La sinceridad de la rueda de prensa de Donald Trump ejemplifica de la mejor manera, la salida autoritaria del imperialismo decadente occidental ante su pérdida de hegemonía. El petróleo era el problema, Trump lo dejó claro, siempre lo fue. Pero para hacerse con su control ya no se está dispuesto a construir el relato de que el Gobierno de Venezuela es autoritario, el problema ya no son las actas.
Ahora Maduro ya no es un dictador, es un narcotraficante que posee armas. El autoritarismo de Trump no cree en la democracia, por eso no la va a usar como argumento para su dominio del mundo. Ahora vale con acusar a Maduro de narcotraficante, un caso tan burdo como el de Urbán pero a lo grande, y de poseer armas, algo que no deja de ser ridículo tratándose de un presidente que no sólo posee armas, sino un ejército.
Y contra un narcotraficante todo vale, no se viola la soberanía de un país, se desarticula una banda criminal en una operación hollywoodense, dónde la lucha contra los malos, justifica 40 muertos, bombardeos y secuestros.
Ayer Trump la dio un portazo en la cara a María Corina Machado y a todos los líderes opositores. Un portazo a todos aquellos que hicieron de tontos útiles desde su pedestal de higiene democrática occidental amplificando el discurso de las actas, el autoritarismo y la baja calidez democrática de Venezuela. Con lo del sábado Trump quiere también dar el mensaje de que nunca nadie puede enfrentarse a él en el mundo occidental, lo llegó a verbalizar así. Es la doctrina “Donroe”, la particular adaptación de Donald de la doctrina Monroe. El petróleo venezolano cree que es suyo, lo dijo literalmente en la rueda de prensa. Pero a diferencia de James Monroe, Trump ya no está dispuesto a no interferir en los asuntos europeos, el autoritarismo no sólo es su propuesta para controlar el mundo, también para disciplinar a sus socios y estos deberán agachar la cabeza o asumir las consecuencias.
Tras lo de Venezuela no hay postura mínimamente digna que no pase por condenar el golpe y secuestro de Maduro, reclamar su liberación, denunciar el lawfare, respetar la soberanía venezolana y denunciar el expolio del petróleo. Pocos países están teniendo esta postura, ninguno de los pertenecientes a la OTAN y la Unión Europea.
Sánchez a lo máximo que ha llegado es a mandar una carta a su militancia como secretario general del PSOE, pero nada como presidente del país. Y las decisiones hay que tomarlas como país.
Europa y España incluida, mirando para otro lado lo que nos dicen es que lo volverán a hacer, volverán a mirar para otro lado cuando se intente en Irán, Colombia o Cuba, hasta que esto se normalice como se ha normalizado muchos postulados ultras, hasta que nos ocurra a países europeos como en el caso de Dinamarca con Groenlandia, entonces ya será demasiado tarde.
En el plano nacional PP y Vox con sus declaraciones han demostrado compartir esta táctica autoritaria de Trump. La asimilación de postulados autoritarios de Vox por parte del PP también se hace en el plano internacional.
La pregunta que debe hacerse el PSOE, es ¿Por qué la beligerancia que tenemos con la ultraderecha en el plano nacional no la tenemos en el internacional? ¿Por qué condenamos el lawfare contra el fiscal general y no contra Maduro? ¿Por qué condenamos tantas veces el autoritarismo de la derecha en España y no cuando ese autoritarismo les lleva a perpetrar un golpe militar contra un país? ¿Por qué somos tan beligerantes con su ley de la selva, pero no cuando la practica en el plano internacional? A qué esperamos para reaccionar ¿A que en las próximas elecciones las denuncias de pucherazo de la derecha y la extrema derecha vayan a más y nos pidan las actas? La misma beligerancia que tenemos con los Trumps patrios debemos tenerla ahora.
La pregunta que tiene que hacerse el PSOE es si la carta que Pedro Sánchez ha mandado a su militancia es sincera. Porque si lo es, nos encontramos ante una paradoja, ¿España es gobernada por dos partidos (PSOE y Sumar) que dicen condenar el golpe en Venezuela, pero el gobierno dónde sólo están ellos dos no lo hace? ¿Qué servidumbres tenemos España en el plano internacional que nos lo impide?
La respuesta tiene que ver con las razones que han llevado a Trump al gobierno de EEUU, país que lidera nuestro bloque internacional. Porque Trump sólo ha cambiado la táctica, el objetivo es el mismo: seguir como bloque occidental dominando el planeta política, militar y, en última instancia, económicamente. Y ese objetivo último lo hemos aceptado siempre todos los países del bloque, Trump solamente ha cambiado el cómo. Trump lo que nos dice es que ante la pérdida de hegemonía de nuestro bloque hay que dejarse de moralinas de democracia y libertad y hay que recurrir a la guerra, los golpes militares y el lawfare como método de control del mundo. Eso paso este sábado en Venezuela.
Y el resto de países del bloque parecemos aceptarlo o permitirlo. No van a oponerse, si acaso para la galería, si se crea una gran contestación social como ocurrió con Palestina, con declaraciones que no van a ningún lado pues el "interés nacional" nos hace seguir comerciando armas con Israel o con cartas a la militancia diciendo cosas que no decimos en los gobiernos. La agudización de esta contradicción sobre la táctica para mantener el control del mundo ha hecho caer todas las caretas. Palestina y ahora esto, evidencian la hipocresía de las justificaciones de la guerra de Ucrania por parte de la UE apelando a la libertad y la democracia.
Toca plantar cara a la salida autoritaria con la que nuestro bloque imperialista pretende salir de su crisis de hegemonía. Pero también hay que salir de la lógica imperialista, el mundo no puede regirse por el domino de una parte sobre otra o al menos nuestro país no puede seguir perteneciendo a quienes lo practican. El multilateralismo, el respeto a la soberanía de los pueblos deberían ser nuestros principios, pero eso es imposible dentro de la OTAN, la UE y las estructuras políticas, militares de este bloque en decadencia que recurre a la guerra, los golpes y el genocidio.
