Trampantojo

Un trampantojo (trampa del ojo) es una ilusión óptica, una trampa, con la que se engaña a la gente haciéndole creer que ve algo distinto de lo que en realidad ve. El trampantojo se emplea en arquitectura, en el teatro, en la danza, en las artes plásticas. Realmente son decorados que “engañan” al ojo y que ayudan a crear una imagen que, en la realidad, no existe aunque nuestro ojo, engañado, la ve. Hace ya tiempo, y ahora, pasadas las elecciones madrileñas, que la derecha extrema y la extrema derecha de este país se dedican a la técnica del trampantojo. …

Ebro holocausto leonor

Un trampantojo (trampa del ojo) es una ilusión óptica, una trampa, con la que se engaña a la gente haciéndole creer que ve algo distinto de lo que en realidad ve. El trampantojo se emplea en arquitectura, en el teatro, en la danza, en las artes plásticas. Realmente son decorados que “engañan” al ojo y que ayudan a crear una imagen que, en la realidad, no existe aunque nuestro ojo, engañado, la ve.

Trampantojo | Foto: Marie H Ray en unsplash

Hace ya tiempo, y ahora, pasadas las elecciones madrileñas, que la derecha extrema y la extrema derecha de este país se dedican a la técnica del trampantojo. Crean “realidades” con el interés manifiesto de hacer que el personal caiga en la trampa y vea esos decorados que, con la inestimable ayuda de la caverna mediática y esa fauna de tertulianos/as trampantojistas, crean la imagen que a esta gente le interesa.

Ahora, ya lo ven, recuperando su estilo populista, quieren hacer ver al personal la gravedad de la “invasión” que sufrimos de esas pobres gentes de Marruecos a los que utiliza, sin vergüenza alguna, ese sátrapa marroquí (por cierto muy amigo de la derecha de este país). Les ha faltado tiempo para ir a echar leña al fuego, para demostrar su odio y xenofobia, para intentar disfrazarse de patriotas y envolverse en banderas. Ya empieza, otra vez, la movida españolista y anticatalana por eso de los posibles indultos y por la mera posibilidad de que pueda recuperarse la mesa de diálogo para intentar dar una salida al conflicto.

Siguen montándola por las duras circunstancias de la pandemia, por el ritmo de la vacunación, por los fondos que tienen que venir de Europa. No es nada nuevo. Recuerden aquello de las facheroladas y los coches embanderados pidiendo a gritos libertad en los tiempos más duros del confinamiento, y las muertes por Covid de las que culparon al Gobierno recién llegado.

Hay que hablar claro. La cosa no va de fachas, machistas, patriotismo oportunista, banderas y populismos varios. Ya ven la trampa vivida en las últimas elecciones en las que no se habló de programa, sino que se dirimieron entre libertad o democracia. El trampantojo les funcionó y ganó quien no tenía programa, ni podía demostrar gestión, pero abanderaba el irse de cañas.

Ahora se aplican a crear otro engaño. Ese de que el Gobierno está acabado y hacen falta unas elecciones. Sustituyen el “este Gobierno es ilegítimo” lanzado desde el primer día que se constituyó por el nuevo slogan “este gobierno está roto”, “la legislatura está acabada”, “hay que hacer otras elecciones”.

El objetivo es el mismo: hacer caer al Gobierno que es el primero progresista que hemos tenido en 43 años de democracia.

Las banderas, las cacerolas, las sobreactuaciones, los bulos y noticias falsas, el populismo oportunista…. no son más que el trampantojo (recuerden trampa del ojo) que desvirtúa la realidad. Lo que hay, como siempre, es una lucha de los poderes y las élites económicas, de las cúpulas y organizaciones empresariales, de los fondos buitres, de los botines, amancios y florentinos, de las derechas burguesas y del caciquismo decimonónico que, por encima de todo, quieren desgastar al Gobierno y recuperar el poder. No les interesa, para nada, la salud de la gente, ni la gestión de la pandemia, ni los derechos del personal, ni los servicios públicos, ni el paro, ni las pensiones, ni los desahucios, ni el planeta.

En estos momentos, además de querer recuperar el poder, lo que les interesa sobre manera es poder gestionar los fondos para la recuperación que van a llegar de Europa, a pesar de su deslealtad y sus bloqueos. Su verdadero interés no es la “invasión”, ni la pérfida Cataluña, ni el plan de vacunación. Lo que les interesa es gobernar y dirigir la recuperación, quieren gestionar eso que llaman “nueva normalidad”. Ese es el problema, eso es lo que ocultan tras sus banderas y su constitucionalismo.

Más allá de disfraces, decorados y trampantojos, lo que debemos ver claramente son las dos opciones que se nos presentan. O la recuperación se apoya en la precariedad laboral, salarios bajos, política fiscal injusta, derechos sociales precarizados y servicios públicos privatizados, o bien se hace con empleo y salarios decentes, con política fiscal progresiva y redistributiva, con derechos sociales para todas y todos y con servicios públicos de calidad y universales.

Este es el debate real, por eso lo tapan, por eso quieren que este gobierno caiga cuanto antes. El Gobierno PSOE-Unidas Podemos, ese que llaman rojo y comunista no gusta a los poderes económicos, ni a la derecha casposa y ultra, ni a la Iglesia. No le gusta nada a toda esa gente acostumbrada a mandar, a gobernar para hacer negocios, a hacer lo que les viene en gana.

No soportan que esté Unidas Podemos porque ven que, a pesar de todas las broncas, de los desencuentros, de la limitada aritmética parlamentaria, están abriendo la puerta a políticas redistributivas, a políticas sociales e intentan redistribuir la riqueza y cambiar el modelo productivo por otro, más social, que no se apoye en la pobreza, en la precariedad, en la desigualdad y en la explotación de trabajadoras y trabajadores.

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