Un negocio que arde

Hace dos años, el 18 de julio de 2022, que la codicia provocó un incendio que calcinó 14.000 ha de bosques de montaña y fluviales y campos de cultivo en el entorno de Ateca. Y decimos codicia porque el propietario del terreno donde comenzó el incendio pretendía algún tipo de negocio. Y las empresas contratista y subcontratista, “profesionales de la repoblación forestal” Landlife Company y Campos Rey Trabajos Forestales, también querían ganar dinero rápido. Y, para que fuera así, el gobierno de Aragón autorizó los trabajos sin importar que picaran roca en pleno verano, a 40° y en la peor …

Foto de Carlos J López para ilustrar los artículos entre ellos: sobre Arabia Saudí

Hace dos años, el 18 de julio de 2022, que la codicia provocó un incendio que calcinó 14.000 ha de bosques de montaña y fluviales y campos de cultivo en el entorno de Ateca.

Y decimos codicia porque el propietario del terreno donde comenzó el incendio pretendía algún tipo de negocio. Y las empresas contratista y subcontratista, “profesionales de la repoblación forestal” Landlife Company y Campos Rey Trabajos Forestales, también querían ganar dinero rápido. Y, para que fuera así, el gobierno de Aragón autorizó los trabajos sin importar que picaran roca en pleno verano, a 40° y en la peor hora de calor (16 horas) con la seguridad de que saltarían chispas sobre la paja reseca.

Tampoco importó que el tándem mencionado hubiera provocado un incendio que calcinó 35 ha un mes antes. Entonces, casi ninguna Comunidad autorizaba trabajos como este en verano, ni el mismo gobierno de Aragón permitía ningún tipo de trabajo agrícola de riesgo (pero forestal, sí). Entre un incendio y otro no se implementaron medidas de seguridad contra incendios. Una negligencia de libro, no sabemos si dolosa.

Y podemos hablar de colaboración público-privada, porque fue necesaria la connivencia del INAGA que no cumplió su papel de vigilante, para evitar que las empresas hicieran unos trabajos a todas luces ilógicos en pleno verano. Y, además, el incendio va a acabar costando 3 millones de euros a las arcas públicas en mejoras de caminos, barreras a la erosión y balsas contraincendios (ahora que poco se puede quemar ya).

Hay gente que cree que la excusa de hacer agujeros en verano para plantar en invierno y empezar a cobrar derechos de absorción de CO2, es sólo una tapadera de otro negocio. ¿lo podrá determinar el juzgado?

Aquel incendio arrasó propiedades agrícolas y forestales, casas, fauna y flora silvestre y un paisaje que ya no verá la mayoría de su paisanaje. Está claro quién perdió con el incendio: la vecindad y agricultores afectados y la población que paga sus impuestos. Pero ¿quién ganó?

El director del INAGA siguió siéndolo a pesar de la dejación clamorosa en el cumplimiento de su cometido de defensa del patrimonio natural; el presidente del gobierno de Aragón, que defendió a la empresa, siguió siéndolo y el nuevo presidente, que era oposición entonces, tampoco ha cambiado nada ni investigado nada.

Las empresas están sumidas en un juicio que durará años y del que, por lo visto en otros casos similares, saldrá una escasa compensación a las pérdidas provocadas. Y, si no fuera así, conviene recordar que la filial española de la multinacional holandesa Landlife, tiene un capital social de 3.000 €, bastante menos de lo que esperaba ganar con el trabajo que provocó el incendio. ¿Cómo pudo autorizar el INAGA un trabajo de riesgo con tan escasa garantía de resarcimiento de daños?

En estos años la repoblación forestal ha sido residual: no hay presupuesto dicen los responsables. Se apuesta todo a la regeneración natural, perdiendo la oportunidad de repoblar especies autóctonas como la carrasca para hacer menos vulnerable y más rico biológicamente el monte monoespecífico de pino.

Pero más gente ha ganado. Han salido cientos de toneladas de pino quemado para empresas de pelets a precio de saldo en “aprovechamientos autofinanciados”, es decir, una empresa viene, corre con los gastos de talar y se queda los beneficios. Así ya van 550 ha y se espera llegar a las 850.

Pero, además, otros cientos de toneladas de bosque de ribera han ido directamente a central térmica para producir electricidad “verde”. Sí, la Confederación Hidrográfica del Ebro ha mandado talar el 90% del bosque fluvial afectado por el incendio, sin distinguir claramente a los árboles sobrevivientes y sin respetar las dinámicas naturales como el anidamiento de pájaros carpintero, por ejemplo.

Llamar energía verde a la madera forestal es una pirueta lingüística digna del mago Copperfield, que hizo desaparecer la Sagrada Familia… y de la Comisión Europea, que la ha declarado fuente esencial para la transición energética. Quemar madera produce gases contaminantes y de efecto invernadero. Si plantáramos árboles nuevos para reponer los talados, sí estaríamos compensando en el futuro los gases emitidos hoy. Pero eso, no ha ocurrido ni va a ocurrir.

Como podemos deducir, un proyecto de negocio de absorción de CO2 se ha convertido en un negocio, sí, pero de emisión de CO2: a las enormes emisiones provocadas por el incendio hay que sumar la incineración de los bosques de montaña y fluviales talados y al páramo boscoso en que se ha convertido la zona y, consiguientemente, la anulación de su capacidad de absorber CO2, cuando estaba vivo.

El bosque se ha quemado dos veces, cuando ardió en el incendio y cuando lo han quemado para producir energía. No se puede negar que ha estado bien aprovechado.

Los ayuntamientos también se han llevado algunas compensaciones, dedicando una ínfima parte a repoblaciones, pero no en los bosques arrasados, que se encuentran más lejos y con acceso más difícil. Eso sí, se han mejorado los caminos por donde ya no puede observarse el bosque.

En cuanto al estado de regeneración, sigue su evolución. La naturaleza es sabia, pero muy lenta desde el punto de vista humano, sobre todo de las personas mayores. Después de dos años, las carrascas han rebrotado de sus raíces, haciéndose arbustivas. Igual está ocurriendo con algunos chopos y sauces de ribera. Los pinos comienzan a salir de las semillas esparcidas durante el incendio, el pino carrasco tiene esa habilidad. Pero dos años después hay muchos menos retoños que árboles antes y de un porte de unos 20 cm.  Imaginen lo que tardarán a ser árboles de 8 o 10 metros ¿Otros 40 o 50 años?

Todo el trabajo que la reforestación realizada hace décadas había cumplido en cuanto a regeneración del suelo, se perdió en tan solo unos meses. Varias tormentas “normales” arrasaron las laderas quemadas, arrastrando carbonilla, piedras y tierra hacia los valles. En Moros un barranco provocó un surco de 2'5 metros de profundidad en un camino y la carretera de acceso al valle del Manubles quedó cortada por desprendimientos. De las 14.000 ha calcinadas, el gobierno de Aragón ha hecho trabajos de contención de la erosión en 200. La misma extensión que pretendían “repoblar”.

Lo que quedó demostrado con el incendio, es que el sistema de reducción de emisiones de gases contaminantes para contrarrestar el cambio climático, no puede estar basado en el negocio privado. El beneficio económico no entiende de beneficios ambientales. Es curioso que una empresa gane dinero plantando árboles para absorber CO2 sin cuidarlos después y un agricultor que lleva años cuidando sus frutales no reciba ningún ingreso por reducir CO2 y una retribución muy escasa por la fruta que nos alimenta.

Después de este panorama tan negro, valga la redundancia, el gobierno de Aragón, el nuevo, el opositor al antiguo gobierno, acaba de anunciar que vuelve a apostar por las plantaciones forestales como negocio. Parece que el negocio forestal está que arde. ¿Dónde será el siguiente?

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