Una historia de infravivienda

El desalojo de Arcadas 38, un edificio en ruina inminente de la Madalena, tras años de abandono, evidencia una realidad que permanece oculta a pocos metros de las zonas más turísticas de Zaragoza: la infravivienda y el chabolismo vertical que sufren decenas de familias en el Casco Histórico.

20 julio, 2026. 12:15
Una recreación de la zona colindante del edificio de Aracadas 38 a partir de una vista del servicio Google Maps

El pasado 9 de julio era desalojado el edificio de Arcadas 38, en la Madalena. Llevaba ocupado varios años y amenazaba ruina. Un bloque de infravivienda en toda regla, a la vista del público, con situaciones denunciables y denunciadas repetidas veces.

Mejor dejar pasar unos días con el fin de ofrecer una mirada más tranquila sobre este edificio, su situación y lo que supone como ejemplo de cómo se malvive en las zonas más degradadas del Casco Histórico zaragozano, a un paso de las zonas más turísticas de la ciudad.

Los testimonios serán anónimos, por expreso deseo de quienes los prestan, pero son parte de una dura realidad sobre la que se suele pasar de puntillas.

Por supuesto, la mirada que se suele ofrecer es la fácil: gente pobre, a la que a menudo se le cuelga el sambenito de delincuente, que ocupa una casa de un inocente propietario. Luego la realidad es mucho más compleja y menos maniquea.

Lo primero que llamaba la atención de este edificio no solo era el hecho de que se trataba de un bloque de personas en situación de extrema vulnerabilidad, sino la situación de desidia institucional a propósito de una casa en la que vivían al menos cinco menores. Las inquilinas de la misma variaban mucho, según declaran vecinas de las calles aledañas. Aunque fueron quince las personas desalojadas, durante temporadas han sido hasta una veintena larga.

La casa fue desalojada tras escucharse ruidos y comprobarse el colapso de los forjados de dos de sus plantas, una de las cuales cayó sobre otra. Ha sido apuntalada interiormente, se han cerrado sus accesos y se está a la espera de su demolición tras la declaración de ruina inminente.

Ya hace un par de años se había desprendido uno de los falsos techos en una vivienda, que fue bajado directamente a la calle por sus habitantes. De hecho, según allegados de una de las familias desalojadas, en el techo de una de las viviendas del primer piso había un agujero de gran tamaño por el que se filtraba agua de los pisos superiores.

¿Tiene propietarios la casa de Arcadas 38? Sí, así consta en la nota simple del edificio. También fuentes municipales declararon que se habían hecho requerimientos para la reparación de los daños estructurales.

Ahora bien, estudiando lo que se sabe de la propiedad sucede, como en otras ocasiones en el Casco zaragozano, que no consta mucho más que una compra que puede remontarse a décadas atrás. Con propietarios que pueden haber fallecido, herencias en litigio y hasta desconocimiento por parte de los familiares de que tienen esa propiedad.

Esto pensando bien, porque, por supuesto, no hay que descartar la mala fe. Es mucho más fácil dejar pasar el tiempo hasta que los hechos se precipitan y se evita el conflicto del desahucio y una eventual y costosa reforma.

Ejemplos de abandono palmario de fincas o solares hay de sobra, aunque sin duda el más reciente es el de la calle Estébanes, en el Tubo. Un edificio de 500 años de antigüedad que terminó derribado tras numerosas señales de alarma y repetidos avisos del vecindario y de establecimientos de la zona.

Pero la situación se repite en todo el Casco Histórico y, hasta cierto punto, se ha normalizado. De hecho, en la misma calle Arcadas, el pasado 18 de marzo fue desalojado el número 6 por grietas en el techo de una vivienda. En este caso, los problemas se pudieron resolver con reformas relativamente fáciles.

¿Hay más viviendas ocupadas en la Madalena? Sí, y todas responden al mismo perfil: personas en situación de extrema precariedad que entran en edificios muy deteriorados y vacíos desde hace años, de los cuales se han desentendido sus propietarios.

Ejemplo de abandono fue el edificio del Coso 184, donde también vivían en condiciones lamentables varias personas y que ardió en mayo de 2024.

Aunque propietarios desatentos no es la expresión adecuada, porque, como sucedió en diciembre en Doctor Palomar 33, a escasos 100 metros de la finca de Arcadas, un propietario recuperó la memoria y se procedió al desalojo de un edificio que llevaba al menos dos años ocupado. También se vio merodear a dos miembros de la empresa OkupAcción en la zona en esas fechas.

Dos integrantes de OkupAcción en el Coso

Y hace tres semanas eran desalojados y tapiados los bajos de San Agustín 35. Otro espacio muy deteriorado que ha sido utilizado como vivienda en reiteradas ocasiones.

También se habla a menudo de las llamadas mafias de la ocupación y se exagera sobre el asunto. No se trata tanto de organizaciones criminales propiamente dichas como de aprovechados que controlan determinados espacios y han visto una ventana de oportunidad.

500 euros se cobraban hace un año por acceder a una vivienda previamente ocupada, por supuesto sin garantía de ningún tipo. En Arcadas 38 se cobró 650 euros a una de las familias que accedió, nos consta.

El asunto de la infravivienda en Zaragoza es conocido, pero muy difícil de cuantificar. Sí que se sabe, por el censo, de pisos con muchas personas empadronadas. También de locales sin cédula de habitabilidad que se usan como vivienda, así como de algunos pisos que están ocupados. Pero poner una cifra es arriesgado, por no decir imposible.

Ahora bien, una infravivienda puede ser perfectamente habitada por sus propietarias o estar alquilada legalmente. Hablamos de pisos sin instalaciones sanitarias adecuadas, con humedades, problemas estructurales o de locales que no tienen ni una ducha.

Sí que ha habido actuaciones puntuales para la erradicación del chabolismo, como el llamado Programa de Atención Social en Situaciones de Infravivienda (ASSI) del Ayuntamiento de Zaragoza. Pero la complejidad del asunto de la infravivienda, también llamado chabolismo vertical, por la variedad de situaciones en que se produce, es una labor siempre pendiente, algo que reconocen hasta los propios servicios sociales.

También se promocionan a bombo y platillo actuaciones que se quedan cortas, como el recientemente anunciado plan Gancho: cinco locales vacíos de Zaragoza Vivienda cedidos a varias organizaciones y un edificio de seis viviendas que gestionará la Fundación Síndrome de Down. Actuaciones loables, sí, pero que se quedan en poco más que lo simbólico y no enfrentan el considerado por la ciudadanía un problema de primer orden como es la vivienda.

Por otra parte, el Plan Integral del Casco Histórico (PICH), que supuso en otro tiempo un impulso real a la rehabilitación de vivienda, en principio sigue vivo, aunque mucho menos activo de lo que fue y de lo que sería de desear.

Para las familias que residían en Arcadas 38, olvidadas por las instituciones hasta que no se precipitó la catástrofe, ya es tarde. Se han reubicado en casas de familiares, que bien pueden ser también viviendas precarias, y la única solución habitacional que se les ofreció fue el más que saturado Albergue municipal, por otro lado una solución temporal.

Es solo una historia, un ejemplo. Pero el chabolismo vertical es el día a día de muchas personas en todas las grandes ciudades.

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