Vender ilusión: un negocio redondo

Es de la necesidad humana de donde se nutre cualquier juego de azar, incluido el “inofensivo” sorteo extraordinario de la Lotería de Navidad, del que nadie sale ileso

Foto: Pixabay

La primera vez que alguien me preguntó qué haría si me tocara la lotería de navidad recité una lista de ilusiones. Fantaseaba con acabar con mis problemas económicos, ayudar a mis seres queridos y darme algún caprichito. En aquel instante me di cuenta de que aún no había sido agraciado, pero acababa de delirar con serlo. Algo que acentuaba mi quimera era considerarse merecedor de ser premiado. Cualquier persona de la clase trabajadora es digna de poder acabar con sus problemas económicos de un plumazo. Y puesto a fantasear con la justicia divina: que le toque El Gordo a alguien que lo necesite.

Es de la necesidad humana de donde se nutre cualquier juego de azar, incluido el “inofensivo” sorteo extraordinario de la Lotería de Navidad. Vender ilusión a quien la necesita es un negocio redondo. Bien lo sabe la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado, exenta en la regulación publicitaria de los juegos de azar y que este año firmaba un contrato con la empresa Equacmedia XL por un valor estimado de 33 millones de euros para colar sus mensajes en nuestros televisores.

Nadie sale ileso del anuncio de la lotería de navidad. Una campaña emocional cuyos ingredientes son la tradición, el sentimiento y el placer de compartir. Me recuerda a los componentes no alimenticios que necesitas para hacer una paella con la familia. Si la rifa de la lotería fuese uno de esos almuerzos, El Gordo sería solo un pequeño grano. La probabilidad de que toque el famoso premio es de 0,0001%, frente al 100% de seguridad de que puedes disfrutar de estos ingredientes sin tener que jugar. Sin embargo, un año más, habrá quien se le cierre el apetito porque en su plato de arroz no cayó el grano premiado.

La mañana del 22 de diciembre, el país se paralizará al escuchar cantar a los niños de San Ildefonso. Los mismos que sin tener edad legal para comprar un cupón, el Estado los expone frente a la muchedumbre para entonar la melodía de la suerte. Sin conocer los resultados del nuevo sorteo estoy seguro de que la frase más repetida en los hogares será: “otro año más que no toca”.

Y aunque no toque, la clase trabajadora sigue intentándolo. Víctimas de la llamada cultura del pelotazo que genera la idea equivocada de que todos nuestros problemas se pueden solucionar con un golpe de suerte. Una sociedad afectada por un sistema tan repleto de desigualdades que genera la creencia de que jugarnos nuestro propio capital es una salida para escapar de nuestras condiciones. En términos económicos comprar un boleto de lotería nunca dejará de ser una inversión.

Puede que hace años fuese de esas personas que se dejaron engatusar por las falacias del Gordo. Sin embargo, la última vez que alguien me preguntó qué haría si me tocara la Lotería de Navidad , ya os podéis imaginar que contesté.

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