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El carbón y sus centrales: Un final posible

| 21 noviembre, 2017 07.11
El carbón y sus centrales: Un final posible
Central Térmica de Andorra. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El pasado jueves 16 de noviembre se hizo pública la alianza propuesta por Reino Unido y Canadá en la cumbre del clima de Bonn para pedir el cierre definitivo de las centrales de carbón. A dicha alianza ya se han sumado una veintena de países con sonadas ausencias entre las que se suman en Europa Alemania y España. De EEUU y su insensata política medioambiental no es necesario comentar nada, como de China, aunque este país reconozca afecciones directas a la población urbana de sus centrales.

Bajando a lo cercano, apenas unos días antes de la cumbre de Bonn se anunciaba el cierre de las centrales térmicas de Lada en Asturies y Velilla en Palencia, que se sumaban a la lista de las ya cerradas en el Estado Español.

Esta alianza y estas decisiones nos ponen frente a la realidad de que será antes o después, pero el carbón está destinado a desaparecer como combustible y, en la misma senda, probablemente terminarán desapareciendo las centrales térmicas basadas en este combustible en toda la península.

Los destinos del uno y las otras están inevitablemente ligados. Casi la única aplicación cercana del carbón ahora mismo es la quema en dichas centrales térmicas, pero también se sabe que es el combustible fósil más contaminante. A ello se suma que hace mucho tiempo que existen alternativas más eficientes y menos sucias para la producción eléctrica. El mix energético aragonés, como el de la práctica totalidad del Estado Español, podría prescindir perfectamente y a corto plazo de esta fuente de energía.

Pero las evidencias científicas chocan con las excusas políticas y los intereses de algunas compañías que interfieren, además de en las alternativas, en la solución del problema social y laboral que crea este cambio de modelo. Retrasar un problema no lo soluciona.

La verdad es que nunca ha sido muy popular plantear esta realidad, habida cuenta de la larga trayectoria luchadora de la minería y de la especial dureza de este trabajo.

También se presenta difícil plantear una alternativa laboral en comarcas muy centradas en la explotación minera o las centrales de carbón. El entorno que dejan las viejas explotaciones carboneras suele quedar muy deteriorado por las escorias de mineral y es presa de deforestación y pérdida de cultivos. Las térmicas de carbón, por otro lado, suelen monopolizar el trabajo en los pueblos donde se instalan, pues en la península hace mucho tiempo que se edifican fuera de grandes núcleos urbanos.

Hasta el momento se han ido ignorando aspectos del debate, como asumir que esta forma de energía dejó de ser barata hace tiempo. Uno de los motivos por los que en la mayoría de los países europeos el uso de carbón desciende rápidamente. Además el coste de las renovables cada vez es menor y su eficiencia mayor, frente a un carbón cada vez más caro, buena parte del cual se importa. De hecho en el anterior ejercicio el 80% del carbón fue importado pese a que incrementó su precio.

Esta es una de las razones que esgrime Euroelectric, la patronal que agrupa a 3500 productoras europeas y que lo ha dicho bien claro: a partir de 2020 no se construirán más térmicas que produzcan energía mediante carbón. Hasta se ha barajado una fecha teórica de cierre de todas las térmicas de carbón: 2030.

Porque luego viene el impacto ecológico, que es realmente muy alto. En 2105 fue responsable del 41% de las emisiones de CO2 para producción energética, una cifra disparatada. Además el carbón que actualmente se extrae en Europa tiene alto contenido en azufre y su combustión emite otros contaminantes como óxidos de nitrógeno.

Otra debilidad del carbón es el coste de evitar que contamine, lo que multiplica el precio de la energía generada. Si bien existen sistemas que pueden retener algunos contaminantes mediante plantas desulfatadoras, por ejemplo, la única alternativa viable para el CO2 es la llamada “captura” que consiste básicamente en enterrarlo en capas geológicas profundas o mezclarlo con otros minerales. Esta técnica es viable pero aún es una tecnología en desarrollo y muy costosa. Eso sí, en Zaragoza contamos con uno de los centros punteros a nivel mundial en esta técnica, el CIRCE, pero su trabajo sigue estando en una fase más bien experimental.

También se trabaja en técnicas como la llamada oxicombustión (quemar con oxígeno puro extraído del aire) pero el consumo de energía de esta técnica es muy alto, lo que lleva a una paradoja, gastar mucha energía para producir energía.

Aunque las cuentas son claras y nos puede servir un ejemplo cercano: la central térmica de Andorra (Teruel) está ahora en el candelero. Necesita 200 millones para adaptarse, pero produce electricidad para una zona que podría prescindir perfectamente de esa energía para su mix energético ¿Qué sentido tiene mantener esa central y una producción de carbón que encima no se utiliza porque la mayor parte se importa?

Se usa el argumento, últimamente desde el Gobierno Central, de que la luz subiría hasta un 15%, usando como excusa la actual sequía. Pero este es el actual estado de las cosas y el argumento se sitúa en lo falaz cuando se analiza el mercado energético en serio.

Para empezar porque la posibilidad de mantener las centrales de carbón pasa por subvencionar el combustible y parte de las instalaciones. El teórico ahorro se hace pues a costa del erario.

Quedan las otras formas de producir energía. La eólica aún se halla en expansión, pero ya produce hasta un 20% del mix estatal, más aún en Aragón. Y energías como la fotovoltaica o la termosolar de concentración tienen porcentajes ínfimas en el mix energético y son tecnologías que se están demostrando como capaces de una producción real con un impacto mínimo. Eso sí, entre las dos juntas suman un exiguo 7% de energía instalada. No es teoría, en California, se ha llegado ya a producir hasta el 50% del suministro eléctrico mediante fotovoltaica. La electricidad más barata suministrada también es fotovoltaica, se produce en México y apuesta a seguir bajando precios.

Pensemos en el mismo lugar donde está situada la citada térmica de Andorrra, junto al conocido como Desierto de Calanda. Una planicie con escasas precipitaciones, fuertes vientos y todas las horas de insolación imaginables ¿A nadie se le ocurre una idea?

Incluso dentro de las térmicas se está apostando por otros modelos como el de ciclo combinado o la biomasa. No son soluciones óptimas pero a priori polucionan mucho menos y son menos costosas, aunque más complejas desde el punto de vista técnico.

Pero queda otra realidad y es el impacto social que tendría el cierre definitivo de las minas y las centrales de carbón. Hasta el momento hay sequía de ideas, porque también hay muchos intereses cruzados.

Al margen de cerrar las instalaciones, y ya que de todas formas el coste va a caer al erario, habría que replantear tareas de limpiar la tierra y generar espacio verde. Reforestar, recuperar suelos o plantear posibilidades agrícolas son un trabajo en sí, un trabajo que puede ser ilusionante y que llevará mucho tiempo. El impacto ha sido muy grande y revertirlo tampoco será fácil.

Pero sobre todo hay que ser conscientes de que no podemos afrontar el siglo XXI con retos tan serios como el cambio climático con tecnologías del XIX.

21 noviembre, 2017

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


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