Unos de los nuestros

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró hace unos días que los ciudadanos y ciudadanas de Ucrania son “unos de los nuestros”. Y, ciertamente, no hacía sino verbalizar una realidad sobre la que cabe reflexionar. Los sentimos como “de los nuestros”, enarbolamos su bandera y, con toda lógica, nos sentimos solidarios con la población ucraniana pero quizá un poco menos solidarios con la población rusa sometida a una feroz represión y con los refugiados de otros lugares del mundo. Aunque estos últimos no sean rubios, ni europeos, ni ricos, ni sean de países importadores de materias …

La Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró hace unos días que los ciudadanos y ciudadanas de Ucrania son “unos de los nuestros”. Y, ciertamente, no hacía sino verbalizar una realidad sobre la que cabe reflexionar. Los sentimos como “de los nuestros”, enarbolamos su bandera y, con toda lógica, nos sentimos solidarios con la población ucraniana pero quizá un poco menos solidarios con la población rusa sometida a una feroz represión y con los refugiados de otros lugares del mundo. Aunque estos últimos no sean rubios, ni europeos, ni ricos, ni sean de países importadores de materias primas a Europa, ni sus tragedias tengan efectos relevantes para nuestra economía y bienestar.

Los bombardeos indiscriminados, las violaciones de derechos humanos, la represión, el imperialismo y la agresión del más fuerte sobre el vecino o sobre la propia población son condenables siempre, en todo momento y lugar.

Debemos reflexionar sobre la necesidad de otro orden mundial en el que Europa debe tener un papel de liderazgo, extendiendo, y defendiendo, sus valores más allá de nuestras fronteras, más allá de los Urales y del Mediterráneo, lejos del neocolonialismo y de las ínfulas neoimperialistas, autónomo de nuevos zares y del sheriff internacional.

Llegan a las fronteras europeas miles, millones de refugiados ucranianos, a los que -lógicamente- intentamos acoger, como llegan -hoy mismo- miles y millones de africanos a los que rechazamos. Y la llegada de africanos no siempre es una emigración económica (que sería legítima y legal -artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), sino -muchas veces- es un exilio político de países en continuas guerras y sometidos a cruentas dictaduras. Recordemos que las primeras elecciones democráticas multipartidistas de África se celebraron en 1994 en Sudáfrica y la cosa no ha mejorado desde entonces. Y podemos pensar en los sirios, los yemeníes y tantos y tantos refugiados de conflictos que no salen en la prensa.

La invasión de Ucrania es execrable, como lo es la de Palestina o el Sáhara Occidental, aunque sean pobres y los invasores sean aliados por ayudar a contener la emigración y el exilio africano -Marruecos- o posean grandes fortunas e inversiones -Israel- y los invadidos no sean “de los nuestros”... o sí. Porque ¿Quiénes son “los nuestros”?

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies