Una transición ecosocial planteada para Europa

21 enero, 2025. 06:35

Como es bien conocido, el calentamiento global, que ha inducido el cambio climático, tiene su origen en los gases de efecto invernadero (GEIs), producidos en la combustión de los combustibles fósiles: fundamentalmente, carbón, petróleo y gas. La única solución capaz de frenar a corto plazo dicho calentamiento (antes del 2050), sería el abandono progresivo y en muy pocos años, del uso de dichos combustibles y acomodar nuestro sistema productivo (industria, producción agro-alimentaria, transporte, vivienda/urbanismo, movilidad, etc..) y de vida, a una nueva etapa donde las únicas fuentes energéticas serían las producidas por sistemas renovables: eólica, solar, hidráulica... Donde ya se estima que no llegarían a cubrir ni el 40-50% del consumo actual de todas las energías disponibles. La reducción de las emisiones de GEIs ya está planteada en el Reglamento (UE) 2021/1119 del Parlamento Europeo y del Consejo de 30 de junio de 2021: las emisiones y absorciones de GEIs estarán equilibradas dentro de la UE, a más tardar en 2050, por lo que en esa fecha las emisiones netas (emisiones-absorciones) deben haberse reducido a cero.

Mucho se ha escrito sobre esta deseable transición energética a corto y medio plazo (nos quedan, teóricamente 25 años, en el esquema propuesto por la Unión Europea), que además de las afecciones energéticas, afectará a todos los aspectos de nuestra vida y comunidad, por lo que se habla más bien de una transición ecosocial. En este sentido he tenido ocasión de leer una propuesta muy reciente del conocido investigador Antonio Turiel en su libro: "El futuro de Europa. Cómo decrecer para una reindustrialización urgente" (Nov. 2024 Ediciones Destino).

El autor indica en el prólogo, que "es necesario hablar de la transición energética y del modelo de sociedad que ésta implica, pues hay demasiados puntos ciegos, demasiadas omisiones e intereses creados que dificultan obtener una imagen clara de la realidad. Una propuesta que se base exclusivamente en criterios técnicos y en una discusión abierta en la que todo se considera y se analiza. Una propuesta independiente, por lo que señala que deberían ser los distintos cuerpos técnicos del Estado quienes pudieran hacerla" y también que "es un libro desde Europa y para Europa. Recuerda que Europa no tiene recursos, como otras regiones del planeta, por eso necesita una estrategia diferente para su transición energética y social".

A través de 20 apartados, agrupados en tres bloques (Retos actuales, Soluciones que no funcionan y Reindustrializar Europa), va exponiendo su visión de cada apartado y las correspondientes propuestas. No es posible transcribir en un artículo, las ideas básicas de cada apartado, pero trataré de exponer alguna de ellas, desde mi humilde visión de no experto, como llamativas o significativas.

Así, en el primero de ellos (La crisis climática), nos recuerda las crisis del 2023: los incendios gigantescos en Canadá, la tormenta tropical Otis (en el estado de Guerrero y la ciudad de Acapulco), la tormenta Daniel en el Mediterráneo, y el hecho de que en ese mismo año, la temperatura media de todo el planeta fue aproximadamente de 1,5ºC superior al promedio preindustrial. También que dentro de la crisis ambiental, en el 2024, se habían sobrepasado seis de los nueve límites planetarios. En el apartado 4 (La crisis social), afirma que el problema de fondo es "que no es posible emprender una política eficaz contra el cambio climático ni contra el resto de las crisis de sostenibilidad, sin abordar un cambio profundo de nuestro modelo económico y social para que sea realmente sostenible".

En el apartado 6 (Electricidad y Renovables) apunta, "que la intermitencia (la fuerte variación de la energía eólica y solar disponible debida a los fenómenos naturales) obligaría a unos sistemas de almacenamiento de la energía eléctrica producida, que son inasumibles. Dichos sistemas de almacenamiento tienen una utilidad sobre todo, para compensación de los problemas de estabilidad, en una escala temporal más bien breve, y poco más". En el incierto futuro de la fotovoltaica (apartado 8), recuerda que "el modelo de integración preferido es el de grandes parques fotovoltaicos para ser conectados a la red de alta tensión que transportará la electricidad hasta los grandes centros de producción y consumo. Este modelo de gestión de la energía renovable es lo que denominamos "el modelo de Renovable Eléctrica Industrial ó REI". Pero, justamente, la fotovoltaica es el tipo de tecnología peor adaptada a este modelo". Y en el siguiente apartado (La siguiente burbuja renovable, 9), viene a concluir en que "el modelo REI no es verdaderamente funcional para permitir una transición energética, entendida ésta como una sustitución completa de todos los usos actuales de la energía, por la energía renovable que proporcionaría el REI. No hay suficiente potencial de producción, ni materiales, ni capital, ni tecnologías para sustitución, ni maneras eficaces de resolver las cuestiones técnicas más complejas como la intermitencia, la no gestionabilidad o la asincronía de la nueva renovable".

Respecto al transporte (apartado 14): responde a cómo debería ser el transporte en un mundo marcado por el descenso energético y material, y los numerosos retos ambientales: "muchísimo menor que el actual. La hipermovilidad actual sencillamente no es sostenible, y eso se sabe hace muchísimo tiempo", mientras que sobre la desindustrialización del sector primario (apartado 16), termina con una reflexión sobre la sostenibilidad tanto ecológica como económica y social del sector: "Con el actual modelo agroindustrial imperante en Europa, hay una gran dependencia tanto de una larga cadena de insumos energéticos y de materiales que vienen de lugares lejanos, como de mercados globales donde se colocan los productos. Estos dos elementos no se van a poder mantener en un mundo en descenso energético y material. Como tampoco se va a poder mantener el actual sistema de mercado, en el cual un grupo muy reducido de compradores masivos fija los precios en origen".

Sobre la desindustrialización del sector primario (apartado 16), termina con una reflexión sobre la sostenibilidad tanto ecológica como económica y social del sector: "Con el actual modelo agroindustrial imperante en Europa, hay una gran dependencia tanto de una larga cadena de insumos energéticos y de materiales que vienen de lugares lejanos, como de mercados globales donde se colocan los productos. Estos dos elementos no se van a poder mantener en un mundo en descenso energético y material. Como tampoco se va a poder mantener el actual sistema de mercado, en el cual un grupo muy reducido de compradores masivos fija los precios en origen".

En el apartado final (El decrecimiento como conclusión): "la cuestión, desde el punto de la vista de la ciencia y la técnica es clara: el capitalismo no sólo es inviable, sino que está chocando ya contra la imposibilidad material de mantener el crecimiento. De ahí la necesidad de apostar por el decrecimiento".

Termino ya, agradeciendo la paciencia de quienes hayan llegado al final de estas líneas. Ha sido un intento para incitar a la lectura completa del interesante libro de Antonio Turiel. Especialmente recomendable para los políticos, que nunca profundizan en estos temas, y la mayoría de ellos, sólo siguen soñando con el crecimiento.

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