La actualidad informativa viene acompañada con titulares sensacionalistas sobre robos a mano armada en locales de apuestas, imágenes de intervenciones policiales que parecen sacadas de una película en las que se pone el foco en el hecho delictivo sin mirar más allá de las causas o sobre la motivación de sus protagonistas. Al igual que cualquier negocio donde se mueve dinero en cualquiera de sus formatos, los salones de juego son objeto de robos. No es que sea una novedad que obedezca a una tendencia y ni mucho menos a causa de la implantación de nuevas normas regulatorias como trata de justificar de forma falaz el lobby del juego.
Esta tipología que se ha podido ver incrementada, según conocemos a través de los medios de comunicación, no es más que la causa y efecto del aumento, expansión e implantación brutal de este tipo de negocios en la vida de los barrios. La consecuencia del auge de locales de apuestas donde, además de problemas de adicción, se generan otros problemas relacionados de delincuencia fruto de las estrategias y abusos económicos que se ejercen sobre aquellas personas que cruzan sus puertas. Una situación de la que los empresarios del azar nos intentan vender inseguridad pero lo que se esconde detrás es la precariedad y pobreza que generan con sus apuestas.
Resulta paradójico que precisamente la prohibición que marca la nueva Ley del Juego aragonesa sobre la entrega de dinero en efectivo a las y los jugadores mediante el uso de tarjetas de crédito y datáfonos simulando una compraventa, sea el argumento que utilicen desde el sector empresarial para señalar que desde su implantación hayan aumentado los atracos a salones de juego. No puede haber intento de justificación más absurdo que decir que la disponibilidad de dinero en efectivo en los locales sea la causa cuando precisamente la norma señala eso mismo, que no se suministre dinero en efectivo ni soporte económico a las y los usuarios y por lo tanto evitar la disponibilidad de dinero rápido y fácil. Distinto es el verdadero objetivo de esta "protesta" del sector, que no es otro que salirse con la suya a la hora de facilitar el uso de tarjetas bancarias o transacciones económicas a las personas apostadoras, cuestión que provoca que pierdan la noción y el control del gasto incentivando así el consumo compulsivo de juego.
El lobby de las apuestas no deja de atacar a la Ley aragonesa, una norma que aborda la protección de las personas y la prevención del uso fraudulento de determinados medios de pago para incentivar a un consumo compulsivo del juego de azar. Una estrategia común por parte del sector empresarial en todo el estado, que pretende aprovecharse de la desgracia del suceso de determinados hechos delictivos para crear un relato victimario con el propósito de intentar retroceder y hacer caer medidas que protegen a las personas de sus posibles abusos y por ende que hacen descender los números de su recaudación.
Es igualmente destacable que mientras insisten en generar una alarma, no tenemos noticia de ni una sola medida o mejora para intentar evitar que estos hechos se produzcan. Es más, siempre han tratado de poner trabas y siguen posicionándose en contra de que la administración implante requisitos de control y vigilancia que mejoren la seguridad de todas y todos, cuestión que especialmente repercute en las condiciones laborales de la personas que trabajan en estos establecimientos que muchas veces tienen que enfrentarse a situaciones indeseables, sí, también consecuencia del propio ambiente que se genera dentro del negocio de las apuestas.
Hay atracos a locales de juego y apuestas y será trabajo de las Fuerzas de Seguridad, entre otros, prevenir y actuar frente a estos hechos delictivos. Pero estos no pueden quedarse en la excusa o el argumento para unas empresas que intentan desvirtuar para su beneficio el trasfondo que hay más allá de estos sucesos. Y es que, como señalaba al inicio, es precisamente el crecimiento y expansión de los locales y negocios de las apuestas en los últimos años, quienes junto a las desigualdades y la precariedad de la que también se aprovechan, ha traído consigo problemas sociales, añadidos a las adicciones, que es necesario analizar; delincuencia que tiene sus causas en el propio negocio de las apuestas y que en la última década ha provocado múltiples situaciones protagonizadas por personas que sufren de problemas con el juego de azar.
Es precisamente la necesidad de hacer frente a las pérdidas económicas a causa de un consumo patológico de juego la que provoca que muchas personas que sufren de esta lacra recurran a delinquir para poder seguir respondiendo al impulso y la dependencia que les genera la propia adicción, mayoritariamente mediante delitos económicos o contra el patrimonio, hurtos o robos. Así lo concluyen diversas investigaciones como el "Estudio de la relación entre el tipo de adicción y la tipología delictiva" de la Universidad de Comillas.
Si nos vamos a los datos, según el estudio "Ludopatía y Delincuencia" publicado por el Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, partimos de la hipótesis de que la comisión de hechos delictivos por parte de personas que sufren de Trastorno por Juego es consecuencia y a su vez síntoma diagnóstico de la enfermedad que padecen y que sus facultades volitivas y cognitivas se encuentran afectadas por tal padecimiento. Este estudio contiene datos de la investigación de Ciarrochi y Richardson que concluyeron que el 40% de jugadores patológicos habían sido detenidos por cometer delitos, el 19% había estado en prisión y el 20% estaba pendiente de imputaciones penales. De este estudio se desprende que el Trastorno por Juego es un factor de riesgo en la comisión de hecho delictivos y es que, por desgracia, en múltiples ocasiones la adicción a las apuestas y el delito van de la mano.
Es por ello que a la hora de abordar esta problemática debemos poner la mirada en las causas que llevan a una persona a ser doble víctima del daño que genera el negocio del juego y las apuestas, a comprender cómo aquellas y aquellos que sufren de Trastorno por Juego pueden perderlo todo, no solo su salud, también su libertad en un doble encierro, el de la adicción y el que le puede acarrear las consecuencias legales de unos actos irrefrenables debido a ella.
Son muchas las investigaciones resueltas por las Fuerzas de Seguridad del Estado e interminables ejemplos en los que detrás de atracos, robos con fuerza y fraudes, en locales de juego y apuestas, estaban personas usuarias de los mismos con problemas de adicción. La misma enfermedad causada por la actividad de negocio a la que ellas y ellos mismos asaltaban para poder seguir apostando mientras perdían la salud y la vida.
En los últimos años el cine español se ha hecho eco de estos sucesos, llegando a tratar y plasmar de forma muy certera este problema. Series como "Ana Tramel, El Juego" o la película "Fatum", reflejan la triste realidad de personas que sufren el juego patológico y las consecuencias de sus malas decisiones y actos guiados por la adicción. Y es que, lamentablemente, cualquiera puede caer en las redes de los locales de apuestas y que estos le destrocen la vida.
La ficción y la realidad en este caso no distan mucho, es en esa realidad donde debemos ser capaces como sociedad de poder ver más allá de la gravedad de un hecho delictivo, de empatizar con quienes el consumo de apuestas y juego de azar ha llevado hasta anular su voluntad, para entre todos y todas abordar esta problemática desde el ámbito asistencial. Esto pasa por prevenir desde la educación, la información de los riesgos y la difusión de la realidad que rodea a un negocio que vive a costa de las pérdidas económicas y de salud de la gente más vulnerable; de la implantación de medidas legislativas que avancen para hacer retroceder su expansión y minimizar los efectos nocivos que estos locales generan, para evitar que la cifra de víctimas afectadas, ya no solo por la enfermedad del Trastorno por Juego si no por todas las consecuencias socioeconómicas en torno a ella, siga aumentando. Que podamos mirar de frente al problema y que, en vez de señalar a quiénes de forma interesada nos intentan vender como criminales, que frente a quienes intentan ponernos la excusa de la inseguridad, sepamos encontrar soluciones para atajar de una vez por todas a la verdadera causa: la desigualdad, la precariedad y la codicia de los locales y negocios de juego y apuestas.






