La crónica del partido del sábado, como la película del director argentino Gaspar Noé “Irreversible”, tiene todos los argumentos para ser narrada en orden inverso.
Cuando restaban 22 segundos para la finalización del partido, una melée con posesión para el Fénix es girada con oficio por un BUC que había dominado el set piece durante gran parte del partido. La posesión pasa a manos catalanas y, tras la conquista, juegan con paciencia alrededor de los palos buscando lo que, finalmente, consiguieron. Un golpe centrado, tres puntos y el empate en un partido que tuvo una mitad para cada equipo.
Era el 13-13 final.
Poco antes de la última acción, y tras una segunda parte de dominio del Fénix, el BUC había salido de su zona de 22 metros, donde había pasado una parte importante de la segunda mitad, tras un golpe de castigo. Un placaje errado que provoca una conmoción a Juanjo Rivas, ayer el mejor del partido junto a Yann Le Bigot, detiene el encuentro 10 minutos. Tras la reanudación, y con esos 22 fatídicos segundos por jugarse, el Fénix se enfrió y el BUC supo sacar rédito.
La segunda parte fue del Fénix. Simplemente hizo lo que olvidó en la primera. Defender y trabajar en los puntos de encuentro sin posesión. Entonces comenzó a recuperar balones del contrario y a contratacar con peligro y velocidad.
En el minuto 70 de partido el Fénix se puso por delante, por primera vez, en el marcador. Una touche propia perdida en la 22 del BUC acaba en golpe de castigo. Se juega a la mano y se forma un buen maul que avanza hasta cinco metros del ingoal rival. Tras varios picks’n’goes, Romain ensaya pero Jorge Serrano, por poco, no consigue una transformación muy esquinada.
El Fénix se adelantaba 13 – 10.
Diez minutos antes había llegado el primer ensayo para el Fénix, tras varios avisos. El peligro rondaba incesantemente la línea de ensayo catalana. Jorge Serrano se quedó a un metro, Pierre Huc y Romain poco más allá, hasta que al final, tras una serie de buenas fases en continuidad, Vincent Desplas consiguió ensayar. Gauthier No tampoco pudo transformar al borde de la cal del line out.
El Feńix se ponía 8-10 y con mucho margen para una remontada que parecía clara.
La segunda parte había comenzado con un color muy diferente a la primera. El Fénix jugaba en campo rival y el BUC no podía quitarse de encima la pegajosa defensa aragonesa. La dinámica había cambiado y ahora era el Fénix el que jugaba con velocidad y creaba peligro. Las sensaciones en la grada eran diferentes. El público, apático como el Fénix en la primera parte, entonaba sus cánticos y vibraba con el juego de los zaragozanos. Parecía que el 3 – 10 con el que acabó el primer tiempo tenía visos de dar la vuelta.
El Fénix comenzó el partido bien. Muy bien. Tras el saque de centro del BUC, y la conquista en el saque de centro, se enlazaron una buena serie de fases que nos llevaron a campo contrario. Fue un espejismo. En los 38′ restantes solo se pisó campo rival tras juego al pie y errores en los tres de atrás del BUC. Aún así, se estuvo a punto de conseguir un ensayo. Pero se quedó en el casi. Solo un golpe de castigo de Cris Rey desde 40 metros inauguró el marcador local al filo del descanso. El BUC, por su parte, se presentó en Zaragoza con una cara muy diferente a la del año pasado. Un equipo serio, con oficio, combativo y con velocidad atrás. En el minuto 8 marcaba un ensayo transformado y 20′ después, un golpe de castigo, tras dos consecutivos al palo, los alejaba con un 0 – 10 en el marcador. Eran momentos en que el Fénix no se encontraba a sí mismo, y, estando lejos de ser un equipo descompuesto, la falta de balones claros en touche y melee le pasaba factura.




