ANSAR critica que, tras varios días de exposición, todas las flores utilizadas acabarán nuevamente en los contenedores de basura, pese a los recursos necesarios para su producción, como agua, energía y empleo. Consideran que se trata de “un mal ejemplo de usar y tirar” y cuestionan el concepto de “economía circular” asociado al evento. A su juicio, ese presupuesto podría destinarse a mejorar calles, plazas y parques con especies permanentes que contribuyeran a aumentar la biodiversidad de la ciudad. “Entonces quizás podríamos presumir de que Zaragoza florece, pero no así”, señalan.
La asociación también considera incompatible la celebración del evento con el Plan Director del Parque Labordeta. Recuerdan que el documento establece que el parque “debe ser un espacio tranquilo, de alta calidad paisajística y jardinera, que permita a las personas usuarias estar en contacto con la naturaleza y percibir los diversos paisajes que contiene: sonoros, cromáticos y estacionales”. Asimismo, subrayan que el propio plan indica que “deben ordenarse los usos y actividades potenciando la idea de parque tranquilo y desplazando aquellas actividades menos acordes con esta orientación”.
Según denuncia ANSAR, la afluencia masiva de personas —360.000 el pasado año—, el ruido de la música y el montaje de chiringuitos provocan graves afecciones sobre las aves que habitan el parque en plena época de cría. Alertan de que estas molestias pueden provocar el abandono de la incubación de huevos y de la crianza de pollos. También sostienen que la flora y el arbolado sufren por la compactación del suelo derivada de la instalación de elementos pesados y del pisoteo constante. Además, recuerdan que los troncos de los árboles vuelven a verse afectados por la colocación de cajas de luces y otros elementos.
“En opinión de ANSAR, el desarrollo de esta actividad en el Parque Labordeta no es en nada respetuoso con el medio ambiente”, concluyen.
Críticas al modelo ambiental de Chueca
La organización amplía sus críticas a las políticas ambientales municipales y asegura que “Zaragoza no luce, sino que languidece” en este ámbito. Denuncian la falta de apuesta por el consumo de productos de cercanía de la huerta zaragozana, mientras desaparecen los hortelanos. También cuestionan la creación de una Zona de Bajas Emisiones (ZBE) “muy laxa”, que, a su juicio, no contribuye a mejorar la calidad del aire, pese a que los episodios de ozono troposférico figuran entre las principales causas de muertes prematuras en Europa.
Asimismo, censuran la política de talas y podas, así como el incumplimiento de la ordenanza de protección del arbolado urbano, cuestiones que —afirman— están generando fuertes críticas vecinales. También critican modelos urbanísticos “basados en el hormigón”, que consideran alejados de las estrategias adoptadas por otras grandes capitales europeas frente al aumento de temperaturas y la falta de sombra.
Desde ANSAR y Stop Plástico llevan años denunciando la gestión de residuos en Zaragoza. Según indican, un importante porcentaje de los residuos que llegan al CETRUZ para su reciclaje terminan enterrados en el vertedero sin ser reciclados, lo que supondría un incumplimiento de los objetivos europeos. También consideran especialmente grave que, tal y como se denunció en 2024, el RINZA (Residuos Industriales de Zaragoza) pudiera recibir residuos de forma ilegal.
Las organizaciones reclaman más puntos limpios fijos y una mayor vigilancia para garantizar una correcta gestión de los residuos, demandas que, aseguran, chocan reiteradamente con la negativa del Ayuntamiento. Señalan además que barrios como Miralbueno y Valdefierro, así como barrios rurales como Monzalbarba, Venta del Olivar, La Cartuja Baja o Casetas, sufren el abandono de residuos en sus entornos naturales.
Advierten de que la degradación de estas basuras amenaza con contaminar campos, acuíferos, balsas y ríos, perjudicando “seriamente la salud de los ecosistemas, la supervivencia de las especies que los habitan y nuestra propia salud”.
“Zaragoza no florece por llenar el parque de flores que, en varios días, acabarán en los contenedores como un mal ejemplo de usar y tirar. Ni por concentrar miles de personas en un espacio, afectando a su biodiversidad e incumpliendo el propio Plan Director Municipal del Parque Labordeta”, concluyen.




