Colonialismo viene del latín "colere", es decir "cultivar", la misma etimología que para "cultura". Un término que engloba muchos elementos y que desgraciadamente, lo que se cultiva de la naturaleza, se extrae; y como somos unos bienpensantes occidentales lo culto no siempre es sinónimo de bienestar y derechos.
La palabra "clúster" significa "racimo, nodo, agrupamiento". Un término anglosajón que aplicado al Maestrazgo es el equivalente a destrucción. Dos millones de árboles, 173 km de líneas de alta tensión, 125 macromolinos eólicos en 22 parques y unas 2000 hectáreas. Este es el impacto del clúster de energías renovables aprobado en Consejo de Ministros el pasado 23 de julio.
A finales de los sesenta y principios de los setenta fraguaron una serie de teorías que analizaban el colonialismo interno. Robert Lafont replicó estas tesis en Occitania, las cuales incidían en que cada nación o grupo humano ocupa un nicho laboral o social, subordinado al capitalismo y sus herramientas de poder (el Estado burgués). Como siempre, el marxismo explicando perfectamente las dialécticas del sistema, sin tapujos ni etiquetas.
En Aragón nos declararon la guerra hace tiempo, y muchos no se quieren enterar de ese nicho extractivo. El colonialismo interno es el leit motiv aragonés, desde los años finales de la dictadura franquista la denuncia de esta situación se hizo palpable: el trasvase del Ebro, la sombra de centrales nucleares, la producción hidroeléctrica en cualquier rincón con agua y montaña, la ocupación de terrenos por el ejército. Desde Vicente Cazcarra a toda la generación del PSA y Labordeta denunciaron esta problemática colonial. Se pensó que con la democracia esto se corregiría. En 1984, se desalojaba a los últimos vecinos de Jánovas (Chanovas) para ejecutar un pantano que nunca vería la luz -esto lo firmaba un gobierno del PSOE-. Y así todo. La Aragón-Cazaril, macropantanos con diversos formatos e intenciones, desde Santaliestra, Biscarrués y Yesa a Mularroya, pasando por proyectos absolutamente surrealistas como el del Rubbiatron o la loca apuesta por Gran Scala. Hay muchos más pero no vamos a fatigar con el listado. Ahí sigue lo de Canal Roya, esperando en algún cajón de la DGA.
Hemos ido digiriendo esta realidad extractivista a base de alegación, mani y protesta. Ganar, perder y resistir. Pero hay procesos de cocción lenta que amenazan nuestro paisaje social y medioambiental. La despoblación es uno de ellos; un fenómeno que algunos quieren atajar con el marketing de siempre -diréctrices, cátedras, planes social-liberales- pero que esconde un conflicto eterno, entre campo y ciudad, bien reforzado por el colonialismo capitalista español. No es un hecho naïf, sino un conjunto de decisiones políticas que han ido dejando vacío nuestro medio rural. Por acción u omisión. Franco lo tenía claro: crimen y castigo. Olvido y miseria. Una colonia vacía es mucho más fácil de explotar y dominar. No hay gente, nadie cuestiona nada.
En su momento adquirió fuerza la idea de La Dignidad de la Montaña, la defensa de la tierra por encima de absurdos pantanos. El Territorio, con mayúsculas. Que es vida, ecosistema y cultura. En su día se escribió sobre sobrarbización (extractivismo y sangría humana). Y el despoblamiento que genera "ángulos muertos", el Aragón ultraperiferizado, que es muy extenso y vulnerable. La diana ideal para los macroproyectos de renovables (Guarguera, Val d'Onsella, Sobrepuerto, Campo de Romanos, Maestrazgo, Manubles, Sierra de Herrera...), que también afectan a zonas con más densidad poblacional. El nicho que tenemos que ocupar.
La desplanificación también es un elemento de la colonialidad. Y poco análisis racional cabe aquí. La Agenda 2030 prescribe un mundo de energías limpias pero también la defensa de los ecosistemas, del paisaje. No hay dictadura ecoverde que valga con estas cuestiones. Lo del Maestrazgo es ecocidio. Bien lo saben en la Plataforma a favor de los paisajes de Teruel. Hace tres años largos desde que presentaron numerosas alegaciones, para una Declaración de Impacto Ambiental que es una tomadura de pelo.
Una cosa es el agravio comparativo y otra el sacrificio territorial que se ha ido perpetrando en Aragón desde que nuestra soberanía se supeditó a la Nueva Planta borbónica. Una detrás de otra. El Maestrazgo es la punta del iceberg. Un horror. Pero podemos pararlo. Se ha hecho otras veces. Que nadie lo dude, a pesar del pesimismo de este artículo de opinión.





