Esta sería la pregunta a hacer en 2016 cuando fue elegido Donald Trump. Pero que ese mismo energúmeno sea reelegido volviendo su discurso más radical y tras animar a un golpe de estado, todavía se nos antoja más insensato. No voy a exponer nada novedoso, la idea es mirar no tanto al personaje como al fenómeno a través de lo que se ha escrito sobre él. Las fuentes de este artículo son libros en que los autores nos plantean varias de las paradojas del sistema estadounidense.
Por lo pronto el muro del bipartidismo: un sistema absolutamente férreo de voto cautivo en el que se puede votar al malo y al peor
Estados Unidos es un país inmenso en el que garantizar que te votan determinadas zonas es ganar las elecciones y con graves desequilibrios, como que haya dos senadores por estado independientemente de la población. Así, estados ultraconservadores como Alaska, que tiene la población de Zaragoza, están sobrerepresentados respecto a California, por ejemplo, que tiene 40 millones de habitantes. También se ha escrito mucho sobre cómo surge ese caldo de cultivo y cómo se llega al destilado último del ideario de la nueva extrema derecha, conocida como Alt Right, que es Donald Trump.
Un asunto que es crucial para entender el actual contexto es que en EEUU nunca ha habido una conciencia de clase, sino más bien una idea étnica-nacional de los verdaderos estadounidenses, como expone Nancy Isenberg en su libro White Trash. Los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses. Una realidad que sirve para separar entre los míos y los demás y que cruza su historia desde las primeras colonias y el exterminio de los pueblos originarios hasta hoy, pasando por la justificación de la esclavitud.
Ha habido un refuerzo del identitario nacionalista que se aceleró a partir del surgimiento de movimientos como el Tea Party, que consiguió aglutinar identidad con realidad económica en fenómenos como la caída en picado del sector industrial, en recesión desde hace tiempo. Es lo que sucede con el llamado cinturón del óxido, las zonas industriales deprimidas del norte del país. Un voto tradicionalmente demócrata que pasó a convertirse por el discurso populachero del Make America Great Again en votante fiel de Trump.
Pero ¿Por qué gana una segunda vez Trump? Es algo que analiza Ricardo Montoya en un libro reciente: Trump 2.0.
Algo que hace analizando primero por qué perdió en las elecciones de 2020. Por un lado está la tesis bastante lógica de que un factor por el que Trump no salió elegido en un segundo mandato consecutivo fue por la gestión del covid, sumada a los disturbios raciales por la muerte a manos de la policía de George Floyd y la reacción desde el Gobierno proponiendo poco menos que aplicar la ley marcial contra la gente racializada.
Cuando Trump fue más Trump que nunca fue cuando a los votantes les entró miedo. Transmitió la imagen de un incapaz que consiguió que EEUU tuviera las peores estadísticas en la pandemia y que proponía lanzar el ejército contra su propio pueblo. Ese era el presidente de la nación más poderosa de la Tierra.
Bob Woodward, reputado periodista célebre por destapar el Watergate pero muy de derechas, ha ido siguiendo todo el fenómeno Trump y retrató en su libro Rabia la delirante gestión de la pandemia y las tensiones raciales en 2020. Ya anteriormente había publicado Miedo, un libro de entrevistas a miembros de la Administración Trump donde exponía sus propios temores a la caótica deriva de la gestión republicana.
Sí, Trump da miedo incluso a muchos derechistas. Ven en Trump a un personaje populista y mentiroso, rodeado de gente incapaz y que, además, dice cosas de algunos de sus propios cargos como que el fiscal general Jeff Sessions es un retrasado mental. Montoya explica que no es que sus votantes se desmovilizaran para dar la victoria a Biden, es que el voto por el mal menor, que en las últimas elecciones llegó a apoyar hasta Noam Chomsky, se movilizó en masa en el Trump contra Biden y prefirió votar al establishment representado por un político con décadas de trayectoria que se rebeló con el tiempo como un anciano senil.
Pero el efecto bumerán fue impresionante. Por un lado el asalto al Capitolio en enero de 2021 por hordas de ultraderechistas (a posteriori indultados por el propio Trump) y luego el nacimiento de una entente pro-Trump que lo llevaría en volandas de nuevo a la Casa Blanca. Una unión en la que un personaje central sería Elon Musk y con él vendría una avalancha de noticias basura, bulos y propaganda disfrazada de información.
Esto es lo más cercano, pero hay que mirar al ahora para entender el pasado reciente y al fenómeno de la nueva derecha.
Sobre las nuevas derechas en este año ha salido también el libro de la politóloga Antonella Marty La nueva derecha, donde, con bastante sentido del humor, hace una exposición de cómo todos los tradicionales pilares conservadores: familia, religiosidad, punitivismo... se han alterado para generar un discurso propio con maquillaje rupturista pero con un fondo que es la ultraderecha de siempre con un plus de manipulación emocional y de trabajar las obsesiones del varón blanco hetero de nuestro tiempo.
Al mismo tiempo se estila un cierto proteccionismo económico que contradice un sistema como el estadounidense en el que todo está privatizado. Es parte de un ideario que, en esencia, no resiste un análisis serio por sus altas dosis de irracionalidad, que trabaja con la fe y el patriotismo en lugar de con proyectos sociales, pero es muy rentable electoralmente.
No hay que dejar de lado el efecto que ha tenido la progresiva derechización del Partido Demócrata (ya era de derechas, no nos confundamos) desde la llamada revolución conservadora de Reagan en los 80 pero que se acentuó desde el mandato de Clinton. Aunque se ha avanzado tímidamente en derechos individuales, la política económica gringa cada vez ha sido más neoliberal y ha ido perdiendo el mínimo enfoque social, con la excepción de pequeños guiños como el llamado Obamacare.
David Graeber en su libro Somos el 99% escribió que no hay nada que asuste más a quienes gobiernan Estados Unidos que la perspectiva de que estalle la democracia. El sistema se ha ido volviendo más inhumano y menos pegado a la gente y la reacción del votante más derechista es alinearse con quien responde a su cabreo. Los sectores un poco más progresistas dentro de los demócratas, en los últimos años representados por Bernie Sanders, han sido relegados a un papel subalterno hasta quedar como un simbólico Pepito Grillo de escaso peso electoral en un sistema que favorece el todo o nada.
Derecha llama a derecha. Para votar copia votamos el original.
A todo el fenómeno además hay que sumar que el panorama internacional ha deparado varios escenarios en que EEUU ha ido a la deriva, como en la competencia con China que algunos analistas más avispados han entendido que no pueden ganar o el impacto de las largas y absurdas intervenciones militares en Iraq y, sobre todo, Afganistán.
Y llegó el día de las elecciones. Un dato fundamental a tener en cuenta es la alta participación, por lo que la victoria trumpista fue incuestionable. 77 millones de personas votaron por Trump en un país como Estados Unidos donde la abstención suele ser altísima.
Desde entonces el escenario ha rozado lo esperpéntico, por un lado, y lo aterrador por otro. En una semana Trump, de la mano de su entonces inseparable Elon Musk en un papel que parecía casi de virrey, promulgó 200 leyes y creó un gabinete en que se combinaban ultras de todo pelaje con auténticos mamarrachos y se descolgó con locuras como anexionarse Groenlandia.
También ha emprendido una estrategia de ataque abierto a los intereses europeos, con la colaboración de la ultraderecha gobernante en varios países. Esto sumado a la imposición de aranceles comerciales que han resultado ser una táctica poco clara y que se ha estancado sin tener efecto real alguno en la economía gringa.
A nivel interno las redadas contra migrantes están siendo demenciales y han producido miles de detenciones totalmente arbitrarias. Aunque la actuación del llamado ICE (Policía federal de Inmigración) han producido mucho dolor a la comunidad sobre todo latina, también han generado un conflicto social de consecuencias impredecibles.
Como dice Roberto Montoya en su libro: Trump tiene prisa, mucha más prisa que en su primer mandato. Según la 22ª enmienda de la Constitución no podría presentarse una tercera vez, pero ha insinuado en repetidas ocasiones que esa enmienda es injusta. En noviembre de 2026 tiene que conseguir que el Partido Republicano repita el control de las dos cámaras en las llamadas elecciones de medio término. Pero desde dentro del propio partido las cosas no están nada claras y hay un miedo real, volviendo a citar a Bob Woodward, a que las bravuconadas de Trump agiten una desobediencia civil que sobrepase lo simbólico.
Tras leer un poco sobre la realidad gringa cabe concluir que un bipartidismo como el de EEUU está condenado a producir fenómenos como Trump cada equis tiempo, pero la cosa va empeorando y la calidad democrática decae irremediablemente. Aunque la visión de analistas como Graeber es que también se producen fenómenos de reacción como el movimiento Occuppy Wall Street y surgen sorpresas electorales como que en una de las ciudades más ultraconservadoras como es Miami sea elegida una alcaldesa no tan de derechas y en Nueva York un socialdemócrata haga propuestas sociales rara vez escuchadas.
Ahora bien, toca mirar al futuro y pensar que lo que sucede ahora es el reflejo aproximado de lo sucedido otras veces en el Imperio, que presiente su decadencia. También pensar que todo lo que sucede al otro lado del Océano nos afecta directamente y que no hablamos de una amenaza sino de hechos que están sucediendo ya. Leer y conocer sobre el fenómeno nos vendrá bien.
Aunque quizá en el fondo las cosas son las de siempre y habrá que recordar lo que dijo el genial director Sam Peckinpah en 1972: "Mira por quién vota la gente: Nixon, Wallace, gorilas asesinos recién salidos de las cavernas, todos bien vestidos, que hablan y se mueven con la muerte en los ojos".
Fuentes:
Isenberg, Nancy. White Trash (Escoria Blanca). Los ignorados 400 años de historia de las clases sociales estadounidenses ISBN: 978-84-1223247-9
Graeber, David. Somos el 99%: una historia,una crisis,un movimiento, (trad. Esther Cruz Santaella), Madrid, Capitán Swing, ISBN 978-84-942879-3-0
Woodward, Bob. Rabia ISBN: 978-84-18417-59-7
Marty, Antonella. La nueva derecha. Ed Deusto ISBN: 978-84-234-3887-7
Montoya, Roberto. Trump 2.0 Ediciones Akal- ISBN: 9788446056546

