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Un virus latente

Desde el momento en el que las tribus y familias decidieron dejar de ser nómadas empezó a implantarse un nuevo orden social. Mejoraron las posibilidades de subsistencia cuando los cazadores y recolectores fueron sustituidos por agricultores y ganaderos. Las nuevas fórmulas económicas comenzaron a producir excedentes de bienes que eran intercambiados por servicios y trabajos...
| 27 mayo, 2019 17.05

Desde el momento en el que las tribus y familias decidieron dejar de ser nómadas empezó a implantarse un nuevo orden social. Mejoraron las posibilidades de subsistencia cuando los cazadores y recolectores fueron sustituidos por agricultores y ganaderos.

Las nuevas fórmulas económicas comenzaron a producir excedentes de bienes que eran intercambiados por servicios y trabajos reclamados por la colectividad.

Eso significaba dotar al grupo de unos mecanismos que se encargaran de la custodia, cuidado y reparto de la abundancia producida.

Se nombraron contables, recaudadores, responsables del reparto. Para defender todo esto era indispensable un grupo de guardianes protectores. Se estaba a un paso del nacimiento de los ejércitos.

Fijándonos bien podemos darnos cuenta que el origen de las instituciones armadas se enraíza en la autentica necesidad que tenían algunos individuos de proteger sus enseres. Ahora bien ¿Quiénes eran los demandantes de esa protección?

Siglos después continuamos padeciendo el egoísmo de los que se enriquecen con el trabajo de todos.

Existe un acuerdo no escrito que ambas partes cumplen escrupulosamente: la fuerza armada blinda los privilegios de los poderosos y estos recompensan el servilismo de los mercenarios con prebendas económicas que salen de los excedentes producidos por la comunidad.

Con esta simple explicación se pueden comprender los motivos que históricamente impulsan a la milicia a alinearse con los terratenientes.

En nuestro país el comportamiento castrense tiene especial significación; cuando ha habido la mínima posibilidad de apertura democrática, ésta ha sido sesgada por una asonada militar que castraba las ansias de libertad.

Dictadura tras dictadura hemos caminado por nuestro devenir político y social.

En alguna ocasión la opresión era por voluntad del reyecito tirano. El soberano nombraba jefe de gobierno a un militar que despreciaba a los súbditos con tanto desdén como el mismo monarca.

Esa fue la razón por la que Alfonso XIII – abuelo del “Emérito” y  bisabuelo del “Preparado” – encomendó gobernar como dictador al general Primo de Rivera.

A continuación, con el advenimiento de la II República los españoles le enseñaron la puerta de salida al Borbón y desde el rencor los monárquicos alimentaron un levantamiento para recuperar el trono.

La jugada no fructificó porque encargó la misión a un personaje sin escrúpulos que se apropió de la Jefatura del Estado tras someter a la nación a una masacre sin precedentes. El rey exiliado se quedó compuesto y sin corona.

Con el paso del tiempo el sátrapa intentó saldar la deuda en su testamento y nombró sucesor de la dictadura al nieto del rey que la población del país había depuesto legalmente.

La “modélica Transacción” casi llegó a ocultar la tendencia insana de policías y militares patrios por imponer su idea de nación. Si no logró disimularlo es porque ha habido casos que han señalado las deficiencias de nuestra democracia.

El hecho más famoso es el 23 F -una chapucera actuación para gloria del “Campechano”-  pero no ha sido el único peligro involucionista. Los nostálgicos han usado las cloacas del Estado a través de la policía “patriótica” para impedir la entrada en el gobierno de partidos que los “salvapatrias” consideran  inadecuados. A los patriotas de pacotilla no les importa el mandato de la población.

Los golpistas modernos han dejado de utilizar los métodos tradicionales. En la actualidad los medios de desinformación, el estrangulamiento económico y el bloqueo comercial son instrumentos que pueden provocar la caída de gobiernos con igual rapidez que las bombas.

Para aprovechar el desmoronamiento del Estado siempre aparece la opción carroñera que se beneficia de la ruina provocada. La ultraderecha española ha reaparecido preñada de una caterva de militares melancólicos de las miserias pasadas.

No podía ser de otra manera, nunca se esterilizó el régimen del dictador y tampoco al ejército. En defensa de los amos los vasallos tradicionales quieren actuar. Cuidado porque la infección latente puede volver a brotar.

27 mayo, 2019

Autor/Autora

José Antonio Luque, es socio de MHUEL (@MHUEL_), analista social y colaborador de AraInfo.


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