Como otras muchas personas sensibles con la situación de cambio climático y las consecuencias que sufrimos, no puedo dejar de denunciar la deriva arboricida que lleva este Ayuntamiento, la alcaldesa Chueca y el concejal de turno, con el tema de los árboles.
Lejos de mejorar las cosas, constantemente, quienes estamos en organizaciones medioambientales, recibimos noticias de vecinos y vecinas que nos cuentan con tristeza y espanto las salvajes talas de árboles que día si, día también se producen en nuestra ciudad. No se salva ningún barrio, plaza, parque o calle de Zaragoza. Las últimas, y solo por poner unos ejemplos, hay muchos más, en el Parque José Antonio Labordeta, en el Tío Jorge, en el de Torreramona, los Pinares de Venecia y su ampliación del Parque de Atracciones o en la arboleda de Macanaz, en donde se gastarán 42.000 euros en un viñedo a la orilla del Ebro, previo corte de los árboles que “estorbaban”.
Este martes, vecinos y vecinas de la avenida César Augusto nos despertamos con un ruido que tenemos grabado en el corazón desde que arrasaron con todos los árboles de la Plaza Salamero, el de la motosierra. Una vez más el maldito aparato ha entrado en acción y esta vez para acabar con todos los árboles de la acera del antiguo Cine-Teatro Fleta, entre la propia plaza y la calle Valcarreres. Más de diez ejemplares de plataneros, de gran porte y años de vida, han sido segados a mayor gloria de la riqueza de quienes explotan el parking de Salamero con la complicidad del Ayuntamiento de Zaragoza. Una obra larga en el tiempo, y que esta siendo muestra del proceder de quienes gobiernan la ciudad: que la protección y vida de los miles de árboles que con su sombra y oxigeno nos protegen y nos acompañan, no cuenta en los cálculos mercantilistas y cicateros de este Ayuntamiento.
Decir que a nuestros dirigentes en la plaza del Pilar le molestan los árboles, es quedarse cortas, lo suyo es odio arboricida que se ceba en los miles de árboles “caídos en acto de servicio” a manos de quienes deberían cuidarlos y lo que es peor sin que hayan sido repuestos allí donde un tocón o un agujero dan muestra de esta salvaje forma de entender la protección del medio ambiente y especialmente de nuestros espacios habitables, esos que son una inversión de futuro.
Lo sucedido en mi calle, nos duele a los vecinos y vecinas, como nos duelen los que se dicen que cortarán delante de la iglesia de Santiago, porque tapan esa visión imaginada por el concejal Serrano cuando nos contaba antes de empezar las obras: querían una imagen despejada, sin nada que tapara, desde la calle San Miguel hasta la propia plaza de Salamero.
Pero no solo duelen los cortados en mi entorno, duelen todos y cada uno de los muchos que han desaparecido en años y años de maltrato, de desprecio hacia unos seres vivos a los que se empeñan en segar sin darse cuenta que en tiempos como los que vivimos, de crisis climáticas, sequías y olas de calor, su sombra, los refugios climáticos que nos proporcionan, son más necesarios que nunca. Su desprecio y estupidez la pagaremos todos y todas, no lo duden.

