Un observatorio memorialista: la dignidad lo exige

La necesidad de un observatorio sobre las cuestiones de la Memoria Histórica en nuestro país me parece tan obvia, que sería importante, por parte de las asociaciones memorialistas, hacer un esfuerzo para instaurarlo. El franquismo sociológico sigue vivo en el seno de nuestra sociedad. Nunca ha habido una crítica sería institucionalizada sobre el trauma qué, para nuestra sociedad, supuso la Guerra Civil y el franquismo. Otros países pasaron por situaciones históricas parecidas, pero en casi todos los casos afrontaron las consecuencias de forma conjunta la totalidad de la sociedad. En aquellos países en los que no se hizo, el trauma …

La necesidad de un observatorio sobre las cuestiones de la Memoria Histórica en nuestro país me parece tan obvia, que sería importante, por parte de las asociaciones memorialistas, hacer un esfuerzo para instaurarlo.

El franquismo sociológico sigue vivo en el seno de nuestra sociedad.

Nunca ha habido una crítica sería institucionalizada sobre el trauma qué, para nuestra sociedad, supuso la Guerra Civil y el franquismo.

Otros países pasaron por situaciones históricas parecidas, pero en casi todos los casos afrontaron las consecuencias de forma conjunta la totalidad de la sociedad.

En aquellos países en los que no se hizo, el trauma histórico sigue manifestándose en nuestros días, es el caso que nos ocupa y que nos debería, además, preocupar, por las consecuencias qué para el futuro de nuestra democracia, acarrea esta situación.

El desapego a determinados símbolos, que ni la democracia ha conseguido “blanquear” para toda la ciudadanía; el discurso de bandos, que sigue vivo y que cada vez es más preocupante.

No aceptar que lo que pasó es algo que debe enseñarse y revisarse, para poder superarlo, sigue marcando un rumbo incierto para nuestra convivencia.

Que un instituto armado que lleva 175 años en el seno de nuestra sociedad, siga utilizando los nombres de auténticos criminales golpistas, al lado de abnegados rescatadores y víctimas del terrorismo muertos en servicio, para homenajearlos sin hacer ninguna clase de distinción entre ellos, no dice nada bueno de la asunción del pasado y la democratización hecha por este cuerpo.

Algo se ha hecho rematadamente mal.

Que el Ayuntamiento haya creado un órgano para discutir si se cumple o no una ley autonómica vigente, tampoco dice nada bueno de esta institución.

Que partidos democráticos de la derecha sigan manteniendo medallas placas y privilegios honoríficos al dictador y sus adláteres, en contra, de nuevo, de ésta flamante ley es indignante, porque no debería hacer falta ninguna ley para acabar con ignominias como éstas.

¿Porque nos llenamos la boca de insultos y el espíritu de ira cuando creemos que se está haciendo la más mínima loa al terrorismo, y no nos pasa lo mismo cuando estos homenajes se dedican a una dictadura sangrienta, que comenzó con una guerra, miles de asesinatos, una represión brutal, siguió con una absoluta falta de libertades y que acabó con más fusilamientos, como había comenzado?

Sí, hemos asumido con una naturalidad pasmosa un pasado reciente qué, deberíamos entender, no atañe solo a una parte de la sociedad, sino a toda ella.

El empeño por cerrar heridas no es algo que se consiga por decreto, ni por ser el espíritu de una transición, (por lo demás y como mínimo bastante incompleta); se consigue con voluntad política, no con parches erráticos; se consigue mediante un consenso estatal (pues la guerra llego a todo el país); se consigue con la educación en escuelas, institutos y universidades; se consigue con más democracia, tanto en los partidos como en la sociedad.

Mientras no nos convenzamos todos de que este empeño es fundamental para nuestro futuro, los errores del pasado volverán a aparecer. Los fantasmas están saliendo del armario porque nunca lo supimos encerrar bien bajo las siete llaves de la concordia y de la buena convivencia.

Es pues, la Memoria Histórica, un movimiento que no quiere agitar espantajos del pasado, es la conciencia en una sociedad qué, por no haber hecho las paces con su pasado, no es consciente de que la herida que tiene su alma seguirá supurando. Mientras la seguimos negando esa herida ha creado una infección que la amnesia no curará.

Los jóvenes de hoy en día ya no saben quién era Franco, y conviene no olvidarse de los opresores del pasado para reconocerlos cuando quieran volver en el futuro.

Intentaremos hablar de las cuestiones cotidianas que salpican todos los ámbitos de nuestra sociedad desde un observatorio memorialista que intente poner las cosas en su sitio de la manera más justa posible.

Es un parche, una venda para una enfermedad que hubiera necesitado de cirugía.

Pero el sentido la Justicia de una buena parte de nuestra ciudadanía se alimentará, aunque sea mínimamente, con estas pildorillas que pueden ser contrapunto a los comentarios y noticias que no deben quedar sin respuesta.

No hemos de callar.

La democracia no es un privilegio otorgado, es un régimen de libertades políticas que costó mucho restituir en nuestro país, y aunque solo sea en memoria de quienes sufrieron y murieron para hacerlo posible, las palabras no nos van a faltar.

Seguiremos en la brecha.

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