Vivir en un matadero

Ribota
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Hay muchos lugares a los que llevar a los niños de excursión y, de momento, nadie los ha llevado a un matadero, que sepamos. Cabe preguntarse por qué, puesto que los mataderos proliferan en Aragón y los purines parecen oro a los ojos de quienes no dudan en otorgar licencias y permisos.

La palabra "matar" no suele despertar ya mucha aprensión en estos días que nos tocan vivir. Probemos con "desollar". Quitar la piel del cuerpo o de alguno de sus miembros. Tal vez las personas que ocupan el poder y tienen en sus manos convertir el planeta en un erial decorado con depósitos de purines no escuchan los gritos de los animales que nacen para ser desollados a marchas forzadas porque el negocio es próspero (o eso dicen) y no hay otro camino salvo el de criar más rápido, abusar más rápido, torturar más rápido, hacinar más rápido, matar más rápido.

Pueden disfrazarlo de puestos de trabajo. Quisiera yo preguntar cuántas personas están satisfechas con su trabajo en un camal. ¿Les complacería un puesto similar para sus hijas? Cómo es el tiempo libre de alguien que ha sufrido turnos de sangre, piel, chillidos, excrementos y miedo. Cómo es el descanso de alguien que ha manejado una escaldadora, alguien que ha electrocutado a cientos de animales en un turno, alguien que ha descargado un camión repleto de animales asustados considerados objetos que ni sienten ni padecen. Probablemente, muchas de esas personas sean engullidas por la industria cárnica y ni tan sólo lo perciban. Son prolongaciones de una máquina de sesgar vidas.

Y mientras tanto, las personas que ostentan el poder en Aragón, están encandiladas con la llegada de las multinacionales de la sangre. La tierra agoniza. Y lo hemos escuchado tantas veces que tan apenas afecta leerlo de nuevo. Debería afectarnos: Aragón agoniza y a la infinidad de granjas que salpican el paisaje, a la imparable contaminación por nitratos que ya afecta a muchos pueblos, a los millones de seres cosificados para terminar a pedazos en una bandeja de poliestireno, ahora llegan los mataderos. Los enormes mataderos.

¿Recordáis cuando hablábamos de casinos hace unos años? Qué rápido se alzaron voces en contra. Los cerdos, los pollos, las personas que los matarán cuentan poco. Aragón cuenta poco.
Vivimos en un matadero. Me pregunto si seguimos vivas o todo es una pesadilla.

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