Basta con con leer a Jorge Herrero y a Luis Valer para entender qué futuro desean empujar. “La excepción ha muerto; viva la nueva normalidad”. D.E.P, Aragón, tierra de chupipandis. Que los del “aragonesismo pragmático”, moderado, centrista y mediopensionista se metan dentro del PP y, a lo importante, “lo nacional”, lo español. Si lo hicieron los “Bielistas”, ¿quién te crees que eres tú para no hacerlo?. El antiaragonesismo ni se crea, ni se destruye, se transforma. “Aragón va de cojón”.
“Veámoslo un poco con tus ojos / El futuro ya llegó”. La identidad política de Aragón no es el aragonesismo, es el antiaragonesismo. Esta afirmación que, seguramente, no aguante ni medio revisionismo histórico, sin embargo, opera en la realidad. Por eso, el sueño húmedo del aragonesismo, un ciclo electoral propio, se ha acabado por convertir en un catalizador más de las batallas madrileñas. No basta con singularizarse, hay que tener un plan.
Los atajos tampoco valen. Así es como uno empieza la campaña con la tarea hercúlea de construir “La Casa común de l@s aragoneses” y, acaba por demostrar que, detrás de todo eso, lo único que había era un intento, flipadísimo, de ser un Meñique de Hacendado con la frase “el caos no es un foso, es una escalera” tatuada en la frente. Aunque la escalera se venda del mayor ejercicio antifascista posible, lagarterana se queda y, por lo que sea, no está terminando de cuajar ni en las demoscopias más optimistas. Veremos el domingo. Qué complicado es aspirar a ser el nuevo PAR, cuando desde Zaragoza mandan aniquilar al PAR. La maldita madrastra zaragozana. Siempre quedará intentarlo con “España existe”.
“Yo voy en trenes / No tengo dónde ir”. Una campaña que empezó con un tragedia ferroviaria, el tema cercanías ha sido casi lo más aragonés que ha tenido, a pesar de que hayamos acabado contando las veces que Salazar ha tomado el AVE a Zaragoza estos días. Será nuestra versión particular y aragonesísima, parafraseando a Enric Juliana, de los que se van y “los que se quedan”.
Irse o quedarse. Ir o venir. El tema es tener tren, sí, pero también saber dónde ir, se pase o no por Calamocha. El único proyecto claro en la españita polarizada 2026 es Madrid DF. De facto, Madrid es el único lugar a donde ir. Azcón está entregadísimo a ello. Pilar no le hace ascos, porque lo importante es salvar la Moncloa. A Vox, lo que le mande Trump. Y, el resto no tienen a dónde ir esperando un federalismo que, como Godot, ni está, ni se le espera. Juntes podrían formar el gran partido “de los que se quedan” pero alguien tendrá que atreverse a montar el tren.
“Algo me late / Y no es mi corazón”. El cuatripartito del Lambanato fue el gobierno de gran coalición de Aragón. Supuso la muerte y entierro del “Aragón, tierra de chupipandis”. Los hay que continúan velando al muerto, mientras, otros, todavía, no han salido del sepelio. En esa pulsión gótica fantasmal, a Alegría le saluda el espectro de Lambán. A Pueyo, la gestión de la Chunta de José Luis Soro. Podemos se recluye en centros cívicos zaragozanos para ver si puede silenciar el tormento de los catorce diputados que logró en 2015. Y, en el PAR, el poltergeist de Arturico continua recorriendo cada intervención de la superestrella Izquierdo, que no sabé ni si valdrá para algo el regionalismo clientelar en la nueva reconfiguración mundial de las derechas.
Laten los fantasmas. La batalla es espiritual. La competición es por quién tiene la nostalgia más poderosa. Así pasa que Alegría pone a Marraco en un carta y, a Marcelino Iglesias de bot telefónico o, también, como en cada perfil que se le hace a Jorge Pueyo, hay que recordar a El Abuelo. Mientras, el carril del futuro se cede al tecnodeshumanismo de Azconetti o al conservadurismo de la “cultura del descarte” de “ese partido verde del que usted me habla”. Para que lata el corazón basta con atreverse un poco con el futuro. El primero con algo de ambición gana.
“¿Cómo no sentirme así / si ese perro sigue allí?. El Interés Nacional Aragonés no tiene cabida bajo el capitalismo. Ni en el de antes, ni en el de ahora. Por mucho que el Perro se engorile con Elon Musk, la tierra de sacrificio aragonesa continuará siendo puesta a disposición de absorber todo lo sea menester para que fluya el capital. Es por eso que cualquier futuro viable de Aragón, si es que es verdad que se apuesta por Aragón, tiene que ser necesariamente por fuera.
¿Cómo no sentirme así? Les aragoneses tenemos el todo y la nada. Producir tres veces la energía que consumes y estar rezando porque la llegada de centros de datos no incremente la factura de la luz y no deseque nuestros ríos. La incapacidad de determinar y conducir nuestro propio futuro sin intervenciones e injerencias. La sombra del gran partido antiaragonés es alargada y alberga el horror de la desaparición, total y definitiva, de algo parecido a lo que conocimos por Aragón. Ese perro sigue allí y, en estás elecciones, ha asomado la patita.
“¿Qué podría ser peor? / Eso no me arregla / Eso no me arregla a mí”. Quizás la única buena noticia que va a dejar este 8F sea que, por fin, el “que viene la ultraderecha” deje de funcionar. Eso no nos arregla, ni va a arreglar Aragón, pero igual hace espabilar. El adversario ya ha pasado de página y está entregado a hacer de Aragón un “little Madrid”, ¿y tú? ¿Continuarás compartiendo por enésima vez la captura del resultado electoral de la izquierda en Uesca 2023 o, intentarás algo diferente?
Ya que aragonesizar las elecciones se ha dado regular tirando a catastrófico, aragonesicemos los resultados. Es la propuesta Monoter. Ni que sea porque se continúen llevando una sorpresa aquellos que miraron estas Navidades, por primera vez, Aragón desde Madrid para tratar de imponer una unidad con calzador y, no salieron del espanto de que aquí hubiera fuerzas políticas propias, dinámicas electorales endémicas y, locura máxima, hasta intereses políticos propios. O, al menos, para que la próxima vez podamos construir nosotres y no acabe siendo “todo un palo”.

