Ya no nos da miedo Fassoulas

El Basket Zaragoza sigue fuerte en Europa y se deshizo del PAOK, que aún nos recuerda aquella triste final de la Recopa

Fassoulas con la camiseta de la selección griega.

Este miércoles, Zaragoza volvió a dar una lección de baloncesto a los griegos del PAOK de Tesalónica, aunque nada sea parecido ni por asomo a lo que pasó hace casi 29 años y esto no fuera una final europea, sino un partido de primera fase. Todos hemos cambiado mucho, algunos ya no somos niños, ni el equipo se llama CAI ni el club es el CBZ ni estaba ese pívot enorme con pinta tan ochentera que nos acogotaba bajo los tableros, el inconfundible Fassoulas. Esta vez era todo mucho más moderno, rápido, decoroso. Quién sabe qué hubiera ocurrido si nos hubiéramos vuelto a ver en una final, el caso es que era un partido al que los rojillos -el color no lo hemos perdido- llegaban más en forma y dejaron clara la diferencia pese a una actuación más discreta que otras recientes.

Si hablamos de lo importante, el Casademont hizo lo que debía: se aseguró ser uno de los dos primeros del grupo y para ello venció a un PAOK que asusta más por su pasado que por lo que tiene ahora en cancha, aunque siempre te la pueda liar un tipo como Bobby Brown. Sin embargo, el Basket Zaragoza se mantiene intratable y esta vez Brussino y Seeley marcaron la diferencia; sobre todo el argentino, que cuajó de nuevo una actuación brillante, como las que viene haciendo en los últimos partidos. De hecho, sólo fue al final del choque cuando los aragoneses se distanciaron en el marcador, con ventajas que llegaron a ser cómodas y rozar la veintena, aunque al final los griegos maquillaron la estadística.

Con esta nueva victoria, los de Fisac tienen opciones de ser primeros de grupo y afrontar una ilusionante fase de cruces europeos con el objetivo de brillar en su primera participación en esta competición. No perdamos de vista la gesta que supone mantener el ritmo bestial de Liga -terceros con un balance de 14 victorias y 5 derrotas- y estar en lo más alto del grupo en Champions, jugando dos partidos por semana y con varias bajas que se han convertido en una constante. Lo de Justiz y Seibutis, además, va para largo y se pierden lo que queda de temporada.

Foto: @BasketZaragoza

Aquella final perdida

Pero un partido contra el PAOK da paso al recuerdo de un día negro, y no sólo por su uniforme, el de aquella tarde de 1991. Yo lo viví a distancia, no pude ir -por poco- a Ginebra. Lo vi en casa de mi amigo Iker, supongo que con unas pizzas de por medio -lo que entonces era una fiesta- y lloré, vaya si lloré. Teníamos el partido en la mano, la Recopa, el prestigio de que el CAI se consolidase fuera de España con un torneo imponente. Y llegaron las hordas organizadas de macedonios del sur que casi arrasaron con todo. La retransmisión de Pedro Barthe es un testimonio incuestionable. Pararon el partido, dicen las crónicas que Fassoulas trató de calmar los ánimos con el campo lleno de monedas -de eso no me acuerdo- y los Arcega, Davis, Magee, Zapata... tuvieron que irse corriendo al vestuario; luego se reanudó y ya nada fue lo mismo. Estuvimos muy cerca pero al final nos habían comido la moral.

Lo mejor es que los rojillos de entonces volvieron con la cabeza bien alta, con eso de ser los vencedores morales y de haber sufrido una de las agresiones e injusticias más salvajes que se recuerdan. Pero volvieron de vacío. Tesalónica era una ciudad importante en el basket europeo no tanto por el PAOK sino gracias al Aris de Nikos Gallis, que disputó varias finales a cuatro de la Copa de Europa. Hace unos años pude visitar la ciudad. Nada de basket, por supuesto, sólo ver la cuna de Alejandro Magno y alguna que otra iglesia bizantina en medio de calles atestadas de tráfico. Aprendí entonces que la 'K' del PAOK es porque descienden de Constantinopla, que el club lo fundaron antiguos emigrados de la actual Estambul. Nos bromearon varias veces cuando se enteraban que éramos de Zaragoza, todo con el mejor de los propósitos.

Al fin y al cabo lo de 1991 se vistió de deporte y quedaba lejos, aunque fuera vergonzoso e inenarrable. Hoy también ha quedado demasiado atrás, muchos chavales ni siquiera lo vivieron, pero algunos aún nos acordamos de Fassoulas con la Recopa partida en dos.

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