Vida de barrio

En este mes de marzo, el gobierno municipal ha informado de que las primeras galerías comerciales previstas en el Plan Local de Comercio se impulsarán en 2021 en el Casco Histórico y en Delicias. Se trata de “dos barrios con tejido comercial y con buena parte de las calles afectadas ya peatonalizadas, por lo que los técnicos consideran que son los dos distritos con más posibilidades de éxito.” Hablan de mejoras en la organización, la comunicación comercial, la digitalización de los establecimientos y el desarrollo urbanístico. Asisto con preocupación a las numerosas carencias de esta iniciativa. Los instrumentos adecuados para …

En este mes de marzo, el gobierno municipal ha informado de que las primeras galerías comerciales previstas en el Plan Local de Comercio se impulsarán en 2021 en el Casco Histórico y en Delicias. Se trata de “dos barrios con tejido comercial y con buena parte de las calles afectadas ya peatonalizadas, por lo que los técnicos consideran que son los dos distritos con más posibilidades de éxito.” Hablan de mejoras en la organización, la comunicación comercial, la digitalización de los establecimientos y el desarrollo urbanístico.

Asisto con preocupación a las numerosas carencias de esta iniciativa. Los instrumentos adecuados para ordenar prioridades y detectar carencias no existen. Ni Plan Director, ni adaptación al Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) ni programa de digitalización. Todos requieren de un tiempo de elaboración y de revisión con el fin de no ceder la iniciativa a la improvisación o a la mayor capacidad de influencia y/o de presión social. Este año se aprueban partidas presupuestarias por valor de 7,1 millones sin que el Plan Local tenga memoria económica alguna. Una semana después de su presentación se dice que serán 51,6 millones en seis años, parte de los cuales saldrán de la iniciativa privada. ¿Cómo se calcula? Asunto de prestidigitadores, sin duda.

Parecería razonable la participación, hasta ahora inexistente, del Observatorio Local de Comercio, espacio aglutinador de todos los agentes implicados, en la concreción de esta y del resto de actuaciones del Plan Local de Comercio.

Aterrizando en el territorio, la zona del Casco Histórico (entre San Vicente de Paúl, Coso, César Augusto y plaza del Pilar) tiene, no cabe duda, numerosas posibilidades de mejora. Una simple observación, sin embargo, nos informa de una zona “madura”, con un adecuado desarrollo de las iniciativas comerciales y escasos vacíos urbanos. El asociacionismo aglutina a buena parte del pequeño comercio y se llevan a cabo iniciativas de promoción comercial apoyadas por las administraciones.

El aplazamiento para una segunda fase, sin horizonte conocido, de Las Armas y no hace sino manifestar la falta de interés por lugares que sí precisarían de una intervención contundente y sostenida en el tiempo. Hablo no solo de “desiertos comerciales” sino también del comercio minorista marginado de estas intervenciones como, por ejemplo, la calle Conde de Aranda, el Gancho o La Madalena al otro lado de San Vicente de Paúl.

El Casco Histórico conoce de un problema endémico, el ruido. Mitigado por la pandemia y el cierre forzoso de una parte de la hostelería, vemos cómo podría renacer con la propuesta de ampliar el espacio de veladores en las plazas. ¿Aún más? Cualquier persona que pasee hoy en día por plazas como la de España, Santa Marta, San Pedro Nolasco o César Augusto esquiva mesas y sillas expandidas por doquier. Esta “invasión” dificulta la movilidad peatonal, “anula” los bancos rodeados de terrazas, reduce los espacios de juego infantil informal … Por no mencionar el continuo ruido diario que genera, en zonas como el Tubo, un silencioso exilio de sus habitantes.

El desarrollo urbanístico, con 2,3 millones de euros este año y 4,6 en el 2022, se llevará el grueso de la inversión con actuaciones “integrales”. ¿Cuáles van a ser? ¿Estarán al servicio de la ciudadanía o solo de una parte del negocio privado? ¿Su diseño contará con la participación de todas las personas afectadas? ¿Favorecerán la relación vecinal o estarán construidas a medida de la privatización del espacio público? ¿Seguiremos expulsando a nuestros niños y niñas y mayores de las plazas de nuestro barrio?

La vida de barrio no debería imitar a los centros comerciales, con una elevada concentración de locales en un pequeño espacio rodeado de un “desierto”. No queremos tener “la sensación de que se está en un centro comercial, pero al aire libre”. Sentimos la vida cuando salimos a comprar en las tiendas cercanas, saludamos al vecindario asomado a su ventana o nos paramos a charrar en una esquina, en un banco o en una terraza. Las redes, formales e informales, construyen esta vida de barrio sin necesidad de tutelas ni de planes teledirigidos.

Las administraciones deberían dedicar sus esfuerzos y sus prioridades a “combatir esos desiertos” si queremos una ciudad habitada y habitable, sin exclusiones de ningún tipo. En caso contrario acabaremos profundizando en la diferenciación espacial generadora de lugares solo para pobres.

La facilitación de una verdadera compra de proximidad, en especial para aquellas personas mayores y/o con dificultades de movilidad y a quienes tienen carencias de dispositivos electrónicos, se consigue con un programa realmente integral. Unas políticas públicas inclusivas de rentas, de vivienda y de distribución comercial diversa, incluida la digitalización.

No parece que ese sea el camino tomado por la parte “ciudadana” del Gobierno. Esa palabra tiene ecos, a veces olvidados, de derechos sociales y económicos, de equidad y de preocupación por “la vida real del barrio”. Me gustaría que escuchasen esos ecos, muy anteriores a la fundación de su partido, y rectificasen en la concreción de algunas de sus actuaciones. Queremos barrios vivos y diversos, no uniformes.

Autor/Autora