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Tras las huellas del Ché. Juan Martín “Tin” Guevara

Juan Martín estuvo ocho años preso durante la dictadura argentina, fue militante del Frente Antiimperialista por el Socialismo. Hoy trabaja, también militando, por mantener viva la memoria y el pensamiento de su hermano Ernesto Guevara desde la Asociación por los caminos del Che
| 12 diciembre, 2015 07.12

En ese paseo por Bolivia que realicé en el 2013, tuve la oportunidad de viajar hasta Vallegrande y La Higuera para asistir a los actos del 46 aniversario del asesinato del Comandante Ernesto Ché Guevara. Encontrarme en los lugares donde fue muerto el Ché supuso algo especialmente emotivo para mí, pues el Comandante fue, desde mi adolescencia humana y política, la primera figura de influencia en la construcción de mi pensamiento ideológico.

Y en esos días tuve la oportunidad de conocer a personas brillantes como Chato Peredo quien continuó la guerrilla de Ñancahuazú después de caer el Ché, o al hermano pequeño, Juan Martín Guevara, quince años menor que Ernesto, sindicalista y militante.

Juan Martín estuvo ocho años preso durante la dictadura argentina, fue militante del Frente Antiimperialista por el Socialismo. Hoy trabaja, también militando, por mantener viva la memoria y el pensamiento de su hermano Ernesto Guevara desde la Asociación por los caminos del Che.

Diego Marín Roig (AraInfo).- ¿Por qué la presencia de Juan Martín Guevara en este 46 aniversario de la muerte del Che?

Juan Martín Guevara.- Hace un tiempo hice un viaje a La Paz para presentar el libro Miradas al sur de Froilán González, y en ese viaje tuve contacto con la gente, con los medios y con el pueblo. Ese contacto me generó un compromiso que se terminó de concretar en la reunión que tuve con el presidente Evo, que me preguntó si había estado en La Higuera. Le dije que no y con la mirada de sorpresa me preguntó el por qué.

Además de eso, hay un proceso de lo que vengo haciendo en la Asociación “Por las Huellas del Ché”. Me decidí a abrir el cajón de los recuerdos, pero sobretodo tener una nueva militancia, que es la de contextualizar el pensamiento del Che, sacar del olvido y de la ignorancia la enorme cantidad de gritos, discursos y cosas importantes para el pensamiento social, filosófico, político, económico, etc., que está plasmado en esos escritos. A parte de eso hay un punto importante, y es que venir a la Higuera era ya una necesidad. Había que venir doliera lo que doliera o fuera lo que fuera emocionalmente. Lo he cumplido. Sin embargo no he ido a la Quebrada del Yuro, pero lo haré en alguna ocasión posterior.

DMR (A).- ¿Por qué ha existido por parte suya y de su familia, durante tantos años, este silencio sobre la vida y la obra del Che, y por qué decides hablar ahora?

JMG.- Alguna vez ya he comentado que no es una decisión que hayamos tomado en común entre todos los hermanos, sino que se dio así, sin más, sin plantearlo. Quizás porque tenemos una concepción totalmente contraria a eso de la farándula, al tracatán como dicen los cubanos, a ser alcahuete, en definitiva a no contribuir a hacer de la vida del Che algo superficial y cercano a la prensa rosa.

Una vez en Cuba tuve una anécdota con una médica, una señora que atendió al Che en el año 63 con un ataque de asma muy fuerte, que me invitó a una jornada llamada Camilo-Che en la que se conmemoraba y recordaba a los dos compañeros. Me invitó pues al acto que se iba a realizar en el hospital. Yo le dije que no participaba en eventos, que no hacía entrevistas, que lo mediático no era lo mío. Entonces, noté que la señora se estaba poniendo molesta, y me dijo que bueno, yo tenía el derecho de no hablar, pero que ese derecho no era justo, porque yo no le transmitía a los demás cosas que yo no sabía si necesitaban, querían saber o era bueno que supieran, y que esa actitud le parecía una actitud egoísta e individualista. Me empezó, lo que los cubanos llaman un teque, a ir castigándome, entonces le dije, bueno, dígame a qué hora es e iré. Fui, y bueno, era la primera vez que me encontraba en un lugar donde tenía que hablar delante de muchas personas. A cada momento me interrumpían para aplaudirme. Fue algo muy emotivo. Esto fue en los setenta. De ahí, tenía también un recuerdo bastante malo de alguna situación con periodistas argentinos.

En Argentina tampoco hubo mucha disponibilidad del ambiente externo, ni en la dictadura ni en la “dictablanda”, para hablar sobre la vida y obra del Che. Cuando salí de prisión, después de estar encerrado ocho años, entre los militantes y los grupos que quedaban había más enemistad entre ellos que enfrentamientos con quien realmente era el enemigo. Incluso hasta en los derechos humanos hubo divisiones, a pesar de los treinta mil desaparecidos, hubo como cinco organizaciones de DDHH, incluso enfrentadas. Por lo que tampoco era el momento. Luego vino la amnistía y una serie de cosas que no eran las propicias para reivindicar, revalorizar y poner en contexto el pensamiento del Che.

En el fondo yo seguía convencido, era militante. Si bien en algunos casos yo podía pensar que externamente no estaba del todo bien reivindicar la figura del Che, pero en términos generales estaba absolutamente convencido que la posición del Che era la justa y la correcta. Para mí tomar partido público y reivindicar su memoria era, de alguna manera, perder el tiempo.

Entonces, en ese contexto decidí trabajar con Cuba. Fui representante durante muchos años del libro cubano en la Argentina. He sido la vía por la cual se distribuyeron cientos de miles de libros y revistas cubanas en Argentina, que uno no puede medir el valor, en el sentido de lo que quedó después de que la gente lo comprara o leyera, pero evidentemente abrió una puerta que después siguió caminando. Se hizo un centro cultural llamado “Nuestra América”. Fundé esa editorial que sigue existiendo. Eso me dio un camino positivo. Llegué a la conclusión de que en Argentina había habido una derrota militar de las organizaciones, además de una derrota política, pues ya no se hablaba de socialismo, y se estaba en el camino de una derrota moral porque las discusiones que había se estaban acercando mucho justamente a eso contra lo que nosotros habíamos peleado.

Entonces seguí trabajando con Cuba en aquello en lo que sabía que lo que yo aportaba iba a buenas manos, y lo que Cuba puso acá yo sabía que también iba a buenas manos. También trabajé como representante de Habanos. Ahí le di a Cuba enormes posibilidades comerciales, pero lo dejé en 2001. En este contexto he estado trabajando y haciendo cosas que yo sabía eran productivas, y además estructurando y organizando empresas cubanas, que no era la revolución, pero eran empresas que fortalecían a la Revolución Cubana.

Y ya en ese tiempo comenzó a cambiar la situación general en la Argentina. Y empezó a surgir un campo fértil para poder trasladar otro tipo de cosas y no estar en la pelea inútilmente ahí. Antes pensaba en que lo que yo tengo, me lo guardo, además de que muchas de las cosas que yo pensaba o pienso, dichas a lo mejor unos años antes no eran aceptadas socialmente, incluso no lo son hoy en algunos lugares, y como mi especialidad en la militancia han sido dos, una ser bastante diplomático y por ahí en otro sector ser lo contrario. Provocar. Y cuando digo provocar es provocar una reacción, en general en alguien que sea estático, buscarle el punto que no quiere que se le busque y tocar ese punto, y creo que en lo individual funciona. Pues eso, me puse manos a la obra.

Entonces ¿por qué empecé a hablar? Bueno, en el 2009 se hizo lo de los caminos del Che en turismo de Argentina, y por primera vez había tres personas que trabajaban, una muy importante para mí porque sus hermanos estuvieron presos conmigo, y eran todos amigos o conocidos, y vinieron a presionarme bien, no mal, para que yo participara en esto de los caminos del Che. A partir de ahí se fue ampliando cada vez más. Entonces ahora ya es imparable. La asociación que nosotros formamos todavía es un niño recién nacido que le han dado el documento porque tiene personalidad jurídica pero todavía no tiene casi ni pañales. Lo que hay que hacer es que además de tener personalidad jurídica, hacerlo funcionar y estructurarla. Yo no puedo hacer la asociación, pero puedo trabajar en la asociación. Después de octubre (2013) yo voy a trabajar en armar una organización que tenga perdurabilidad, que tenga objetivos estratégicos claros, que tenga gente trabajando con un valor determinado, que esa gente gane su dinero para poder vivir. Creo que extensamente te contesté a tu pregunta.

DMR (A).- Estuviste ocho años preso, ¿Dónde militabas?

JMG.- Se llamaba el FAS, el Frente Antiimperialista por el Socialismo, esta organización estaba vinculada al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), y a su vez con el ERP, el ejército revolucionario del pueblo.

DMR (A).- Sí, de inspiración trotskista.

JMG.- No. Tuvieron un origen trotskista. Cuando rompen con el trotskismo es cuando yo entro al FAS, pero no era trotskista. Era más bien antiestalinista, pero no trotskista.

DMR (A).- Bueno, puede ser que al antiestalinismo en general y en abstracto, automáticamente se le ponga la etiqueta de trotskista…

JMG.- Fue una etiqueta. Cuando yo entré se sale de la internacional trotskista. Sí hablábamos de los estados obreros degenerados que definíamos como el cordón de la URSS. Nosotros teníamos entendido y creíamos en ello firmemente mucho antes, sin saber lo que había escrito Ernesto en el años 65, pues no se publicó hasta más tarde esa crítica que hizo en el discurso de Argel, estábamos convencidos que era así, que había un camino de reversión en la Unión Soviética. Entonces no, no éramos trotskistas, no éramos peronistas, éramos marxistas-leninistas. Así nos definíamos.

DMR (A).- Había otras organizaciones armadas como los montoneros…

JMG.- Sí bueno, los montoneros eran peronistas, nosotros no.

DMR (A).- Imagino que siendo 15 años menor que Ernesto no tendrá muchos recuerdos de compartir su niñez con él, ¿no?

JMG.- No, ya que yo tenía quince años menos, o sea, cuando él tiene veinte yo tengo cinco. Yo me acuerdo desde que tengo unos cinco o siete años, más o menos, que es cuando empiezo a tener recuerdos de familia, o sea cuando él ya es estudiante de medicina. La última vez que lo vi fue en Montevideo en el año 61 después de la Conferencia de Punta del Este. Es difícil hablar sobre qué recuerdos tengo de él, porque son cosas puntuales. También tiene que ver con cómo es la memoria de cada uno, yo tengo una memoria mucho más global que particular, mis recuerdos son así. Lo importante es entender cómo era nuestra familia, en qué entorno crecimos.

Mira, hay tres cosas que marcan la vida de una persona, o la de alguien que puede llegar a ser dirigente, y que la terminan definiendo, una es la inteligencia, que es innato y se da desde que naces, otra es el contexto familiar y la tercera el contexto nacional e internacional.

DMR (A).- ¿Y cómo era vuestra casa, en qué contexto os criasteis?

JMG.- En mi casa todo era estímulo y una mezcla de cosas, pues había peronistas, antiperonistas…era una mezcolanza interesante, una mezcolanza buena, es decir todos pensando en cosas que defendían, que querían, que pensaban que mejoraban la sociedad. En ese medio creció Ernesto, que no militó en ningún lado. Yo después que Ernesto primero milité como estudiante, por la ley 1420 que fue nuestra discusión cuando derogaron la ley de enseñanza libre y laica, yo estaba por la enseñanza laica, y es a partir de ahí cuando empieza a existir dentro de la Argentina toda una posición de transformación que yo me hago militante. Primero en una organización, luego de otra y otra, y al final de FAS. Es toda una vida de militante y esa es mi relación con él. Aunque no sea una relación que tenga que ver en que no estemos juntos, es una relación, y es una relación a través de mi madre, que también fue militante, fuimos los dos militantes iniciales, mi vieja y yo. Fue curioso, la más vieja y el más joven. Ella era de una organización que le decían Malena, MLN (Movimiento de Liberación Nacional), y yo era del partido socialista y después de otros partidos.

Ese modelo de familia escolástica y jerárquica, bueno, puede funcionar porque el mayor va a seguir la empresa del padre y llegará a ser presidente de la empresa del padre, pero no trae esa cosa de nuestra familia de que cada uno, siendo todos gente progresista, de izquierdas, algunos más, otros menos, fuimos todos gente que hicimos cosas, que trabajamos por el común.

En el contexto familiar hay que dar libertad, por supuesto no dejes que se drogue, pero dale libertad, estimúlale, que lea, que investigue. Estimúlale, que le importe lo que le está pasando al otro, que se la juegue por lo que le está pasando al otro, y que si tiene que andar a trompadas por el otro, se tenga que andar a trompadas por él también, eso del pacifismo es falso, las trompadas sirven, la defensa sirve y el ataque sirve. Esto en mi casa funcionó así, yo creo que es un modelo, es un modelo si querés, lo tenés y si no, no.

La tercera es el contexto internacional y nacional, en el cual después de la Guerra Española, la II Guerra Mundial, Guerra de Korea, Guerra de Vietnam, China… después de todo esto, viene Cuba. El contexto internacional era de transformación profunda. En mi casa se festejó la caída de Dien Bien Phu. Jugábamos al fútbol, me llamaban los pibes del barrio, y yo que les iba a decir que en mi casa se festejaba la caída de Dien Bien Phu, si no sabían ni siquiera qué era Indochina. Yo tenía dos vidas digamos, una era mis amigos y otra era escuchar todo lo que se hablaba y discutía en mi familia. Entonces era dentro de ese contexto internacional y nacional, de si Perón sí Perón no, donde va surgiendo de una familia no normal el tipo menos normal, el que agarró todo lo mejor.

DMR (A).- ¿Y cómo era la familia que creó este contexto familiar?

JMG.- En mi familia mi viejo era un tipo de una inteligencia fuera de lo normal, un tipo inteligentísimo, un artista, dibujante excepcional, pintor, y como todo artista pues puede mentir, pero una mentira digamos artística. Los artistas mienten pero mienten artísticamente, mi viejo era eso, no era un mentiroso total, pero acomodaba la realidad. Mi vieja era pura disciplina, cumplía lo que prometía. Insistía en que hay que estudiar, hay q ser bueno…Entonces, estas dos cosas tan distintas, que uno dice, como pudo ser que coexistieran, pues bueno, coexistieron. Yo digo siempre que Ernesto sacó lo mejor de los dos lados, o sea el ser un tipo que soñaba pero que era capaz de llevar los sueños a la práctica. Mi viejo era un soñador, siempre andaba imaginando cosas que nunca se cumplían, siempre quedaban en el medio, siempre cosas nuevas, se arriesgaba. Mi vieja sin embargo era una militante, de lo que fuera era una militante, y de esas dos formas de ser salió el Che. Obviamente esto es deducción mía, porque esto no es científico. Ernesto era una mezcla de ser muy observador y callado, muy profundo, de ir al fondo de las cosas, era esta mezcla, un estudioso, un lector y con mucha facilidad de comunicación con la gente, sobre todo con la gente de abajo, con la de arriba la soportaba pero no era lo suyo. Y es una deducción porque lo mío también fue parecido a eso. Yo no estudié, sin embargo mis hermanos eran todos profesionales, médico, abogado, arquitecto y arquitecta…yo no, yo fui camionero, sindicalista, laboré en la calle, yo tenía mucha más cercanía con algunas de las cosas con las que Ernesto tenía que la que pudiera tener mi hermana.

DMR (A).- ¿Cuantos hermanos fuisteis?

JMG.- Éramos cincos hermanos. Yo soy el quinto. Tres varones, una mujer que murió, la hermana que me seguía para arriba. Los cuatro primeros eran muy seguidos por eso yo hice otra vida.

DMR (A).- El folklore, el mito, el merchandising, las señoras que tratan al Che como un santo milagroso, todo eso, ¿desprovee la ideología y el pensamiento?

JMG.- Yo te diría que en este caso no es todo blanco o negro, ni siquiera gris. El ser humano cree. Existe la mística, y también en la revolución hay mística. Ahora, es diferente a la de Chango, a la de Chuno, a la de Dios, Cristo o San Ernesto, pero hay mística. Entonces, el ser humano cree, necesita de creencias, las tiene, unas de una naturaleza o de otras. Yo no me pongo en contra de quienes piensan o creen en pedirle algo a San Ernesto de la Higuera. Yo digo que está bien para ellos, lo que no creo que esté bien es que eso sea lo único. O que sea lo principal, o que eso elimine lo otro. Esta es una cuestión filosófica. La segunda cuestión, que no es filosófica, es que acá en la Higuera en el año 67 mi otro hermano estuvo dos días después de que Ernesto fuese asesinado. Estuvo aquí en Vallegrande con los militares para ver el cuerpo, le dijeron que no había cuerpo. Cómo que no hay cuerpo, no no, lo enterramos, le dijeron. Luego fue a La Paz a hablar con Barrientos. No, no hay cuerpo, como que no hay cuerpo…lo quemamos, le dijeron. Le cortaron las manos para que venga la identificación argentina para ver que efectivamente era el Che. ¿Entonces no hay cuerpo? Insisten en que está quemado. Así creyeron que la identificación del pueblo con el Ché terminaría desapareciendo, pero por el contrario crearon un mito. Y no podían bajar los decibelios de los gritos de la gente queriendo saber dónde estaba el cuerpo del Che y reivindicando sus ideas. Como los decibelios no bajaban, entonces empezaron a decir que era un hijo de puta, un asesino, que fusiló a tanta gente y a soldaditos, pero no les sirvió. Entonces dijeron, qué hacemos con esto, se nos sigue yendo a pesar de todo. Entonces empieza una política de diversificación, de desfiguración, de apropiación, una política dirigida, para nada producto de la creencia natural e ingenua de una persona o de la gente, no, esto es dirigido. Entonces, fue una política de vaciamiento político e ideológico, de desvío. Si hoy vos vas a una librería te vas a encontrar tres o cuatro libros, el diario, cuando murió y lo último que escribió el día 8 antes de ser asesinado, que ya se sabe como terminó. Te vas a encontrar dos o tres biografías, las más importantes o de más de tirada, como la de Pacho O´Donell. Si quieres encontrar algo más tienes que andar buscando por debajo de las estanterías a ver si hay algo, y sin embargo hay 1800 páginas escritas, de él, no sobre él. ¿Las vistes? Quizás se puedan encontrar El socialismo y el hombre en Cuba, que es de los textos más conocidos, y alguno de los discursos, poco más. Bueno, una de las tareas de nuestra asociación es volver a publicar siete tomos que salieron en el 66 y volver a publicarlos ahora. Queremos rescatarlo y hacer que la gente lo lea, y que realmente cada uno saque las conclusiones que tenga que sacar. La desaparición forzosa desde el estado, que fue lo que sucedió en Argentina, no es posible hoy, no es factible, y además no sirve. Hoy hay una desaparición forzosa de mentes, este es el objetivo, desparecer las mentes y el pensamiento crítico, luego si hay alguno que después de todo lo que se hizo es necesario matarlo, se lo matará, con un dron, de alguna manera, pero lo principal es anular a los sectores que pueden llegar a ser riesgosos, que pueden darle la vuelta a la tortilla. Esa es la lucha hoy, tratar que el pensamiento no desaparezca.

DMR (A).- Para reconocer y admirar la obra del Ché, ¿Hay que ser comunista?

JMG.- No. Porque además es muy difícil definir lo que es comunista. Inclusive es muy difícil decir lo que es ser marxista. Si se le pregunta a un físico si es neutoniano naturalmente te va a decir que sí, si se le pregunta a alguien que está en las ciencias naturales si es bacteriano, naturalmente va a decir que sí, nosotros que estamos en la política y en la ciencias sociales naturalmente somos marxistas porque el marxismo ha sido un método de análisis y conocimiento en las ciencias sociales. Ahora, después de Newton hubo avances, se llegó a Planc y más. Después de Pasteur hubo avances, y deja puntos suspensivos. Esos puntos suspensivos pueden querer decir yo Che Guevara soy el seguidor y quien contextualiza hoy aquel marxismo de 1848, del soviético u otro. Puede querer decir eso o como puede querer decir que otros lo van a contextualizar. Lo que va a querer decir es que después de Marx hay avances, o retrocesos, ya que también en las ciencias sociales puede haber retrocesos. Lo que él dice es que nadie nunca le va a quitar ni a Newton ni a Pasteur los avances que ellos hicieron y que es lo que sus pensamientos le dieron a la humanidad. Por lo mismo, nadie se lo va a quitar a Marx.

Hay que leer a Lenin de nuevo, sí, hay que leer a Marx de nuevo, sí, y hay que leer a Rosa Luxemburgo, sí, hay que leerlos y hay que contextualizarlos en su momento y ver qué de aquello tiene hoy valor. No es bueno tomar el marxismo de una forma dogmática, el marxismo no es nada más que agarrar el capital y repetirlo sin comprenderlo.

Esto del marxismo es bien importante porque en esta discusión, que hoy hay que darla, creo que el pensamiento del Che del siglo XX es importante para el siglo XXI. Eso creo yo que no soy un estudioso de la economía ni de la filosofía. Soy un tipo de la calle, sindicalista, no un teórico.

DMR (A).- ¿Entonces el pensamiento del Che es útil para el siglo XXI?

JMG.- He confrontado con la realidad lo mucho que leí, y de eso me queda bastante claro que muchas de las coas que el Che planteó siguen estando presentes. El Che tenía un pensamiento estratégico, por eso cuando él dice crear uno, dos, tres muchos Vietnams esta es la consigna y cuando dice que tanto la URSS como China están debilitando las posibilidades reales de que se transforme el mundo, dice, entonces tenemos que encargarnos nosotros de ese mundo para transformarlo, porque estos no lo van a transformar, y bueno, entonces viene a Bolivia. Muchos pueden decir, fue un error, otros pueden decir que tácticamente se equivocó.

Las crisis anteriores del capitalismo eran de destrucción de riqueza y de fuerzas productivas, cuando esas crisis pasaban volvía de nuevo a haber unas fuerzas productivas positivas que generaban riqueza. Hoy no es así, hoy en la crisis las fuerzas del capitalismo son destructivas, no productivas, consumen agua, consumen la naturaleza y no dan nada, no generan nuevos trabajos, no generan nada, en todo caso generan tecnología que incluso es destructiva y además destruye trabajo. El capitalismo no da ni siquiera lo que daba antes, pues en un primer momento destruía todo, iba un montón de gente a la lona, pero después se crecía. Ahora no, ahora hay lona nada más, no hay crecimiento, lo que hay es destrucción. Vamos hacia un colapso del planeta. Lo mismo que está en la esencia del alacrán clavar y matar, en la esencia del capitalismo está la renta, la acumulación y la ganancia. No está en su esencia pensar a ver si va a haber un colapso. La irracionalidad del capitalismo nos va a llevar a un colapso en el cual también los capitalistas están en el barco porque son irracionales. Si se produce, tanto los de arriba como los del medio como los de abajo, se irán.

Todo esto, si vos te pones a pensar en lo que sucedió por aquel entonces, por los 60 vas a ver que son embriones muchas veces de lo de hoy, y bueno, un poco lo que hay que seguir es esa línea, unidad frente al enemigo común.

12 diciembre, 2015

Autor/Autora

Colaborador de AraInfo. @DiegoMRoig


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