Bibliotecas, centros cívicos y centros de mayores cerrados durante los fines de semana dejan una pregunta incómoda en plena emergencia climática.
El calor extremo no es una amenaza futura. Es una realidad que se repite cada verano con mayor intensidad y que afecta especialmente a quienes carecen de una vivienda.
Zaragoza cuenta con una red municipal de refugios climáticos formada por distintos equipamientos públicos, entre ellos bibliotecas, centros cívicos y centros de convivencia de mayores. Sobre el papel, la ciudad dispone de numerosos espacios en los que la ciudadanía puede protegerse de las altas temperaturas.
Pero existe una pregunta que debería hacerse antes de presentar esta red como una solución suficiente: ¿Están abiertos estos espacios cuando más los necesitan las personas que viven en la calle?
Cuando llega el fin de semana, muchos refugios dejan de estar disponibles
Las bibliotecas municipales tienen horarios limitados y permanecen cerradas durante los fines de semana. Lo mismo sucede con los centros cívicos y los centros de convivencia de mayores, que tampoco constituyen una alternativa disponible durante esos días.
Esto significa que, precisamente durante los fines de semana y festivos, una parte importante de los espacios públicos que podrían ofrecer protección frente al calor permanece cerrada.
Para una persona que tiene una vivienda, el cierre de una biblioteca o de un centro cívico significa volver a casa.
Para una persona que vive en la calle, significa volver a la calle.
La diferencia es fundamental.
Cuando cierran las puertas de los equipamientos públicos, la necesidad no desaparece. La persona que duerme en la calle sigue necesitando protegerse de las altas temperaturas, beber agua, descansar, refrescarse y permanecer en un espacio seguro.
El calor no desaparece porque llegue el sábado.
La deshidratación no espera al lunes.
Un golpe de calor no tiene horario de apertura.
Una red que debería planificarse según dónde existe la necesidad
Zaragoza debería realizar un estudio específico para conocer dónde se concentra realmente la necesidad de refugios climáticos y de espacios de protección frente a las altas temperaturas.
No todos los barrios presentan la misma realidad social ni la misma concentración de personas que viven en la calle o se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad. Por eso, la planificación de estos recursos no debería basarse únicamente en cuántos centros cívicos, bibliotecas o centros de mayores existen en cada zona.
La ciudad debería analizar dónde se encuentran las personas que más necesitan estos espacios y garantizar que los recursos estén disponibles allí donde realmente hacen falta.
Zonas como el Centro, el Casco Histórico, Delicias y otros puntos con una mayor concentración de personas en situación de sinhogarismo o vulnerabilidad social deberían recibir una atención prioritaria en la planificación de esta red.
Al mismo tiempo, existen otros barrios en los que la necesidad de este tipo de recursos puede ser menor y donde, por tanto, no tiene sentido aplicar exactamente la misma distribución que en las zonas con una mayor concentración de población sin hogar.
Esto no significa que haya barrios que deban quedar excluidos.
Significa que los recursos públicos deben planificarse utilizando datos reales y criterios de necesidad social.
La pregunta no debería ser únicamente: "¿En qué edificios municipales podemos abrir un refugio climático?".
Sino también: "¿Dónde están las personas que necesitan refugiarse?".
Porque una persona que vive en la calle no siempre puede recorrer varios kilómetros para llegar a un espacio climatizado. Especialmente durante una ola de calor, cuando desplazarse bajo temperaturas extremas puede constituir, en sí mismo, un riesgo para la salud.
La red de refugios climáticos debería combinar dos criterios: la disponibilidad de espacios y la realidad social de cada zona.
No basta con contabilizar el número total de refugios. Hay que estudiar su ubicación, sus horarios y la población a la que realmente dan cobertura.
El acceso a una ducha tampoco puede depender de tener un techo
Durante una ola de calor, la necesidad no se limita a encontrar un lugar con aire acondicionado.
Las personas que viven en la calle necesitan también acceso a agua potable, espacios para refrescarse y servicios de higiene.
Una ducha puede ser una necesidad básica de salud, especialmente cuando las temperaturas son extremas.
Zaragoza cuenta con recursos específicos de atención a personas sin hogar que ofrecen servicios de higiene y duchas. El Albergue Municipal, entre otras entidades y recursos de carácter privado y social, dispone de un servicio de duchas dirigido a personas sin hogar.
La existencia de estos recursos es fundamental.
Pero también es necesario que la información sea clara y accesible.
Una persona que vive en la calle debe poder saber fácilmente: dónde puede ducharse; en qué horario; si necesita cita o derivación; si puede acceder directamente; dónde puede beber agua; dónde puede refugiarse del calor; y qué alternativa existe cuando los recursos habituales están cerrados.
Porque no basta con que un recurso exista.
Tiene que ser conocido, accesible y estar disponible cuando se necesita.
La emergencia climática también tiene clase social
Las olas de calor afectan a toda la población, pero no afectan a todas las personas de la misma manera.
Quien vive en una vivienda puede cerrar las persianas, beber agua fría, darse una ducha y descansar.
Quien vive en la calle puede pasar horas expuesto al sol, no tener acceso continuado a agua potable, carecer de un lugar donde descansar y verse obligado a desplazarse de un recurso a otro para cubrir sus necesidades más básicas.
La emergencia climática agrava las desigualdades que ya existen.
Por eso, una política de refugios climáticos que no tenga en cuenta específicamente a las personas sin hogar corre el riesgo de convertirse en una red diseñada para una ciudadanía que ya dispone de otros mecanismos de protección.
No es lo mismo acudir a un centro climatizado durante unas horas porque se vive en una vivienda sin aire acondicionado que necesitar ese espacio porque no se tiene ninguna vivienda a la que regresar.
Esta diferencia debería estar en el centro de cualquier política pública de adaptación al cambio climático.
El problema no es solo cuántos refugios existen, sino dónde y cuándo están disponibles
La red municipal de refugios climáticos puede parecer amplia sobre el papel.
Sin embargo, una red formada mayoritariamente por espacios que permanecen cerrados durante los fines de semana y festivos deja sin respuesta precisamente una parte importante de la emergencia.
Una persona que vive en una vivienda puede regresar a ella cuando cierra un centro cívico, una biblioteca o un centro de convivencia de mayores.
Una persona sin hogar no tiene esa alternativa.
Por eso, Zaragoza necesita una planificación específica que tenga en cuenta tanto la distribución territorial de los recursos como la distribución de la necesidad.
No se trata de abrir refugios climáticos por igual en todos los barrios. Se trata de garantizar que existan allí donde más se necesitan y cuando las personas más vulnerables los necesitan.
La ciudad debería estudiar la concentración de personas en situación de sinhogarismo, las zonas de mayor exposición al calor, la existencia de fuentes y puntos de agua, la proximidad de los recursos de atención social y las posibilidades reales de desplazamiento de las personas más vulnerables.
Un refugio climático situado lejos de las personas que lo necesitan, o cerrado durante las horas y los días de mayor riesgo, puede existir oficialmente, pero no constituye una solución suficiente en la práctica.
El calor no puede tener horario de oficina
Las políticas públicas deben responder a la realidad de las personas y no obligar a las personas más vulnerables a adaptarse a los horarios de los servicios.
Una persona que duerme en la calle no puede esperar a que llegue el lunes si el sábado las temperaturas superan los 40 grados.
Tampoco puede esperar a que abra una biblioteca si durante el fin de semana no existe ningún espacio público climatizado al que pueda acceder.
Durante una ola de calor, debería existir una red de espacios abiertos también por las tardes, los fines de semana y los festivos. Espacios donde cualquier persona pueda refugiarse, beber agua, refrescarse y permanecer sin necesidad de consumir.
Y esa red debería estar especialmente reforzada en las zonas donde existe una mayor concentración de personas sin hogar y de población en situación de extrema vulnerabilidad.
Porque no basta con anunciar una red de refugios climáticos.
Hay que preguntarse si esos refugios están realmente disponibles.
Hay que analizar dónde están.
Hay que saber quién puede acceder a ellos.
Hay que conocer qué ocurre cuando cierran.
Y hay que garantizar una alternativa.
El calor no tiene horario de oficina. La deshidratación no descansa los fines de semana. Un golpe de calor no espera a que abra una biblioteca.
Una ciudad verdaderamente preparada para el cambio climático no es aquella que simplemente contabiliza el número de refugios que tiene.
Es aquella que garantiza que las personas puedan acceder a ellos cuando más los necesitan.
Porque una persona sin hogar no puede volver a casa cuando cierran las puertas.
Y porque nadie debería verse obligado a pasar una ola de calor extrema en la calle porque todos los lugares donde podría protegerse están cerrados.
Cuando la realidad es diferente a la ideal
Lo ideal sería que nadie tuviera que necesitar un refugio climático, una ducha social o un recurso de emergencia por el simple hecho de no tener un hogar. Lo ideal sería que nadie tuviera que vivir en la calle.
Pero cuando la realidad es diferente de la situación ideal, las instituciones tienen la obligación de responder a esa realidad.
Mientras haya personas sin hogar, mientras haya personas expuestas a temperaturas extremas y mientras existan ciudadanos que no tengan un lugar al que regresar cuando cierran las puertas de los servicios públicos, los refugios climáticos, los espacios de descanso y los servicios de higiene no son un lujo.
Son una necesidad.
Y mientras esa realidad exista, no podemos cerrar las puertas y decir que el problema ha desaparecido.





