¿Transición energética con crecimiento económico?

21 abril, 2025. 09:52

El libro de Miguel Pajares, que termino de leer: "Bla-bla-bla. El mito del capitalismo ecológico (Una denuncia de mentiras como la neutralidad de emisiones y el cero neto que exigen construir una alternativa económica basada en el decrecimiento sostenible)", Rayo Verde Editorial, 2023, es en mi modesta opinión, el intento de síntesis más logrado de cómo explicar el planteamiento de la lucha contra el calentamiento global. Sin desmerecer por supuesto la labor de otros autores que ya han tratado anteriormente, parcial o globalmente el tema del cambio climático y el calentamiento global.

Dada la imposibilidad de recoger todos los aspectos que plantea en sus siete capítulos, me centraré en los dos últimos tratando de señalar los más relevantes. Utilizaré sus propias palabras pues no podría mejorar su claridad y precisión.

En el Capítulo 6 (Las preguntas ineludibles), se centra en la de: si es posible una transición energética manteniendo el crecimiento, que sí es planteada por los gobiernos manteniendo el mismo estándar de vida y el incremento del consumo.

"Plantear la transición energética manteniendo el crecimiento económico nos obliga a consumir combustibles fósiles probablemente hasta su agotamiento, seguir extrayendo metales y materiales para la instalación de energías renovables, pero no disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero, que es la única acción que permitirá frenar el calentamiento global".

El colapso, que lo señala como " [...] derrumbe de los ecosistemas y las economías, podrá llegar en varias fases o como un proceso generalizado, pero de cualquier modo llegará si no se pone freno al crecimiento económico. Los científicos y los documentos de la ONU nos advierten de los riesgos de este calentamiento global, por lo que refuerzan una vez más la necesidad de abandonar el crecimiento".

Del Capítulo 7 (Las opciones que nos quedan): "La transición energética y ecológica que ineludiblemente estamos obligados a hacer, requiere medidas legales impuestas por los gobiernos y por todas las formas de gobernanza comunitaria de las que nos dotemos. No torpedear los cambios propuestos apoyando opciones políticas que digan que no son necesarios, será la decisión individual más importante que nos tocará tomar".

Aclara igualmente que: "La obligación de adoptar nuevas pautas de consumo, afectarán a todos, pero no por igual. Quienes han de reducir más su gasto energético son quienes gastan más. Lo que debemos imponer es una austeridad redistributiva, no sólo por una razón de justicia, sino también porque solo así se logrará la reducción de gasto energético que necesitamos para combatir el cambio climático y el agotamiento de los recursos" y nos recuerda que: "Según el Banco Mundial, el ciudadano medio de los 34 países de la OCDE (los más ricos del mundo), emite cuarenta veces más CO2, que el ciudadano medio de los 38 países más pobres. Pero es más adecuado hablar de personas ricas o pobres, y así OXFAM nos decía en 2021, que el 10% más rico del mundo ha generado el 52% de las emisiones de efecto invernadero, mientras que la mitad más pobre (4.000 millones de personas) ha emitido sólo el 7%".

Y sobre el tema de la desigualdad: " [...] en los últimos cuarenta años, la desigualdad dentro de cada país no ha dejado de crecer. Según el Informe sobre la desigualdad en el mundo, de 2022, indica que ha crecido más en países como Estados Unidos, Rusia y China, pero ha crecido en casi todos. Hace dos décadas, el 10% más rico tenía 8,5 veces más riqueza que el 50% más pobre. Ahora tiene 15 veces más. Igualmente, en las últimas cuatro décadas de neoliberalismo, la riqueza pública ha descendido proporcionalmente respecto a la privada".

Sobre nuestro sistema económico: "La magnitud de las transformaciones que deben hacerse para reducir drásticamente el consumo energético y llevar a cabo la transición energética y ecológica siguiendo criterios de justicia global, no es posible dentro del sistema capitalista, porque el capitalismo no puede funcionar sin crecimiento económico. El capitalismo y el crecimiento económico son indisociables, y como dice David Harvey, una economía capitalista sin crecimiento es una contradicción lógica y excluyente, simplemente no puede existir. Por tanto, si la emergencia climática nos obliga a ir hacia una economía sin crecimiento, es hora de asumir que debemos acabar con el sistema capitalista".

Sobre nuestro sistema productivo: "Para hacer la transición energética y ecológica, tendremos que cambiar lo que producimos, ir desmontando algunos sectores de la producción e impulsando otros. Hay que eliminar el consumo de combustibles fósiles pero también hay que fabricar muchos menos coches, camiones, aviones y barcos, producir menos cemento, hay que acabar con la ganadería y la agricultura industriales, hay que producir menos aparatos electrónicos, hay que confeccionar menos ropa de temporada. Y en cambio, debemos desarrollar aquellos sectores que generan servicios comunitarios, la producción de proximidad, la agricultura y la ganadería extensivas de pequeñas explotaciones, las redes de consumo local, el sector de reparación y reciclado, las energías renovables de consumo comunitario, las infraestructuras de gestión del agua potable, el transporte público, las líneas de ferrocarril"

Sobre quién debe dirigir la transición: "Estas transformaciones sólo son posibles si la economía está gestionada por los gobiernos a cierto nivel y por las cooperativas y comunidades de producción y consumo por otro. Abandonar el paradigma del crecimiento económico implica abandonar también otro paradigma, el de la búsqueda del beneficio empresarial como motor del sistema productivo. Por tanto, en términos generales, la alternativa al sistema actual deberá ser una economía pública y cooperativa, que no busque el beneficio económico sino el bien común. En la que habrá margen para la inversión privada y el beneficio, pero sin que estos sean preponderantes. Una economía ecosocialista, para darle un nombre ya bastante aceptado".

"El reto es colosal. Esta también es una verdad incómoda, sobre todo para quienes apostamos por la alternativa que aquí estoy explicando: no podemos dejar de constatar que el reto es formidable".

"Al decrecimiento llegaremos de una forma u otra. Podemos esperar y seguir manteniendo el crecimiento y el correspondiente gasto de energía, aumentando el extractivismo, consumiendo unos recursos cada vez más escasos, destruyendo la biodiversidad y dejando que la riqueza siga concentrándose en las élites financieras y corporativas. O podemos iniciar el decrecimiento ahora, lo que nos permitiría dejar en el subsuelo y para siempre la mayor parte de las reservas existentes de combustibles fósiles y evitar un calentamiento global devastador".

Este es el gran dilema que deberían aclarar ya nuestros gobiernos, explicando por qué no se ha comenzado ya esa transición ecosocial, y a qué ritmo se van a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Leer el libro completo es de gran interés, y materia de reflexión para cada uno de nosotros, para decidir si apoyamos o no dicha transición con su proceso asociado de decrecimiento.

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