Un Pacto del Agua ante la emergencia climática

Transcurridas tres décadas desde su aprobación, allá por 1992, el Presidente de Aragón, Javier Lambán, se dispone a revisar el Pacto del Agua con el objetivo de actualizarlo, de cumplir sus compromisos de gobierno, y de buscar nuevos consensos políticos y sociales que el Pacto vigente ya no tiene.

agua

Corría el año 92 del siglo pasado cuando Emilio Eiroa era Presidente de Aragón en un gobierno de coalición entre el PAR y el PP. Fue entonces cuando, tras años de debates políticos, sociales, y técnicos, se alcanzó un acuerdo para firmar el Pacto del Agua mediante la aprobación de una Resolución de las Cortes de Aragón. Sin embargo, aquel pacto nacía viejo. Los principales valedores del pacto fueron, en el ámbito político, el PAR, el PSOE, y el PP (que ha mantenido siempre un doble discurso muy diferente en Aragón que en España), con el apoyo también del CDS, y de IU -que por aquel entonces, aunque críticamente, apoyaba el acuerdo-, y Riegos del Alto Aragón en el ámbito social. Sin embargo este pacto dejaba fuera a las entonces fuerzas emergentes, como CHA en lo político, o las organizaciones en Defensa del Territorio y de una Nueva Cultura del Agua, pero también dejaba fuera a las poblaciones afectadas. Nacía pues viejo, con argumentaciones ancladas en el siglo XIX (hasta a un ‘falso’ costismo tuvieron que recurrir para defenderlo), con un desarrollismo hidráulico pensado para la agroindustria como eje principal.

Sin embargo, y a pesar de lo ineficaz, extraordinariamente caro, y de enormes afecciones sociales y medioambientales que la construcción de los grandes pantanos incluidos en el Pacto del Agua suponían, el Pacto siguió adelante con gobiernos del PSOE, o del PP, siempre en coalición con el PAR, claro. Cabe recordar que las defensoras de este Pacto pretendían ‘venderlo’ como la gran, o única, defensa legal del autogobierno aragonés ante la amenaza, entonces permanente, de diferentes PHN proyectados por el ala más españolista tanto del PSOE como del PP, y que siempre incluían trasvases de aguas del Ebro a otras cuencas. Pero los trasvases del Ebro los paralizaron las enormes, y mantenidas en el tiempo, manifestaciones y movilizaciones del pueblo aragonés contra el expolio hidráulico.

El Pacto del Agua siguió su vida envuelto en la polémica. Ni sus defensoras, ni sus detractoras, han estado nunca satisfechas. Las primeras al sentirse engañadas por la baja ejecución (desde 1992 hasta el 2002 el Estado español apenas había ejecutado el 1% de las obras), las segundas al observar que las amenazas de afecciones medioambientales y sociales seguían intactas.

A comienzos de siglo XXI llegó el más longevo periodo para un mismo gobierno en Aragón. Marcelino Iglesias es elegido Presidente y ocupará el cargo 12 años, durante este tiempo, Iglesias, del PSOE pero norteño, y que se refería a Aragón como país, comenzó a matizar la postura del PSOE influenciado por IU, con quien firmó un acuerdo para su investidura y que ya incluía y compartían cuestiones como “la importancia del agua como un factor estratégico para el desarrollo sostenible presente y futuro de Aragón así como la necesidad de su aprovechamiento en sus distintos usos con el máximo respeto medioambiental y las menores afecciones sociales, reconociendo también que era preciso lograr un amplio consenso social tras el correspondiente diálogo”.

Nada desdeñable fue entonces también la influencia de CHA, los Movimientos en Defensa de la Tierra, las Asociaciones de Afectadas por Grandes Embalses, o las entidades sociales y científicas partidarias de la Nueva Cultura del Agua para abrir estos debates en la sociedad aragonesa y concienciar sobre la urgente necesidad de combinar las necesidades de agua de la agricultura, ganadería e industria con la obligación de mantener los ríos de las cuencas del Ebro y Turia vivas y sanas.

Entonces llegó el 2008. La Expo del Agua. Zaragoza capital mundial del agua. La sede de la ONU para estas cuestiones. Debates técnicos, políticos, y sociales. Y todo el mundo parecía convencido de que, como mínimo, las cuestiones planteadas por la Nueva Cultura del Agua: moratoria de grandes pantanos, ahorro de agua, uso eficiente, sistemas fluviales vivos y diversos medioambientalmente, eran la base sobre la que reformular el Pacto del Agua y avanzar hacia políticas más sensatas y ajustadas a la realidad climática aragonesa y planetaria. Terminó la Expo. Los edificios se quedaron huecos, y los compromisos adquiridos y firmados solemnemente se los llevó el río.

Mientras todo lo anterior ocurría la contestación social a los proyectos más polémicos, los grandes pantanos como: Mularroya, Biscarrués, Santaliestra, Chanovas o Yesa, se cargaban de razones contra su construcción. Argumentos económicos, sociales, medioambientales, y hasta de defensa del patrimonio se unían para explicar lo demencial de estos proyectos. La lucha social se unió a la judicial, y a pesar de algunas victorias la suerte ha sido desigual para cada uno de ellos. En Mularroya a pesar de varias sentencias contra su construcción las obras siguieron. Finalmente Chanovas fue descartado, pero ni la CHE ni el Estado español se han hecho cargo del destrozo social que ya se había causado, pues los habitantes de esta hermosa localidad habían sido obligados a la fuerza a abandonarlo. Hoy la aragonesa tenacidad de unos pocos está devolviendo la vida al pueblo y su entorno.

Con respecto a Biscarrués, Europa mantiene abierto el proceso de infracción contra el Estado español por este embalse seis años después de la apertura del procedimiento sancionador. Y se está a la espera de que el Tribunal Supremo resuelva el recurso de casación interpuesto por Riegos del Alto Aragón, y presentado después de que la Audiencia Nacional tumbara el anteproyecto y la declaración de impacto ambiental del embalse. Por su parte, el proyecto de pantano en Santaliestra también cayó, tras un acuerdo entre aragonesas del llano y la montaña, y será ‘sustituido’ por el pantano de San Salvador.

Y llegamos al macro pantano de Yesa, para el que un reciente informe del Tribunal de Cuentas pone como ejemplo de descontrol en los presupuestos, de mala planificación en una obra pública, y determinando un desfase del 110% sobre el presupuesto inicial, y un retraso en la ejecución de la obra de 14 años. Han sido, y siguen siendo, decenas de millones de euros convertidos en hormigón. Pero además Yesa plantea un problema aún más grave: su seguridad estructural por el deslizamiento de sus laderas, y por tanto la seguridad vital de miles de personas, tanto en Aragón como en Nafarroa.

Tras contextualizar someramente estos últimos treinta años llegamos a la actualidad, donde celebradas las últimas elecciones a Cortes de Aragón, Javier Lambán se vio obligado a alcanzar acuerdos entre cuatro partidos para ser investido Presidente. De todos estos partidos el PSOE ha ido virando hacia posiciones más sensatas y modernas, CHA se mantiene en su oposición a los grandes pantanos, aparece en escena Unidas Podemos con un claro compromiso en la defensa de la Nueva Cultura del Agua, y también tenemos al PAR, obligado, como todos a cumplir el pacto de gobierno.

En este pacto, “Acuerdo de investidura y gobernabilidad para la X legislatura en Aragón” se dice al respecto de “Materia Hidrológica”:

➡️ 93. Defender del principio de unidad de cuenca, y cumplimiento de la Directiva Marco del Agua, la defensa de la reserva hídrica y manifestar nuestra oposición rotunda a cualquier Trasvase del río Ebro.

➡️ 94. Trabajar por la resolución de los conflictos del Agua en Aragón. Constitución e impulso de una mesa de diálogo en la Comunidad Autónoma de Aragón para un nuevo Acuerdo del Agua. Asegurando el desarrollo de las necesarias infraestructuras de nuestro territorio para el progreso de nuestro medio rural con el agua como recurso vertebrador, de generación de riqueza y oportunidades y de cohesión del territorio. Todo ello sin olvidar las restituciones justas a afectados por embalses ejecutados o no. De igual modo, se desarrollarán las conclusiones y recomendaciones para los usos del agua aprobados en la subcomisión de Agua y Cambio Climático del Congreso de los Diputados.

➡️ 95. Acometer la limpieza de aquellos cauces de ríos que resulten urgentes ya sea por motivos de inundaciones o avenidas de acuerdo con el Dictamen de la Ponencia de Inundaciones de la Comisión del Agua de Aragón: y el Plan Integral de Gestión del Riesgo de Inundación de la Confederación Hidrográfica del Ebro.

➡️ 96. Adoptar las medidas necesarias para poner en marcha el Plan Ebro 2030. Impulsar la zona de la Ribera con compra de terrenos para zonas inundables, limpieza ecológica del río, plantación de 3 millones de árboles y una red de infraestructuras para convertir a la zona como un gran corredor de economías verdes basadas en el conocimiento y en el ecosistema.

➡️ 97. Implementar los trabajos y normativas que aseguren la calidad de las masas de agua, y la descontaminación de aquellas que se encuentren en mal estado. Realizar acciones conjuntas con la CHE.

➡️ 98. Fomentar la modernización de regadíos con apuesta por regadíos sociales sostenibles de acuerdo con el Inventario de Regadíos.

Así pues, nos encontramos ante una oportunidad histórica de alcanzar un acuerdo mayoritario que represente a una amplísima parte de la sociedad aragonesa y que culmine la transición de un Pacto del Agua basado, casi exclusivamente, en las necesidades de la agroindustria, hacia un Nuevo Pacto del Agua que tenga como ejes la lucha contra el cambio climático, la generación de riqueza y oportunidades, que de cohesión al territorio, que restituya a las personas afectadas por embalses, y que sitúe a Aragón a la vanguardia en el uso sensato y en la gestión sostenible del agua.

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