Y Chávez se hizo pueblo

Desbordada de pueblo. Así se encuentra una Caracas que continúa de luto tras el fallecimiento el pasado martes del presidente Hugo Chávez tras casi dos años batallando contra el cáncer que lo aquejaba. A pie de calle, atravesando los barrios y avenidas de la capital, se continúa palpando un ambiente de conmoción, pero también de profunda gratitud y agradecimiento a quien sin duda alguna ha sido un líder único en la historia contemporánea de Venezuela y de Latinoamérica. Bajo un sol inclemente, una auténtica marea roja de cientos de miles de personas ha abarrotado un día tras otro un importante …

Foto: AP Photo / Esteban Felix
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Desbordada de pueblo. Así se encuentra una Caracas que continúa de luto tras el fallecimiento el pasado martes del presidente Hugo Chávez tras casi dos años batallando contra el cáncer que lo aquejaba. A pie de calle, atravesando los barrios y avenidas de la capital, se continúa palpando un ambiente de conmoción, pero también de profunda gratitud y agradecimiento a quien sin duda alguna ha sido un líder único en la historia contemporánea de Venezuela y de Latinoamérica.

Bajo un sol inclemente, una auténtica marea roja de cientos de miles de personas ha abarrotado un día tras otro un importante número de kilómetros de vías y espacios públicos para acceder a la capilla ardiente, ubicada en el Salón de Honor Simón Bolívar de la Academia Militar; muestra elocuente del enorme arraigo popular de un líder que supo sentir en cuerpo propio el reclamo de un pueblo históricamente excluido, abrazando abiertamente la causa de los sectores más humildes de la sociedad. "Chávez vive, la lucha sigue"; "todos somos Chávez"; "Chávez es un pueblo"; "ahora tenemos patria"; "Chávez es el Libertador del siglo XXI", son algunas de las consignas más pronunciadas por sus seguidores.

Viviendo momentos tan intensos como la despedida al comandante, siendo testigo de las innumerables expresiones de dolor y afecto presentes, es que uno puede apreciar en toda su magnitud la profunda relación amorosa, mística, religiosa, que interconecta, más allá de su muerte, a Chávez con el pueblo y al pueblo con Chávez; realidad de difícil comprensión en otras latitudes del mundo, tan acostumbrados al divorcio entre los ciudadanos y sus gobernantes.

A estas alturas de la historia, resulta una obviedad decir que la muerte de Chávez produce un vacío que será sumamente difícil de llenar. Sin embargo, una mirada atenta al proceso venezolano nos llevará a dilucidar que la figura del comandante, más allá de sus cualidades de líder carismático y orador de excepción, representa ante todo un proyecto de profunda transformación política, económica y social, el "socialismo bolivariano del siglo XXI", construcción colectiva protagonizada por millones de venezolanos que históricamente habían estado excluidos de toda acción de gobierno.

El chavismo ha abierto una nueva cultura en la sociedad venezolana, en la que el pueblo ha asumido como propia la tarea de construir su propio modelo de "democracia participativa y protagónica", desatándose un proceso de empoderamiento popular sin precedentes en la historia de la República. Y es que uno de los grandes méritos de Chávez ha sido poner a la política en general, y al socialismo en particular, en el centro del debate colectivo. En Venezuela se habla de política con mayúsculas, es decir, los principales problemas que afectan a la sociedad son debatidos y discutidos en las calles, en el metro, en las plazas, en los barrios, en los consejos comunales, en asambleas de trabajadores y trabajadoras, de estudiantes, de campesinos y campesinas.

Pese a haber sido un líder satanizado y vilipendiado como nadie por el establishment internacional, la realidad es que Chávez fue un líder que conectó con el pueblo venezolano y, rompiendo los cánones de la "corrección política" en el ejercicio de la función pública, denunció con contundencia la perversión de un sistema capitalista y de unas élites políticas y económicas que mantenían al pueblo postrado a una situación de marginación y pobreza.

Capeando contra viento y marea, dio inicio a una profunda transformación en el horizonte político venezolano y latinoamericano, liderando un giro hacia la izquierda tras momentos de hegemonía neoliberal. De ser un país arrodillado y subordinado a EEUU y a los grandes organismos financieros internacionales, de ser un país que yacía presa de la "larga noche neoliberal", Venezuela pasó en 14 de años a recuperar su soberanía, a retomar el control sobre sus principales recursos naturales, a erradicar el analfabetismo, a utilizar el petróleo como palanca para el desarrollo nacional impulsando las denominadas Misiones Sociales, todo lo cual propició que, según la ONU, Venezuela se convirtiera en el país menos desigual de América Latina.

La puesta en marcha de una política exterior independiente le granjeó la simpatía de numerosos países y líderes políticos y sociales del mundo, hecho que se pudo constatar en el funeral de estado del viernes, con la nutrida presencia de más de 30 jefes de estado y de gobierno y 55 delegaciones de distintos países.

En los próximos días se dilucidará todo lo concerniente a las próximas elecciones presidenciales, a celebrar en las próximas semanas en concordancia con lo establecido en la Constitución. La elevada carga emocional que tendrán los comicios, revertirá en una más que segura victoria de Nicolás Maduro, quien fue juramentado el viernes como presidente encargado de la República, victoria que constatará lo muchas veces repetido: que a lo largo de estos 14 años el chavismo ha quedado enraizado profundamente en la conciencia colectiva de una mayoría de venezolanos, convirtiéndose en una identidad política con signos de irreversibilidad. Tal y como ha señalado el ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información, Ernesto Villegas, "los que creen que con la partida de Chávez se acabó Chávez están equivocados diametralmente; ahora es cuando hay Chávez en Venezuela".

La oposición, agrupada en la denominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se presentará a los comicios en una situación de profunda fragmentación y desmoralización, tras el enorme varapalo electoral sufrido en las elecciones regionales del pasado 16 de diciembre, en las que el chavismo obtuvo una contundente victoria en 20 de los 23 estados del país. Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda, volverá probablemente a ser el candidato de una bancada que a lo largo de estos años ha fracasado en todos y cada uno de sus intentos de sacar al chavismo del poder: desde el golpe de estado del 11 de abril de 2002, que sacó a Chávez de la presidencia por 48 horas, al paro petrolero de finales de 2002 y comienzos del 2003; desde los sabotajes eléctricos, la especulación desaforada y el acaparamiento de productos de primera necesidad, a las derrotas en 15 de los 16 comicios realizados durante la revolución.

En definitiva, todos los indicios apuntan a una continuidad del proceso revolucionario, en la obra de un Chávez hecho millones. Todavía retumban con fuerza las palabras pronunciadas por el comandante el pasado 8 de diciembre, en la que fue su última alocución pública: "en cualquier circunstancia nosotros debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo".

La presencia de un pueblo que brilla con luz propia, organizado, unido y consciente, es parte del inmenso legado que deja un líder que entrará, junto a Simón Bolívar, José Martí, Salvador Allende, Ernesto "Che" Guevara y tantos otros, en la lista de hombres que regaron con su ejemplo los caminos de la emancipación humana, rumbo a la definitiva liberación de los pueblos.

Aitor Lekunberri Iribarren (analista de Comunicación Popular del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Venezuela) desde Caracas | Para AraInfo

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[Más información en el Especial Chávez en Telesur]

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