Vocación para el insulto

Exclamo: ¡Maldita sea mi estampa ladrona! ¿Qué hemos hecho la ciudadanía para tener un alcalde tan ligero de lengua, de educación y de postura cívica? He estado viendo el vídeo en el que se desarrolla la sesión plenaria del Ayuntamiento y en el que la señora Broto pregunta por el concepto de unas facturas. Creo que muchas y muchos lo hemos visto o hemos oído el sonido del mismo. A todas las personas que saben del asunto les parecen imperdonables los términos y las formas que usa el alcalde, amén de no dar respuesta a las preguntas que se le …

Exclamo: ¡Maldita sea mi estampa ladrona! ¿Qué hemos hecho la ciudadanía para tener un alcalde tan ligero de lengua, de educación y de postura cívica?

He estado viendo el vídeo en el que se desarrolla la sesión plenaria del Ayuntamiento y en el que la señora Broto pregunta por el concepto de unas facturas. Creo que muchas y muchos lo hemos visto o hemos oído el sonido del mismo. A todas las personas que saben del asunto les parecen imperdonables los términos y las formas que usa el alcalde, amén de no dar respuesta a las preguntas que se le hacen.

Creo, y no me equivoco si lo digo, que el insulto es la antesala de la prepotencia, del autoritarismo, del "porque lo digo yo". La falta de respeto es el elemento necesario para iniciar ese recorrido tórrido de la procacidad.

Desde hace mucho tiempo observo que es una actitud generalizada en buena parte de las gentes que componen la cosa pública. Y no se me alcanza otra reflexión sino que ahí existe una falta de respeto por el otro y por los otros. Por el contrario y por la ciudadanía. La etimología de la palabra "insulto" parecer ser que es "saltar sobre el otro" de forma agresiva, arremetiendo y atacando al otro, mofándose del mismo y/o injuriándole. La realidad confirma lo que dice la etimología.

Es cierto, todos tenemos la experiencia porque todos somos capaces de insultar en determinados momentos, que tras el insulto contenemos una carga de agresividad a la que no damos rienda suelta por temor a las consecuencias que pudiera haber. De todas formas, cuando nos encontramos en esa situación, sabemos que no estamos razonando, sabemos que no tenemos una razón convincente que darle al otro, sabemos que nuestra explicación es pobre e incapaz de conseguir el convencimiento del otro.

Psicológicamente hay varias explicaciones sobre la personalidad de quien estando en situación de poder dar una explicación, no da ninguna y, además, agrede. Peor si, como en el caso del alcalde de Zaragoza, exige que se pida perdón a otra persona a la que, también, se le deben de pedir explicaciones. Como si la ciudadanía tuviésemos que pedir perdón por ejercer el control del gasto del dinero público.

El insulto es la excusa para señalar la carencia de cultura democrática que se señorea en las instituciones públicas. El insulto es el rasero político de muchos de los políticos. El insulto es la carencia de inteligencia clara y constructiva en el que se refugia la ineptitud. El insulto es la ofensa ridícula de quien no tiene mayor capacidad de análisis de su realidad y de su propio entorno. El insulto es la cara opuesta al diálogo político que debería de darse en política, sea ésta institucional o de base.

El problema de fondo es que si la actitud prepotente del alcalde se da por una simple factura de 3.600 €, qué no se le puede observar en la prepotencia de los presupuestos. No hay margen a la protesta, a la incorporación de partidas o a su cambio de destino, a la reconsideración de generar una administración realmente municipal y no partidaria. Porque, pienso yo, que tras unos presupuestos restrictivos en lo social, ¿no existe también una agresividad, un insulto a quienes por sí mismos no pueden defenderse o se les condena a la paralización de su actividad? Y en estas están todas aquellas actividades que conllevan el calificativo de "social", de "cooperación" o de "ayuda".

Muchas veces, nos lo están mostrando, la política es el campo de batalla en el que quien más puede anula al otro. Mayor mal si, quien más puede, asume una postura de desprecio, falta de respeto, insulto y ceguera. En el tintero se me quedan, y las voy a dejar ahí, calificaciones que, si las dijese, me descalificarían por lo que dicho.

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