objetivo de su acumulación y gestión. Ahora, vivimos convencidos de que el siglo XXI traerá el final de esta era. Pero ¿de qué forma acabará el reinado del crudo como recurso energético más poderoso?

Ante un cuestionario que les planteaba como toma de contacto si el “pico del petróleo” había llegado ya, Marcos Aurell, Catedrático de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Zaragoza y Antonio Aretxabala, Geólogo y consultor, trataron de arrojar algo de luz sobre el futuro de la producción de petróleo y la alternativa energética que habrá de ser afrontada con urgencia.

¿Qué es ese pico del petróleo? Para Antonio Aretxabala ese pico del petróleo es “el momento en el que llegamos al límite a partir del cual no podemos aumentar la extracción de crudo. Es un momento que se da en cada pozo individual, en cada país individual y a nivel global”. Sin embargo, advierte que “lo que nos interesa no es el pico del petróleo de Estados Unidos que fue en 1973, ni el de Siria que fue en el 2007, o el pico del petróleo de un determinado campo de extracción… es el pico del petróleo global, y ese, por lo que intuimos, y los datos que tenemos, parece ser que tuvo lugar en 2005, según la Agencia Internacional de la Energía. Pero posiblemente sea el pico del crudo. Ojo que luego hay otras cosas”, advierte.

Dejando de lado momentáneamente  esas “otras cosas”, que no son sino petróleos extraídos de forma no tradicional, Marcos Aurell asegura que “el petróleo crudo obtenido por métodos tradicionales, el barato de obtener, el que representa el 90% del que consumimos, ese tocó techo en 2005. Digamos que se está manteniendo en una meseta oscilante. La producción global de petróleo sí que va creciendo en los últimos años, aunque hay indicios de que en estos últimos tres años también ha entrado en esa meseta ondulante, próxima a los 98 millones de barriles diarios”.

“Mi impresión es que hemos entrado ya en esa meseta ondulante que puede durar unos pocos años, antes de que empiece a decaer la producción de petróleo”. Es decir que ese pico del petróleo ya está aquí y supone unos 98 millones de barriles producidos diariamente. Pero no solo eso, sino que también son consumidos a diario.

Petróleos no convencionales

A ese pico de producción se llegó hace ya unos años, en torno a 2005, sin embargo la demanda creció, y aquí es donde llegamos al punto de las “otras cosas”, es decir los petróleos extraídos de una forma no convencional. De acuerdo a la Agencia Internacional de la Energía, las fuentes de petróleo no convencional son: petróleo extra pesado, petróleo de arenas bituminosas, petróleo proveniente de yacimientos lutiticos –shale oil y shale gas extraídos mediante fracking–, crudos sintéticos producidos a partir del carbón, crudos sintéticos producidos a partir de la biomasa y los crudos sintéticos producidos a partir del gas natural.

“Ese aumento de la demanda se tuvo que satisfacer con el petróleo extraído mediante técnicas no convencionales. El petróleo, vamos a decir que es el mismo, aunque no es de la misma calidad, pero la extracción es mucho más cara”, advierte Aurell.

Para Antonio Aretxabala el petróleo no convencional es un gasto de energía. Obviamente cada vez que extraes energía necesitas energía. Cuando tienes una inversión energética, es decir con la energía de un barril, extraes dos barriles, tienes un recurso energético. Pero si con un barril tu extraes otro barril, o incluso menos de un barril, lo que tienes ahí es un sumidero energético”.

“Desde el año 1930 esto está cayendo constantemente, de tal forma que ahora estamos con un barril extrayendo 18, cuando en los años 30 del siglo XX, con un barril sacábamos 100. Ese margen nos daba la posibilidad de derivar 99 para el crecimiento económico, el desarrollo de la civilización, hospitales, universidades, infraestructuras… Ahora vemos que estamos un poco escasos. Es verdad que estamos cerca de los 100 millones de producción, pero estamos gastando mucho más en la extracción, con lo cual, lo que revierte a la sociedad es muy poquito”, advierte Aretxabala.

En este sentido, y pese a vivir en un sistema capitalista que prima por encima de todo el crecimiento, la energía no debe ser entendida como un bien de consumo, si no como un precursor de la actividad económica. “En muy pocos años estaremos en una relación de 1 a 15, y en unos pocos más de 1 a 10 y con una relación así no sostendremos una organización social de tipo tecnológico industrial como la que estamos acostumbrados”, asegura.

Antonio Aretxabala –al fondo– y Marcos Aurell en un momento de su charla en el Geoforo.

Antonio Aretxabala –al fondo– y Marcos Aurell en un momento de su charla en el Geoforo.

Transición o colapso

Es una situación que obliga a poner la vista en las energías renovables. Para Marcos Aurell hay una cosa importante que parece no tenerse en cuenta. “Con las energías renovables nunca podremos tener el equivalente a lo que nos da el petróleo. Habrá que ir electrificando el transporte, pues el 75% del petróleo lo quemamos en vehículos por tierra mar y aire para transportar bienes, personas… y eso es mala noticia porque habla de la necedad humana, pues este tesoro energético lo estamos quemando en estos vehículos. Aparte de la contaminación de la atmosfera que conlleva con la emisión de gases de efecto invernadero. Ese transporte lo tenemos que electrificar. Pero también entender que no nos salga más barato viajar de aquí a Londres cogiendo un avión que viajar de aquí a Soria. Todo esto habrá que planteárselo. Es decir: energía a partir de renovables pero por supuesto mucho menos consumo. El consumo de energía, mediante suficiencia y ahorro energético, tendrá que bajar sustancialmente” y para llegar a ese escenario Aurell muestra tajantemente los dos únicos caminos: “O hay colapso o hay transición. O vamos mentalizándonos y haciendo una apuesta decidida por esa transición o llegaremos tarde”.

Aretxabala asegura que en el caso del transporte ya llegamos tarde. “Es una de las batallas a la que llegamos tarde si queremos mantener los servicios que se nos dan ahora. ‘Quiero los kiwis de Nueva Zelanda’, ‘en verano me apetecen naranjas de Argentina’… todo ese tipo de cosas vamos a tener que acostumbrarnos a que no va a ser tan fácil. Precisamente por el hecho de que el transporte era barato porque el recurso que facilitaba el transporte –el petróleo–  era barato. Entonces van a haber cosas que van a ser prioritarias, como las ambulancias, bomberos…”

Marcos Aurell incide en esta idea pensando en la imposibilidad de transportar algunas mercancías. “Habrá que volver a producir localmente. Un poco como cuando éramos pequeños, pero sabiendo lo que sabemos ahora. Globalización para las ideas, para internet, para la comunicación… pero el tema de producción de bienes tendrá que ser otra vez local y volver a hacer zapatos en la zona de Illueca y volver a consumir productos de la huerta de Zaragoza, habrá que levantar todo ese asfalto que pusieron en la Expo… –bromea, o quizá no–. Lo que ya no podremos hacer es producir globalmente y consumir productos del otro lado del mundo”.

La patada adelante del petróleo no convencional

Cuando hablamos de procesos extractivos no convencionales nos viene a la cabeza el fracking que fue ampliamente contestado en Europa, motivo por el cual, el único campo que llegó a abrirse en Polonia hace algunos años que cerró. Sin embargo, algunas zonas de los Estados Unidos son un auténtico queso gruyere, en el que un pozo sucede a otro y comparten espacio con campos de cultivo, ríos y acuíferos, importando poco o nada las afecciones causantes.

Ampliación al azar de una imagen de Google Earth de Texas.

Ampliación al azar de una imagen de Google Earth de Texas.

“Realmente el fracking ya ha producido sismicidad y tiene unos escapes de metano por encima de lo normal. Hace unos días salió un estudio de la NASA en el que se advertía que las pérdidas de metano alcanzan hasta un 20% que es un gas con efecto invernadero, durante los primeros años incluso por encima de los niveles del CO2…” advierte Aretxabala. Pero estas afecciones vienen acompañadas a lo que hay que sumar la difícil extracción y la baja calidad del producto obtenido en este tipo de explotaciones.

“De los tres países que producen más de 10 millones de barriles al día, Arabia Saudí con tres pozos saca lo mismo que Rusia con 30 y que Estados Unidos con 300. Es decir que por cada kilómetro de profundización que hace Arabia Saudí para sacar un crudo de muy buena calidad, Rusia tiene que perforar 10 kilómetros y Estados Unidos 100 kilómetros. Estás gastando un barril para sacar otro. Estás dejando el marrón a las generaciones futuras, que son las que van a tener que pagar no solamente el precio de tu desfase, sino el precio medioambiental que estás dejando ahí. Veneno metido en los acuíferos, unas emisiones impresionantes…”, asegura Antonio Aretxabala.  “Aparte es un producto muy ligero, muy malo. Las propias refinerías americanas no están preparadas ni diseñadas para este tipo de material y al final tienen que andar mezclando, y por eso se han convertido en los mejores clientes de Venezuela, que tiene un petróleo muy pesado y esa mezcla da un producto que es mejor para llevar a la refinería”.

Sin duda se tratar de una huida adelante del país que consume la mayor parte de recursos energéticos del planeta. “Actualmente se consumen en torno a 97-98 millones de barriles al día, lo que representa dos litros de petróleo por habitante, pero no es lo mismo un estadounidense que consume 9 litros, un europeo 4 litros, y en China no llegan a los dos litros”, asegura Marcos Aurell. “Con el fracking USA ha llegado a escalar hasta los 10 millones de barriles al día, pero no olvidemos que consume 20 millones”.

Precios que no contentan a nadie

En la actualidad tanto productores como importadores de petróleo viven en un continuo malestar. Aurell lo explica así: “Por un lado para que la economía global subsista necesita un petróleo barato, hay autores que dicen 20-30 dólares el barril Brent, pero la industria petrolera y los países productores de petróleo, para equilibrar sus balanzas necesitan un barril caro, en torno a 100 – 150 dólares. Ahí tenemos un lío montado. Con un barril a 100-150 dólares la economía global colapsa, pero para que la economía funcione, con un precio de 20-30 dólares el barril, la industria petrolera colapsa. Esto explica las grandes fluctuaciones en cuanto al precio del petróleo, que ha pasado de estar en torno a los 20-30 dólares en estos dos últimos años, viniendo de un precio de 100 dólares durante tres años, y ahora parece que vuelve a remontar y volvemos a estar en torno a los 70 dólares”, y aquí sí se muestra más negativo Aurell: “La burbuja que se está creando en torno a las empresas energéticas el día que reviente, supongo que el mundo temblará”.

Una oportunidad perdida

Los precios bajos de los últimos años podrían haber sido una oportunidad para invertir esos excedentes que generaban en una transición hacia otro sistema energético. “Hemos vivido desde 2014 una época muy buena que podríamos haber aprovechado para invertir en esa evolución hacia las renovables, hacia el autoconsumo, y sin embargo se ha ido hacia el otro lado”, asegura Aretxabala. “Ha sido una época muy buena para la economía española, que debería haber sido muy buena para las comunidades, pero precisamente hemos acabado con la hucha de las pensiones, hemos pagado 60.000 millones de rescate a bancos, hemos aumentado la precariedad laboral y se ha incrementado la pobreza”, lo que sin duda hace prever un escenario peor cuando los precios vuelvan a niveles que demandan los productores.

A más largo plazo, dos o tres décadas, el problema se agudizará y las grandes economías sufrirán la caída en la producción del petróleo sin haberse adaptado. Para ambos “la gran dificultad la va a tener Europa Occidental, Japón y Estados Unidos, pero sobre todo Estados Unidos”, pero esencialmente este último país. “El problema del batacazo de Estados Unidos será pasar de ser un país que consume la cuarta parte, no solo de petróleo, sino de todos los recursos del planeta, a tener que pasar a una situación en la que todo va a ser austeridad”.

Hacia la desglobalización

Marcos Aurell aventura que “estaremos de cinco a diez años en esa meseta, tocando y superando los 100 millones de barriles diarios de producción global, pero habrá un momento en el que bajará, y no lo hará tan suavemente, por desgracia para nosotros”. Ese será un momento obligado de volver a una economía local, en la que las mercancías no tengan que viajar de uno a otro continente.

“Vamos hacia una economía mucho más circular. Vamos hacia pequeñas economías circulares, partidos políticos circulares, comunidades culturales circulares, pequeñas comunidades autosuficientes, tanto energéticamente como culturalmente”, asegura Aretxabala.

En cierto modo, y en palabras de Aurell “un proceso de desglobalización”, que no debería estar reñido con la revolución del conocimiento que ha supuesto la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

Sin duda un proceso obligado hacia la sostenibilidad, “una de las palabras más bonitas que nos ha dejado el siglo XX”, concluye Aretxabala.

13 febrero, 2018

Autor/Autora

Miembro del Consello d'AraInfo. @maconejos


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